domingo, 27 de septiembre de 2020

Betis 2 - Real Madrid 3 (3ª jornada de LaLiga)

BETIS (2): Joel Robles, Emerson, Mandi, Bartra, Álex Moreno; Joaquín (Tello 63'), Guido Rodríguez, Carvalho, Canales; Fekir (Loren 71') y Sanabria (Montoya 69').

REAL DE MADRID (3): Courtois; Carvajal, Sergio Ramos, Varane, Mendy; Casemiro; Valverde, Odegaard (Isco 46'), Kroos (Modric 44'); Jovic (Borja Mayoral 72') y Benzema.

Goles: 0-1 (13') Valverde; 1-1 (35') Mandi; 2-1 (37') William; 2-2 (48') Emerson, propia meta; 2-3 (81') Sergio Ramos, de penalti.

Árbitro: De Burgos Bengoechea (vasco). Amonestó a Emerson, Bartra, Carvajal, Guido Rodríguez, Modric, Canales y Mandi. Roja a Emerson (67')

Cayó por primera vez el Betis de Pellegrini en un partido peculiar por su transcurso, por la forma de decidirse y por sus formas tácticas.

En cuanto a esto último tal vez deberíamos decir más bien que fue un partido muy actual, porque el choque entre dos equipos que quieren tener el balón desde el buen trato de este, la presión alta y las defensas muy adelantadas se ve cada vez con más frecuencia. Produce estilos de partido muy distintos de los habituales hace apenas diez años; son ahora de posesiones largas en campo propio bajo acoso rival y salidas en velocidad cuando se consigue salir de ese pressing: un tipo de jugada al estilo del contraataque –pero sin serlo porque no procede de un robo– que aún no tiene nombre. Estas jugadas, junto a los contragolpes de recorrido corto tras robo alto, fueron el origen de la mayor parte de los goles del partido.

Primer cuarto de hora

El partido comenzó con dominio y ocasiones del Madrid por el fuerte ritmo físico con que arrancaron los suyos y por el (esta vez) mal criterio de los béticos al hacer la presión alta; los locales no solo iban a la presión hombre a hombre en casi todas las jugadas, sino que en muchas de ellas incluso se excedían de esa cuota arriba, pues frecuentemente Fekir se emparejaba con el portero Courtois y Joaquín con Ramos, dejando a su zona defensiva expuesta no ya a la igualdad, sino incluso a la inferioridad numérica cuando los madridistas jugaban en largo o lograban salir tocando.

 

Zidane, un entrenador mucho más sutil tácticamente que hace tres años, colocó a su equipo en un 4-4-2 que se desplegaba en rombo al adelantarse Odegaard a la mediapunta y quedar Valverde y Kroos a los costados de Casemiro. Sus laterales, muy abiertos y altos, quedaban muchas veces directamente emparejados con los del habitual 4-4-2 bético; los locales, como siempre, basculaban mucho lateralmente para cerrar bien por dentro, lo que exponía sus bandas a los cambios de juego madridistas. Joaquín y Canales jugaban a banda natural, con Sanabria como única novedad en el once junto a la forzada de Joel.

Minutos 15 al 45

Tras recibir el 0-1 y serle perdonado el 0-2 el Betis reajusta su presión, más racional y selecta desde entonces, y exhibe un juego de ataque espectacular, de toques rapidísimos y mucha movilidad en la mediapunta, con el que desarbola al Madrid, El Betis da la vuelta al partido y merece más.

Segunda parte hasta la expulsión de Emerson

El Madrid vuelve a salir a un ritmo físico muy fuerte, emboca pronto su primera ocasión y logra hacerse con el balón durante largos tramos. Los madridistas encuentran el habitual filón en la banda de Álex Moreno, y castigan su espalda aprovechando el adelantamiento de la defensa bética. Cuando el Betis d un paso adelante, llega la expulsión de Emerson.

Últimos 25 minutos

Pellegrini monta el lógico 4-4-1 y el equipo mantiene el bloque a altura media, sin acularse en su área. Una jugada de VAR favorece a los visitantes y Ramos marca de penalti. El Madrid juega a las cuatro esquinas y el Betis, castigado físicamente, no puede apenas intentarlo.

El detalle

La extrema precisión necesaria en el VAR para medir los fueras de juego tirados por la defensa bética son indicio de un intenso trabajo de este aspecto del juego por los béticos.

Los comentarios son bienvenidos. En Twitter, @juanramonlara7.

 

 

martes, 22 de septiembre de 2020

Betis 2 - Valladolid 0 (2ª jornada de LaLiga)

BETIS (2): Bravo; Emerson, Mandi, Bartra, Álex Moreno; William, Guido Rodríguez, Joaquín, Canales, Fekir; Borja Iglesias.
VALLADOLID (0): Roberto; Javi Moyano, Bruno, Joaquín, Nacho; Míchel, Fede San Emeterio; Óscar Plano, Orellana, Waldo; S.Guardiola.

Goles: Nabil Fekir (9', de penalti). William Silva de Carvalho (17').

Árbitro: Jaime Latre. Puerta cerrada y buenas condicioens en el Villamarín.

El Betis de Pellegrini sigue confirmando las sensaciones de pretemporada: un equipo sólido, que encaja pocos goles y practica un juego de buen trato de balón y consignas sencillas y claras.

El partido fue similar a algunos de los vistos en esa pretemporada; como ante el Granada, se vio una primera parte en la que el Betis mantuvo un férreo control del juego ante un rival bastante encerrado; y una segunda en que la que ese rival, con el marcador en contra, realiza presión alta y el Betis pierde cierto control, aunque sin pasar apuros.

Pellegrini repitió alineación y modelo de juego respecto a Vitoria. El Betis volvió a situarse en su 4-2-3-1 (4-4-2 en defensa), aunque esta vez con Feklir como mediapunta, indicio de que la ubicación de este tal vez dependerá más del esquema rival y de cuestiones defensivas que de otras circunstancias. En todo caso, ante similar esquema en los vallisoletanos de Sergio, los dos puntas béticos (Borja y Fekir) quedaron emparejados prácticamente con los centrales rivales, lo que fue una invitación a la presión alta, a la que los béticos acudieron con mucha frecuencia en la primera mitad ayudados por un mecanismo fundamental en este Betis: la presión postpérdida. Que esta funcione bien este año y no el pasado se debe fundamentalmente a que el Betis practica un juego ofensivo más inteligente y pausado, que le permite estar mucho mejor situado para realizarla, y (en el momemnto de la pérdida bética) con el rival encerrado en una parcela estrecha de su terreno, lo que le complica abrirse para poder tocar el balón con la rapidez suficiente.

La fortuna y un buen disparo de Carvalho pusieron pronto al Betis por delante. Pese a ello el equipo siguió jugando largos tramos en campo rival, sin apenas llegadas de los rivales.

Segunda parte

Los pucelanos, sin nada que perder, realizan cambios ofensivos y pasan a un 4-4-2 muy agresivo con Orellana ya en una banda. El encaje de los esquemas provoca emparejamientos hombre a hombre en todo el campo, y el afán por presionar de los visitantes convierte al partido, ya desde la primera parte alto de ritmo, en un ida y vuelta de mucha exigencia física.

Lejos de corregir el esquema, Pellegrini prolonga la situación con la entrada de Tello y Juanmi en las bandas, y el Betis presiona bastante arriba, tal vez demasiado. Sin embargo la defensa pasa pocos apuros gracias a tres factores: al sacrificio colectivo; a su acierto en las ocasiones en que el Valladolid llegó con espacios y en igualdad numérica; y, sobre todo, al rigor con el que Bartra y Mandi empujaron la línea de fuera de juego lejos de su área, algo conveniente a sus características: son rápidos pero poco fiables por alto dentro de su propia área. Este empeño en alejar la línea junta mucho la líea de defensa con el centro del campo, lo que unido al buen trabajo de los dos pivotes estrecha muchísimo los espacios de creación al rival; y ese adelantamiento se extiende, inteligentemente, a los saques de falta colgados por el rival desde posiciones atrasadas, en los que el Betis tira la línea a varios metros de su frontal, tapando así las carencias de sus centrales y su portero (tendente a quedarse bajo palos en estas jugadas).

En lo individual volvió a destacar la energía de Emerson, esta vez secundado por un Moreno mucho más acertado en defensa, y sobre todo el empuje defensivo de Guido, excelente en las coberturas a Emerson y en el freno de contragolpes rivales; el argentino puede mejorar en el pase largo, como ya lo ha hecho en su velocidad de giro –maniobra a la que le obliga el jugar en doble pivote, pues le fuerza a recibir muchas veces entre líneas, de espaldas y lejos de sus centrales–. Fekir demostró más actitud que inteligencia defensiva, y Borja, una vez más, aportó muy poco. El hombre del partido fue William Carvalho, para el que Pellegrini ha logrado clonar el especialísimo ecosistema en el que funciona bien con Portugal: la posición de pivote izquierdo de un 4-4-2 en el que además juega más abierto que su compañero de posición y, sobre todo, con las espaldas cubiertas por el desempeño defensivo de este (Guido); Carvalho le ha respondido con una notable mejora física que le da por fin recorrido vertical, con el que se asomó a las dos áreas para ayudar en defensa (por fin se le vio despejar en área propia) y para marcar su primer gol como bético. A ello sumó mayor riesgo en el pase (con acierto además): en un par de ocasiones cogío la espalda de los defensas con envíos profundos a contrapié de estos.

El detalle

En los saques puerta de Bravo el equipo se mantiene ahora abierto con sus defensas en situación de pedirla a la corta, lo que obliga a su vez al rival a abrirse para presionar y da espacios a Borja, Joaquín y Canales para que reciban balons pinchados de Bravo, en lugar rifarlo sobre las viejas melées.

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PS: nos avisa, con razón, Alberto Moya en los comentarios del asunto de los "laterales interiores". Como ya comentamos durante el partido, los extremos a pie natural del Betis podían estorbarse con los laterales, muy altos siempre con Pellegrini; en la primera parte efectivamente se evitó ese peligro en la banda derecha al realizar Emerson muchas subidas por dentro, dejando a Joaquín abierto como extremo a la antigua, mientras por la izquierda Canales solía jugar por dentro y Álex por fuera. Lo de Emerson no fue exactamente jugar como lateral interior, a los costados del mediocentro como hacen con Guardiola, pues Guido siempre quedaba detrás y el brasileño se metía directamente en posiciones de delantero al doblar a Joaquín; pero el mecanismo sí denota finura posicional y trabajo en Pellegrini.


lunes, 14 de septiembre de 2020

Alavés 0 - Betis 1 (1ª jornada de LaLiga 2020/21)

ALAVÉS (0): Pacheco; Laguardia, Ely, Duarte; Edgar (Martín, m. 88), Battaglia, Luis Rioja (Javi López, m. 65); Pina, Pere Pons (Sergi García, m. 95); Joselu y Lucas Pérez (Deyverson, m. 65).
BETIS (1): Bravo; Emerson, Mandi, Bartra, Álex Moreno; Guido Rodríguez, William Carvalho (Tello, m. 82); Canales, Joaquín (Aitor Ruibal, m. 66), Fekir (Lainez, m. 92); y Borja Iglesias.
Gol: 0-1, m. 94: Tello.
Árbitro: González Fuertes (Comité Asturiano). Amonestó a Luis Rioja, Emerson, Javi López, Álex Moreno, Pinay Borja Iglesias.
Incidencias: Mendizorroza, a piuerta cerrada y en perfectas condiciones.

Un gol in extremis premió un partido más que aceptable del primer Betis de Pellegrini, que concedió escasísimas ocasiones al Alavés y llegó en pocas más a la puerta rival.

Las bajas obligaron a Pellegrini a poner sobre el campo un once muy de titulares aparentes –aunque los béticos sepan que Loren o Guardado merecen más la titularidad que algunos de los ahí presentes–, y el equipo quedó plantado en el previsto 4-2-3-1 con Guido y William bastantes paralelos (demasiado en ataque) y mucha movilidad e intercambio de posiciones en zonas interiores, donde curiosamente (y probablemente por cuestiones defensivas: para tapar al ancla rival, Battaglia) era Joaquín quien más veces solía ocupar la mediapunta interior.

El 3-1-4-2 del Alavés (muy de Machín) provocó el establecimiento de parejas claras en todo el campo; sin embargo, para conservar superioridad numérica atrás y no arriesgarse a defender abiertamente hombre a hombre, ambos equipos presionaron desde posiciones intermedias, basculando mucho los cinco defensas en el caso del Alavés. Cuando atacaba el Betis, por ejemplo, resultaban posiciones como estas:



Esta simetría de espejos de los esquemas no se correspondía con una de estilos. El partido confirmó las sensaciones de pretemporada del Betis de Pellegrini, que hace un fútbol más de posesión que de posición: un juego de buen trato de pelota y notables cuotas de tenencia de balón pero al estilo antiguo, menos cuidadoso (o rígido, dirán otros) con las posiciones ofensivas que los de un Setién o un Guardiola e incluso con doble pivote (un anatema en can Barça). Igualmente el equipo es menos extremo que los equipos de esos entrenadores con la presión alta o la salida arriesgada del balón: ni presiona arriba a toda costa (más bien elige con prudencia las situaciones en que hacerlo), ni se lo piensa mucho si necesita jugar en largo. En este punto el Betis ha fichado una excelente arma: Bravo tiene un toque magnífico para pinchar balones cortados, tocados con el empeine de arriba abajo, a cuarenta metros de distancia, hacia los tres puntas (extremos y delantero centro). Bravo convierte así los intentos rivales de presionar alto y al hombre en arriesgadas situaciones para sus porterías, factor que dará espacios a los mediocentros e interiores béticos pues sus pares tendrán que acercarse a sus defensas para apoyarlos.

El Alavés por su parte jugaba al estilo norteño, aunque con poco éxito por escasez de cualidades en sus jugadores y por el buen hacer del Betis: maltrató el balón y fió su juego ofensivo al repertorio típico de los equipos menores, esto es, los pelotazos peinados (sobre todo por un antideportivo Joselu), el contragolpe tras robo alto (que tampoco permitió un Betis que midió mucho sus riesgos) y el balón parado; este último sí le dio algunas buenas opciones de gol en pelotas colgadas. Por demás, solo en el tramo inicial de la segunda parte el Alavés embotellar al Betis con presión alta, y el partido transcurriría por demás con un moderado dominio bético y escasas ocasiones, más en la portería de Pacheco.

Tardío en los cambios, Pellegrini alteró su plan para ir a por el partido ya a diez minutos del final, al prescindir de Carvalho para ganar a Tello en una banda y retrasar a Canales; cuando todo parecía decidido, la entrada de un Lainez muy motivado (otros habrían despreciado sus tres minutos) provocó dos córneres y la jugada del gol.

Individualmente fueron notables la actividad de Emerson, el partido serio de los centrales, la doble parada de Bravo y la citada aparición de Lainez, pero sobre todos ellos el recital defensivo de Guido. Su comparación deja en muy mal lugar a un William que sin duda mejorará con los partidos, pero que ni siquiera en el puesto, esquema y estilo de partido que le convienen dio el nivel que tantos le suponen; la victoria llegó sin él ni Fekir en el campo, dos jugadores sobrevalorados por prensa y afición. El agujero en el lateral de Álex Moreno es de urgente reparación.

Pellegrini reaccionó tarde pero bien en los cambios, decisivos. Su fichaje y el de Bravo serán mucho más positivos para el equipo que la absurda rueda de altas y bajas a la que nos tienen habituados los clubes españoles.

Los detalles

- Preparado o improvisado, el gol volvió a llegar tras un dos contra uno en un saque de esquina.

- Aunque suponga riesgos en caso de pérdida, bien haría el Betis en mantenerse abierto antes de los saques de puerta de Bravo, mucho más efectivos cuando van a un espacio que a una melée.

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domingo, 6 de septiembre de 2020

El primer Betis de Pellegrini

Tampoco era tan difícil

Las sensaciones del nuevo Betis de Pellegrini en esta extraña pretemporada mejoran, y mucho, las preocupantes del pasado verano, luego confirmadas en una horrible temporada.

Es muy pronto para hacer pronósticos válidos y no será fácil alcanzar objetivos ambiciosos, pero si el primer y modesto fin era mejorar a ese pésimo Betis parece que el experto técnico chileno lo ha logrado en pocas sesiones de trabajo. Y ello sin aplicar medidas extremas ni extraordinarias, más que el sentido común y un modelo de juego tal vez no de vanguardia pero tampoco tan obsoleto como el de Rubi.

Y es que si aquel Betis era desorden y un ritmo de juego por encima del que convenía a sus jugadores, Pellegrini ha puesto buen trato de balón y sobre todo orden en los movimientos de sus jugadores. Un buen ejemplo de ello son los defensivos: el equipo tiene ahora muy claras las situaciones en que debe acudir a la presión alta, a saber: cuando pierde la pelota con el rival encerrado, en cuyo caso lo somete a una rapidísima y efectiva presión tras pérdida; y los saques de puerta o banda. Sin embargo si el rival recupera en situación cómoda el equipo se coloca en un estudiado bloque medio, con la defensa alta para aprovechar la velocidad de sus zagueros –bien coordinada la línea de fuera de juego– y realiza movimientos estudiados para tapar la salida rival dejando el habitual (y prudente) hombre de más atrás.

Un pequeño ejemplo del Betis-Granada de anoche, nada sofisticado pero rarísimo de ver en el Betis reciente: al montar el Betis su 4-4-2 defensivo, en el que los dos puntas béticos debían estorbar la salida de los centrales y el mediocentro del rival (recíprocamente, en superioridad numérica), Borja y Canales realizaban movimientos alternos para hostigar al central que poseía el balón y cerrar al mediocentro impidiendo su recepción:

 

Situación inicial: Borja (izda.) y Canales (dcha.) parten a los costados del mediocentro.
 
Al recibir el central de su sector Canales acude a la presión y Borja cierra al mediocentro.
 
Al ir el balón al otro central Borja lo presiona y Canales cierra al mediocentro.

La jugada parece muy básica, y lo es, pero ni el Betis de Rubi la hacía ni muchos otros equipos de alto nivel la hacen con cuidado y coordinación (y veremos si Fekir la aprenderá bien, dicho sea de paso). Este y otros detalles han permitido al equipo una defensa posicional sólida en los tramos de partido en que no ha dominado el juego.

En fase ofensiva el equipo parece decidir bien cuándo acelerar el ritmo de las jugadas. En ataque posicional inicia con la pausa adecuada para tratar bien el balón, busca muy sanamente dar ritmo al juego haciéndolo a dos toques (sin las antiguas conducciones personales) y corre riesgos solo razonables al sacarla desde atrás. Pero no duda en acelerar y buscar verticalidad arriba, por ejemplo si sale de la presión rival y encuentra espacios, o tras recuperar el balón en la presión alta (detalle este fundamental). En general los jugadores interiores muestran bastante movilidad y en la zona de mediapuntas alternan mucho sus posiciones. Como resultado de todo ello, y sobre todo de su presión postpérdida, el equipo ha controlado el juego férreamente hasta que se ha puesto por delante en el marcador, pero en fases de dominio alterno ha sabido correr, incluso a la contra, para castigar los riesgos del rival.

En cuanto a esquema de juego, Pellegrini ha insistido en el viejo 4-2-3-1, con alternancia de jugadores en la mediapunta y un once ya bastante definido. La previsible titularidad de Fekir y William Carvalho difícilmente empeorará al equipo pero tampoco lo mejorará demasiado, pues es probable que se pierda en ritmo de juego y organización defensiva lo que se gane en calidad individual. Es pues previsible que el equipo quede situado en 4-4-2 en defensa (con el mediapunta, o sea, Fekir, arriba) y de este modo en ataque:

 

Será un esquema pues bastante convencional pero equilibrado gracias a la presencia de Guido (hoy imprescindible) en el mediocentro. Del buen escalonamiento de este con el segundo mediocentro dependerá en parte la fluidez ofensiva del equipo, algo perjudicada por la posición paralela de Guardado en algunos tramos de esta pretemporada. Otro posible defecto de esta alineación es la falta de hombres arriba que pidan el balón al espacio, para lo que Ruibal se ha presentado como interesante alternativa; junto a Juanmi, Lainez y un desganado Tello podría dar aire a la línea de tres mediapuntas, en la que Joaquín y Canales pueden jugar por dentro en ausencia de Fekir.

Otros detalles de interés han sido el muy preciso juego largo de Bravo, que en su caso hará pensarse mucho a los rivales arriesgarse a ir a la presión hombre a hombre, y la ya conocida endeblez defensiva de Álex Moreno, cuyo puesto necesita una alternativa válida pese a su empuje ofensivo.

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miércoles, 12 de agosto de 2020

Balance de la temporada 2019-20

Una mala temporada era esto
Un balance táctico de la extraña y lamentable temporada 19-20 del Betis debe necesariamente centrarse en la figura de Rubi, el entrenador que supuestamente venía a perfeccionar y flexibilizar ese modelo de juego de la entidad desgastado tras el polémico segundo año Setién.

La realidad se demostró muy diferente desde los primeros entrenamientos ("se va a acabar eso de tocarla para atrás"): pese a su CV, Rubi demostró primero tener en sus planes un modelo de juego radicalmente opuesto al anterior, y luego una aparente falta de conocimiento del funcionamiento de ese modelo.

Primeros trece partidos
Y es que el primer Betis de Rubi hizo las cosas exactamente al revés de como se venían haciendo, planteando un modelo por supuesto lícito, pero opuesto al vendido por el club –y al conveniente para una plantilla bética tan hábil en lo técnico como limitada en lo físico–. Donde había rigor posicional hubo caos; donde juego asociativo a dos toques, conducciones y balones largos; donde ataques larguísimos muy elaborados, intentos de contragolpe y partidos de ida y vuelta; de una presión postpérdida bien preparada se pasó a ser uno de los peores equipos en presión en campo rival (estadísticas en mano); de una defensa metida en campo rival se pasó a defender en la propia área; incluso de un esquema de tres centrales se viró a un 4-3-3 para el que no había ni mediocentro posicional, ni laterales, ni casi nada.

Curiosamente, sí hubo conexión con la grada donde antes polémica, gracias a la buena comunicación del técnico con los influencers de la prensa local, a un fútbol de ritmo alto y demagógica diversión y, sobre todo, a que lo poco que se ganaba se ganaba en casa. Con eso, una buena plantilla y algo de infortunio Rubi puso al equipo al borde de la zona de descenso.

Los pesos pesados mandan parar
Con la espada de Damocles sobre su cabeza tras un mal derbi, Rubi cedió ante los líderes del vestuario y viró claramente hacia un modelo mucho más adecuado a la plantilla. El cambio funcionó durante un puñado de jornadas. Ayudado por la corrección del centro del campo gracias al descubrimiento de Edgar como MC de un singular 4-3-3, el equipo pareció sorprender a sus rivales y jugó los mejores partidos de la temporada en su estadio, aunque fuera de casa el nivel del equipo seguía siendo muy bajo.

Posición, no posesión
Ya antes del parón Covid el nuevo modelo comenzó a dar síntomas de agotamiento. El Betis tenía, sí, más posesión, y recuperó algunos mecanismos perdidos muchos meses atrás (como la atracción de rivales en salida), pero no así otros: ni la sutileza en el posicionamiento, ni el manejo de balón, ni, sobre todo, la presión postpérdida volvieron al nivel de un año antes. Sí volvió el fútbol lento y previsible para los rivales del fin de la temporada anterior, y el relevo por Alexis solo alcanzó para no pasar apuros al final. La temporada, en suma, había sido un fracaso, aunque se evitó el desastre absoluto.

Culpabes
Sea antes la gallina o el huevo, el bajo rendimiento individual de muchos futbolistas ha tenido relación directa con la floja temporada: apenas Canales, Joaquín, Emerson y (a su manera) Fekir dieron un nivel acorde al esperado o incluso por encima de este, en los casos de los dos diestros. La irregularidad y las lesiones de los Guardado, William, Joel o Álex Moreno (jugador de físico privilegiado, tecnica más que aceptable y muy bajo nivel táctico) tampoco ayudaron a dar rendimiento continuado al equipo.

Obviamente el culpable más directo del absoluto fracaso fue Rubi y quien lo trujo. Tras vender continuidad con matices, el catalán primero planteó un modelo de juego anticuado y absolutamente inadecuado para su plantilla, y luego demostró incapacidad para enseñar a sus jugadores un buen juego de posición. Lo que es peor: al revés que los mejores entrenadores, fue flexible en el estilo pero no en el esquema, lo que obligó a improvisar (primero) y fichar después un mediocentro posicional para jugar de ancla en un 4-3-3 completamente inadecuado a su plantilla. Solo el apoyo de la afición, que coadyuvó a un aceptable rendimiento en casa, y las jugadas a balón parado (ese córner que tanto nos gusta) salvaron del descenso a un equipo calamitoso fuera de su estadio.

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martes, 21 de julio de 2020

Valladolid-Betis: unas notas

Puso el Betis en Valladolid un broche final digno de la horrible temporada perpetrada bajo la dirección de Rubi, de la que pronto haremos balance. Ni la importancia económica del partido, tabla de clasificación de por medio, pareció insuflar la menor motivación en unos jugadores que trotaron desmotivados por la cancha.

Tampoco tuvo el menor interés táctico el partido: el mil veces visto de largas posesiones desde un convencional 4-2-3-1 frente al 4-4-2 cerradito de los equipos limitados, como este Valladolid de bajísimo presupuesto. Ante tal material, nos pararemos tan solo en comentar las jugadas de los dos goles del Valladolid, señal de la falta de cuidado en los detalles que ha sido otra de las características típicas de este Betis, y que precisamente fueron consecuencia de dos jugadas comentadas muchas veces aquí:

- El 1-0 es consecuencia de una mala elección (aunque fuera de Joaquín): como hemos dicho muchísimas veces en este blog, cuando en los córneres acude un segundo atacante a pedirla corta el objetivo ha de ser atraer a dos defensores para sacarlos del área; si acude solo uno, se saca en corto, y si acuden dos es mejor colgar el balón directamente. El Betis intentó montar un enredado tres contra dos de Joaquín, Fekir y Tello ante dos defensores, la jugada se complicó y el asunto, naturalmente con los centrales fuera de posición, acabó en una contra en superioridad numérica del Valladolid y en gol.
- El 2-0 es una fotocopia casi exacta del gol que afeamos a Bartra hace pocas semanas ante el Levante. Asombrosamente, es de nuevo Bartra, en la mismísima posición, quien vende el palo débil de su portero.


El 2-0 del Valladolid

El 2-0 del Levante

Poco más puede comentarse. Pronto, el balance de la temporada.

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viernes, 17 de julio de 2020

El final de una triste temporada

Faltos de tiempo por la secuencia de partidos y tal vez de motivación por el bajo nivel futbolístico de este Betis y lo intrascendente de partidos sin mayor impacto clasificatorio para el equipo (y sin público), dejaremos sin embargo unas breves notas sobre los dos últimos partidos del equipo, perdidos en el Wanda del Atlético (1-0) y en el Villamarín ante el Alavés (1-2).

Los seguidores de la teoría de las chanclas verán comprensible la falta de motivación del equipo, intolerable sin embargo en partidos como el de anoche ante el Alavés. Vayamos sin embargo a lo puramente táctico, lo que aquí nos interesa; el tándem Alexis-Merino ha terminado por montar una versión moderada del fútbol de largas posesiones que conviene a la actual plantilla bética, aunque sin experimentos posicionales: finalmente han estabilizado un convencional 4-2-3-1 con Fekir de mediapunta con libertad absoluta, laterales largos y cierta movilidad horizontal para los extremos. Ahí aparecen ciertos matices: según partido y minuto se ha jugado con extremos a pie cambiado (anoche, tal vez en previsión de ataques largos y por tanto más subidas de los laterales), interiores en las bandas (Canales y Guardado de salida en Madrid) e incluso dobles laterales.

El equipo muestra cierta libertad de movimientos en ataque y trata de reconstruir el círculo virtuoso de posesiones largas, encierro del rival y presión postpérdida, aunque con matices como el uso habitual de balones largos a la espalda de la defensa rival (con notable acierto, dicho sea de paso) y el no exponer excesivamente en la salida de balón, para lo que en ocasiones se preparan recursos como emparejar a Loren con el pequeño Trippier (en Madrid) para bajar balones largos. Este fue su heatmap de la primera parte del Wanda (ataque del Betis, hacia la izquierda).


El buen partido de los béticos en Madrid solo le alcanzó para nivelar el juego y gozar de casi tantas ocasiones como su poderosísimo rival hasta que este rompió las tablas. El Atlético se dejó ganar el balón, como suele, y el dominio bético lo fue pero no significaba ni mucho menos control total del juego; los madrileños se sentían a gusto amenazando esporádicamente los amplios espacios a la espalda de la defensa rival, sabedores de que un par de ataques exitosos provocarían peligro real. Tras la expulsión de Hermoso el partido tuvo una fase abierta que dio esperanzas reales. Pero una falta muy mal defendida por el Betis daría el 1-0: no solo Bartra rompió el fuera de juego, sino que ya la línea había sido innecesariamente tirada en el borde del área cuando la falta era muy lejana a esta. Desde entonces el Atlético hizo lo que mejor sabe, defender dentro de su área; da la sensación de que aunque jugara con ocho no sería fácil hacerle gol.

Mucho más flojo fue el partido de los béticos ante un débil Alavés, similar en intenciones al Atlético desde su 4-4-2 arropadito, pero evidentemente muy inferior. El aceptable Betis de la primera parte dio paso a una lamentable segunda mitad que hizo anhelar el fin de la temporada. Resultó algo llamativa la alineación de un doble pivote posicional como Edgar más Guido, que obligó a ambos a girarse más veces de las que gustan.

Algunas conclusoones sí pueden sacarse de estos partidos:
- El rol de mediapunta da a Fekir más oportunidad de entrar en juego, pero finalmente lo hace atacar en posiciones de interior lejanas a la puerta rival, donde finalmente es inocuo. Su juego combinatorio con compañeros no es tan brillante como su calidad individual, así que es mejor que pise área, donde puede decidir por sí solo.
- Loren es hoy un delantero infinitamente mejor que Borja Iglesias. Sin ver estadísticas ni radares nos arriesgaríamos a decir que lo supera en todos los aspectos del juego. Deshacerse del canterano sería repetir un recurrente y grave error.
- Guido se consolida como un buen mediocentro de cierre, Mandi ha recuperado tono y Bartra sigue su carrera en caída, ya casi libre.
- La plantilla del Betis es, siendo un poco optimistas, de calidad media para LaLiga, como demuestran sus clasificaciones recientes. Ni tan mala como resultó el equipo diseñado por Rubi, ni apenas mejor que los Levante, Osasuna o Granada que, duela o no, lo superan en la tabla. La táctica, y no digamos el veneno, la exigencia y el resto de tópicos hoy de moda en la prensa sevillana, lo pueden hacer subir o bajar algunos escalones; pero ni debe pasar apuros, ni es esperable de William, Canales, Fekir o Joaquín pelear por entrar en Champions. La sobrevaloración de sus jugadores es un de los pecados recurrentes de la afición bética.

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