lunes, 14 de septiembre de 2020

Alavés 0 - Betis 1 (1ª jornada de LaLiga 2020/21)

ALAVÉS (0): Pacheco; Laguardia, Ely, Duarte; Edgar (Martín, m. 88), Battaglia, Luis Rioja (Javi López, m. 65); Pina, Pere Pons (Sergi García, m. 95); Joselu y Lucas Pérez (Deyverson, m. 65).
BETIS (1): Bravo; Emerson, Mandi, Bartra, Álex Moreno; Guido Rodríguez, William Carvalho (Tello, m. 82); Canales, Joaquín (Aitor Ruibal, m. 66), Fekir (Lainez, m. 92); y Borja Iglesias.
Gol: 0-1, m. 94: Tello.
Árbitro: González Fuertes (Comité Asturiano). Amonestó a Luis Rioja, Emerson, Javi López, Álex Moreno, Pinay Borja Iglesias.
Incidencias: Mendizorroza, a piuerta cerrada y en perfectas condiciones.

Un gol in extremis premió un partido más que aceptable del primer Betis de Pellegrini, que concedió escasísimas ocasiones al Alavés y llegó en pocas más a la puerta rival.

Las bajas obligaron a Pellegrini a poner sobre el campo un once muy de titulares aparentes –aunque los béticos sepan que Loren o Guardado merecen más la titularidad que algunos de los ahí presentes–, y el equipo quedó plantado en el previsto 4-2-3-1 con Guido y William bastantes paralelos (demasiado en ataque) y mucha movilidad e intercambio de posiciones en zonas interiores, donde curiosamente (y probablemente por cuestiones defensivas: para tapar al ancla rival, Battaglia) era Joaquín quien más veces solía ocupar la mediapunta interior.

El 3-1-4-2 del Alavés (muy de Machín) provocó el establecimiento de parejas claras en todo el campo; sin embargo, para conservar superioridad numérica atrás y no arriesgarse a defender abiertamente hombre a hombre, ambos equipos presionaron desde posiciones intermedias, basculando mucho los cinco defensas en el caso del Alavés. Cuando atacaba el Betis, por ejemplo, resultaban posiciones como estas:



Esta simetría de espejos de los esquemas no se correspondía con una de estilos. El partido confirmó las sensaciones de pretemporada del Betis de Pellegrini, que hace un fútbol más de posesión que de posición: un juego de buen trato de pelota y notables cuotas de tenencia de balón pero al estilo antiguo, menos cuidadoso (o rígido, dirán otros) con las posiciones ofensivas que los de un Setién o un Guardiola e incluso con doble pivote (un anatema en can Barça). Igualmente el equipo es menos extremo que los equipos de esos entrenadores con la presión alta o la salida arriesgada del balón: ni presiona arriba a toda costa (más bien elige con prudencia las situaciones en que hacerlo), ni se lo piensa mucho si necesita jugar en largo. En este punto el Betis ha fichado una excelente arma: Bravo tiene un toque magnífico para pinchar balones cortados, tocados con el empeine de arriba abajo, a cuarenta metros de distancia, hacia los tres puntas (extremos y delantero centro). Bravo convierte así los intentos rivales de presionar alto y al hombre en arriesgadas situaciones para sus porterías, factor que dará espacios a los mediocentros e interiores béticos pues sus pares tendrán que acercarse a sus defensas para apoyarlos.

El Alavés por su parte jugaba al estilo norteño, aunque con poco éxito por escasez de cualidades en sus jugadores y por el buen hacer del Betis: maltrató el balón y fió su juego ofensivo al repertorio típico de los equipos menores, esto es, los pelotazos peinados (sobre todo por un antideportivo Joselu), el contragolpe tras robo alto (que tampoco permitió un Betis que midió mucho sus riesgos) y el balón parado; este último sí le dio algunas buenas opciones de gol en pelotas colgadas. Por demás, solo en el tramo inicial de la segunda parte el Alavés embotellar al Betis con presión alta, y el partido transcurriría por demás con un moderado dominio bético y escasas ocasiones, más en la portería de Pacheco.

Tardío en los cambios, Pellegrini alteró su plan para ir a por el partido ya a diez minutos del final, al prescindir de Carvalho para ganar a Tello en una banda y retrasar a Canales; cuando todo parecía decidido, la entrada de un Lainez muy motivado (otros habrían despreciado sus tres minutos) provocó dos córneres y la jugada del gol.

Individualmente fueron notables la actividad de Emerson, el partido serio de los centrales, la doble parada de Bravo y la citada aparición de Lainez, pero sobre todos ellos el recital defensivo de Guido. Su comparación deja en muy mal lugar a un William que sin duda mejorará con los partidos, pero que ni siquiera en el puesto, esquema y estilo de partido que le convienen dio el nivel que tantos le suponen; la victoria llegó sin él ni Fekir en el campo, dos jugadores sobrevalorados por prensa y afición. El agujero en el lateral de Álex Moreno es de urgente reparación.

Pellegrini reaccionó tarde pero bien en los cambios, decisivos. Su fichaje y el de Bravo serán mucho más positivos para el equipo que la absurda rueda de altas y bajas a la que nos tienen habituados los clubes españoles.

Los detalles

- Preparado o improvisado, el gol volvió a llegar tras un dos contra uno en un saque de esquina.

- Aunque suponga riesgos en caso de pérdida, bien haría el Betis en mantenerse abierto antes de los saques de puerta de Bravo, mucho más efectivos cuando van a un espacio que a una melée.

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domingo, 6 de septiembre de 2020

El primer Betis de Pellegrini

Tampoco era tan difícil

Las sensaciones del nuevo Betis de Pellegrini en esta extraña pretemporada mejoran, y mucho, las preocupantes del pasado verano, luego confirmadas en una horrible temporada.

Es muy pronto para hacer pronósticos válidos y no será fácil alcanzar objetivos ambiciosos, pero si el primer y modesto fin era mejorar a ese pésimo Betis parece que el experto técnico chileno lo ha logrado en pocas sesiones de trabajo. Y ello sin aplicar medidas extremas ni extraordinarias, más que el sentido común y un modelo de juego tal vez no de vanguardia pero tampoco tan obsoleto como el de Rubi.

Y es que si aquel Betis era desorden y un ritmo de juego por encima del que convenía a sus jugadores, Pellegrini ha puesto buen trato de balón y sobre todo orden en los movimientos de sus jugadores. Un buen ejemplo de ello son los defensivos: el equipo tiene ahora muy claras las situaciones en que debe acudir a la presión alta, a saber: cuando pierde la pelota con el rival encerrado, en cuyo caso lo somete a una rapidísima y efectiva presión tras pérdida; y los saques de puerta o banda. Sin embargo si el rival recupera en situación cómoda el equipo se coloca en un estudiado bloque medio, con la defensa alta para aprovechar la velocidad de sus zagueros –bien coordinada la línea de fuera de juego– y realiza movimientos estudiados para tapar la salida rival dejando el habitual (y prudente) hombre de más atrás.

Un pequeño ejemplo del Betis-Granada de anoche, nada sofisticado pero rarísimo de ver en el Betis reciente: al montar el Betis su 4-4-2 defensivo, en el que los dos puntas béticos debían estorbar la salida de los centrales y el mediocentro del rival (recíprocamente, en superioridad numérica), Borja y Canales realizaban movimientos alternos para hostigar al central que poseía el balón y cerrar al mediocentro impidiendo su recepción:

 

Situación inicial: Borja (izda.) y Canales (dcha.) parten a los costados del mediocentro.
 
Al recibir el central de su sector Canales acude a la presión y Borja cierra al mediocentro.
 
Al ir el balón al otro central Borja lo presiona y Canales cierra al mediocentro.

La jugada parece muy básica, y lo es, pero ni el Betis de Rubi la hacía ni muchos otros equipos de alto nivel la hacen con cuidado y coordinación (y veremos si Fekir la aprenderá bien, dicho sea de paso). Este y otros detalles han permitido al equipo una defensa posicional sólida en los tramos de partido en que no ha dominado el juego.

En fase ofensiva el equipo parece decidir bien cuándo acelerar el ritmo de las jugadas. En ataque posicional inicia con la pausa adecuada para tratar bien el balón, busca muy sanamente dar ritmo al juego haciéndolo a dos toques (sin las antiguas conducciones personales) y corre riesgos solo razonables al sacarla desde atrás. Pero no duda en acelerar y buscar verticalidad arriba, por ejemplo si sale de la presión rival y encuentra espacios, o tras recuperar el balón en la presión alta (detalle este fundamental). En general los jugadores interiores muestran bastante movilidad y en la zona de mediapuntas alternan mucho sus posiciones. Como resultado de todo ello, y sobre todo de su presión postpérdida, el equipo ha controlado el juego férreamente hasta que se ha puesto por delante en el marcador, pero en fases de dominio alterno ha sabido correr, incluso a la contra, para castigar los riesgos del rival.

En cuanto a esquema de juego, Pellegrini ha insistido en el viejo 4-2-3-1, con alternancia de jugadores en la mediapunta y un once ya bastante definido. La previsible titularidad de Fekir y William Carvalho difícilmente empeorará al equipo pero tampoco lo mejorará demasiado, pues es probable que se pierda en ritmo de juego y organización defensiva lo que se gane en calidad individual. Es pues previsible que el equipo quede situado en 4-4-2 en defensa (con el mediapunta, o sea, Fekir, arriba) y de este modo en ataque:

 

Será un esquema pues bastante convencional pero equilibrado gracias a la presencia de Guido (hoy imprescindible) en el mediocentro. Del buen escalonamiento de este con el segundo mediocentro dependerá en parte la fluidez ofensiva del equipo, algo perjudicada por la posición paralela de Guardado en algunos tramos de esta pretemporada. Otro posible defecto de esta alineación es la falta de hombres arriba que pidan el balón al espacio, para lo que Ruibal se ha presentado como interesante alternativa; junto a Juanmi, Lainez y un desganado Tello podría dar aire a la línea de tres mediapuntas, en la que Joaquín y Canales pueden jugar por dentro en ausencia de Fekir.

Otros detalles de interés han sido el muy preciso juego largo de Bravo, que en su caso hará pensarse mucho a los rivales arriesgarse a ir a la presión hombre a hombre, y la ya conocida endeblez defensiva de Álex Moreno, cuyo puesto necesita una alternativa válida pese a su empuje ofensivo.

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miércoles, 12 de agosto de 2020

Balance de la temporada 2019-20

Una mala temporada era esto
Un balance táctico de la extraña y lamentable temporada 19-20 del Betis debe necesariamente centrarse en la figura de Rubi, el entrenador que supuestamente venía a perfeccionar y flexibilizar ese modelo de juego de la entidad desgastado tras el polémico segundo año Setién.

La realidad se demostró muy diferente desde los primeros entrenamientos ("se va a acabar eso de tocarla para atrás"): pese a su CV, Rubi demostró primero tener en sus planes un modelo de juego radicalmente opuesto al anterior, y luego una aparente falta de conocimiento del funcionamiento de ese modelo.

Primeros trece partidos
Y es que el primer Betis de Rubi hizo las cosas exactamente al revés de como se venían haciendo, planteando un modelo por supuesto lícito, pero opuesto al vendido por el club –y al conveniente para una plantilla bética tan hábil en lo técnico como limitada en lo físico–. Donde había rigor posicional hubo caos; donde juego asociativo a dos toques, conducciones y balones largos; donde ataques larguísimos muy elaborados, intentos de contragolpe y partidos de ida y vuelta; de una presión postpérdida bien preparada se pasó a ser uno de los peores equipos en presión en campo rival (estadísticas en mano); de una defensa metida en campo rival se pasó a defender en la propia área; incluso de un esquema de tres centrales se viró a un 4-3-3 para el que no había ni mediocentro posicional, ni laterales, ni casi nada.

Curiosamente, sí hubo conexión con la grada donde antes polémica, gracias a la buena comunicación del técnico con los influencers de la prensa local, a un fútbol de ritmo alto y demagógica diversión y, sobre todo, a que lo poco que se ganaba se ganaba en casa. Con eso, una buena plantilla y algo de infortunio Rubi puso al equipo al borde de la zona de descenso.

Los pesos pesados mandan parar
Con la espada de Damocles sobre su cabeza tras un mal derbi, Rubi cedió ante los líderes del vestuario y viró claramente hacia un modelo mucho más adecuado a la plantilla. El cambio funcionó durante un puñado de jornadas. Ayudado por la corrección del centro del campo gracias al descubrimiento de Edgar como MC de un singular 4-3-3, el equipo pareció sorprender a sus rivales y jugó los mejores partidos de la temporada en su estadio, aunque fuera de casa el nivel del equipo seguía siendo muy bajo.

Posición, no posesión
Ya antes del parón Covid el nuevo modelo comenzó a dar síntomas de agotamiento. El Betis tenía, sí, más posesión, y recuperó algunos mecanismos perdidos muchos meses atrás (como la atracción de rivales en salida), pero no así otros: ni la sutileza en el posicionamiento, ni el manejo de balón, ni, sobre todo, la presión postpérdida volvieron al nivel de un año antes. Sí volvió el fútbol lento y previsible para los rivales del fin de la temporada anterior, y el relevo por Alexis solo alcanzó para no pasar apuros al final. La temporada, en suma, había sido un fracaso, aunque se evitó el desastre absoluto.

Culpabes
Sea antes la gallina o el huevo, el bajo rendimiento individual de muchos futbolistas ha tenido relación directa con la floja temporada: apenas Canales, Joaquín, Emerson y (a su manera) Fekir dieron un nivel acorde al esperado o incluso por encima de este, en los casos de los dos diestros. La irregularidad y las lesiones de los Guardado, William, Joel o Álex Moreno (jugador de físico privilegiado, tecnica más que aceptable y muy bajo nivel táctico) tampoco ayudaron a dar rendimiento continuado al equipo.

Obviamente el culpable más directo del absoluto fracaso fue Rubi y quien lo trujo. Tras vender continuidad con matices, el catalán primero planteó un modelo de juego anticuado y absolutamente inadecuado para su plantilla, y luego demostró incapacidad para enseñar a sus jugadores un buen juego de posición. Lo que es peor: al revés que los mejores entrenadores, fue flexible en el estilo pero no en el esquema, lo que obligó a improvisar (primero) y fichar después un mediocentro posicional para jugar de ancla en un 4-3-3 completamente inadecuado a su plantilla. Solo el apoyo de la afición, que coadyuvó a un aceptable rendimiento en casa, y las jugadas a balón parado (ese córner que tanto nos gusta) salvaron del descenso a un equipo calamitoso fuera de su estadio.

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martes, 21 de julio de 2020

Valladolid-Betis: unas notas

Puso el Betis en Valladolid un broche final digno de la horrible temporada perpetrada bajo la dirección de Rubi, de la que pronto haremos balance. Ni la importancia económica del partido, tabla de clasificación de por medio, pareció insuflar la menor motivación en unos jugadores que trotaron desmotivados por la cancha.

Tampoco tuvo el menor interés táctico el partido: el mil veces visto de largas posesiones desde un convencional 4-2-3-1 frente al 4-4-2 cerradito de los equipos limitados, como este Valladolid de bajísimo presupuesto. Ante tal material, nos pararemos tan solo en comentar las jugadas de los dos goles del Valladolid, señal de la falta de cuidado en los detalles que ha sido otra de las características típicas de este Betis, y que precisamente fueron consecuencia de dos jugadas comentadas muchas veces aquí:

- El 1-0 es consecuencia de una mala elección (aunque fuera de Joaquín): como hemos dicho muchísimas veces en este blog, cuando en los córneres acude un segundo atacante a pedirla corta el objetivo ha de ser atraer a dos defensores para sacarlos del área; si acude solo uno, se saca en corto, y si acuden dos es mejor colgar el balón directamente. El Betis intentó montar un enredado tres contra dos de Joaquín, Fekir y Tello ante dos defensores, la jugada se complicó y el asunto, naturalmente con los centrales fuera de posición, acabó en una contra en superioridad numérica del Valladolid y en gol.
- El 2-0 es una fotocopia casi exacta del gol que afeamos a Bartra hace pocas semanas ante el Levante. Asombrosamente, es de nuevo Bartra, en la mismísima posición, quien vende el palo débil de su portero.


El 2-0 del Valladolid

El 2-0 del Levante

Poco más puede comentarse. Pronto, el balance de la temporada.

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viernes, 17 de julio de 2020

El final de una triste temporada

Faltos de tiempo por la secuencia de partidos y tal vez de motivación por el bajo nivel futbolístico de este Betis y lo intrascendente de partidos sin mayor impacto clasificatorio para el equipo (y sin público), dejaremos sin embargo unas breves notas sobre los dos últimos partidos del equipo, perdidos en el Wanda del Atlético (1-0) y en el Villamarín ante el Alavés (1-2).

Los seguidores de la teoría de las chanclas verán comprensible la falta de motivación del equipo, intolerable sin embargo en partidos como el de anoche ante el Alavés. Vayamos sin embargo a lo puramente táctico, lo que aquí nos interesa; el tándem Alexis-Merino ha terminado por montar una versión moderada del fútbol de largas posesiones que conviene a la actual plantilla bética, aunque sin experimentos posicionales: finalmente han estabilizado un convencional 4-2-3-1 con Fekir de mediapunta con libertad absoluta, laterales largos y cierta movilidad horizontal para los extremos. Ahí aparecen ciertos matices: según partido y minuto se ha jugado con extremos a pie cambiado (anoche, tal vez en previsión de ataques largos y por tanto más subidas de los laterales), interiores en las bandas (Canales y Guardado de salida en Madrid) e incluso dobles laterales.

El equipo muestra cierta libertad de movimientos en ataque y trata de reconstruir el círculo virtuoso de posesiones largas, encierro del rival y presión postpérdida, aunque con matices como el uso habitual de balones largos a la espalda de la defensa rival (con notable acierto, dicho sea de paso) y el no exponer excesivamente en la salida de balón, para lo que en ocasiones se preparan recursos como emparejar a Loren con el pequeño Trippier (en Madrid) para bajar balones largos. Este fue su heatmap de la primera parte del Wanda (ataque del Betis, hacia la izquierda).


El buen partido de los béticos en Madrid solo le alcanzó para nivelar el juego y gozar de casi tantas ocasiones como su poderosísimo rival hasta que este rompió las tablas. El Atlético se dejó ganar el balón, como suele, y el dominio bético lo fue pero no significaba ni mucho menos control total del juego; los madrileños se sentían a gusto amenazando esporádicamente los amplios espacios a la espalda de la defensa rival, sabedores de que un par de ataques exitosos provocarían peligro real. Tras la expulsión de Hermoso el partido tuvo una fase abierta que dio esperanzas reales. Pero una falta muy mal defendida por el Betis daría el 1-0: no solo Bartra rompió el fuera de juego, sino que ya la línea había sido innecesariamente tirada en el borde del área cuando la falta era muy lejana a esta. Desde entonces el Atlético hizo lo que mejor sabe, defender dentro de su área; da la sensación de que aunque jugara con ocho no sería fácil hacerle gol.

Mucho más flojo fue el partido de los béticos ante un débil Alavés, similar en intenciones al Atlético desde su 4-4-2 arropadito, pero evidentemente muy inferior. El aceptable Betis de la primera parte dio paso a una lamentable segunda mitad que hizo anhelar el fin de la temporada. Resultó algo llamativa la alineación de un doble pivote posicional como Edgar más Guido, que obligó a ambos a girarse más veces de las que gustan.

Algunas conclusoones sí pueden sacarse de estos partidos:
- El rol de mediapunta da a Fekir más oportunidad de entrar en juego, pero finalmente lo hace atacar en posiciones de interior lejanas a la puerta rival, donde finalmente es inocuo. Su juego combinatorio con compañeros no es tan brillante como su calidad individual, así que es mejor que pise área, donde puede decidir por sí solo.
- Loren es hoy un delantero infinitamente mejor que Borja Iglesias. Sin ver estadísticas ni radares nos arriesgaríamos a decir que lo supera en todos los aspectos del juego. Deshacerse del canterano sería repetir un recurrente y grave error.
- Guido se consolida como un buen mediocentro de cierre, Mandi ha recuperado tono y Bartra sigue su carrera en caída, ya casi libre.
- La plantilla del Betis es, siendo un poco optimistas, de calidad media para LaLiga, como demuestran sus clasificaciones recientes. Ni tan mala como resultó el equipo diseñado por Rubi, ni apenas mejor que los Levante, Osasuna o Granada que, duela o no, lo superan en la tabla. La táctica, y no digamos el veneno, la exigencia y el resto de tópicos hoy de moda en la prensa sevillana, lo pueden hacer subir o bajar algunos escalones; pero ni debe pasar apuros, ni es esperable de William, Canales, Fekir o Joaquín pelear por entrar en Champions. La sobrevaloración de sus jugadores es un de los pecados recurrentes de la afición bética.

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viernes, 10 de julio de 2020

Betis-Osasuna: unas notas

El alto ritmo de partidos de esta liga postcovid no solo no nos permite a veces comentarlos extensamente, sino ni tan siquiera verlos al completo, como ha sido el caso. La visión de la primera parte nos permite sin embargo dejar algunos breves comentarios.

Ante un Osasuna que jugó con su habitual línea de cuatro atrás y colocado en 4-2-3-1, con Arnaiz solo como improvisado punta, Alexis y Merino eligieron un planteamiento y esquema bastante convencionales; fue también un 4-2-3-1, convertido a la hora de defender en 4-4-2, con un rasgo llamativo: extremos a pie natural en las dos bandas, e incluso doble lateral en la izquierda con Pedraza por delante de Moreno.

La intención de esta forma de plantarse en el campo pudo bien ser explotar jugadas como la del 2-0: ante un Osasuna que ejercería con frecuencia una presión bastante alta, convenía salir con velocidad por los costados y realizar ataques rápidos; tales posesiones breves no darían tiempo a los laterales béticos a subir, y así se aprecia en los casos de Moreno y Emerson, cuyos heatmaps los muestran más atrasados que nunca (ataque hacia la derecha):


La profundidad por banda quedaría a cargo de Joaquín y un Pedraza muy activo. En el doble pivote, también a pie natural, quedaban Guido y Guardado, bien escalonados, con el mexicano aprovechando los espacios de interior izquierdo que dejaba vacantes un Fekir que esta vez sí era mediapunta clásico (y por tanto bastante atrasado en muchas jugadas).

Entre las mejores noticias del partido estuvo el buen rendimiento general y el particular de Dani Martín y de Guido, que se consolida como el pivote defensivo que necesitaba el equipo. Digna de anotarse fue también la jugada preparada del 1-0, una vez más el córner en dos contra uno que tan bien ejecuta Joaquín y que había dado el gol a Feddal pocos días antes. Cualquier día haremos arqueología para buscar su propuesta en este blog, mucho antes de que el Betis empezara a hacerla.

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domingo, 5 de julio de 2020

Celta 1 - Betis 1 (34ª jornada de LaLiga), o el caso Fekir

CELTA (1): Rubén; Kevin Vázquez (Hugo Mallo, m. 61), Murillo, Araújo, Olaza; Okay; Fran Beltrán (Bradaric, m. 77), Rafinha; Iago Aspas (Toro Fernández, m. 77), Smolov (Brais Méndez, m. 53) y Nolito (Santi Mina, m. 77).
BETIS (1): Joel; Emerson, Mandi, Feddal, Álex Moreno (Pedraza, m. 53); Guido Rodríguez, Guardado; Aleñá (Joaquín, m. 57), Canales, Juanmi (Tello, m. 57); y Loren (Borja, m. 91).
Goles: 1-0, m. 22: Nolito. 1-1, m. 79: Feddal.
Árbitro: González Fuertes (Comité Asturiano). Fuertemente casero. Amonestó a Álex Moreno, Mandi, Kevin Vázquez, Iago Aspas, Tello, Canales, Araújo, Okay y Bradaric.

El más que aceptable partido jugado por el Betis en Vigo lo hizo merecedor de la victoria y sobradamente del empate final, basado en dos mejoras respecto a encuentros anteriores: una psicológica y una táctica.

Hablar de la psicológica no es el objeto de este blog, pero lo cierto es que el tono moral del equipo subió notablemente; no sin despistes (indefendible Joel en el 0-1), pero sin duda la activación del equipo y sus ganas de ganar se notaron en detalles como los balones divididos hacia el final del partido, y ello ante un Celta que está aún metido en la lucha contra el descenso.

Más nos interesa hablar del asunto táctico, que tiene que ver mucho con la baja del jugador más brillante de la plantilla, Nabil Fekir. El francés tiene sin duda un talento técnico y físico extraordinario (explosivo y no exento de resistencia: aguanta muy bien los partidos completos), que le permite decidir partidos en jugadas individuales. No dudamos por demás de su fortaleza psicológica e implicación. Sin embargo carece casi por completo de concepción colectiva del juego, lo que provoca problemas tácticos al equipo en ataque y en defensa.

Sobre el primero de ellos, el defensivo, advertíamos antes del partido. Al ser Fekir un jugador el que es muy difícil asignar un rol defensivo en el equipo (más por caótico que por poco trabajador), y contando con que pocos entrenadores renuncian a un punta nato que baje balones (ayer el propio Celta exiliaba a Aspas a una banda de su 4-3-3 para hacer sitio a Smolov, como hacía Poyet con Rubén Castro), el Betis se ve obligado –con Fekir en el campo– a defender con dos puntas arriba, que dimiten de la jugada cuando esta les rebasa. Dado que casi todos los equipos sacan el balón con dos centrales atrás, con los que quedan emparejados Fekir y Loren/Borja, y que conviene dejar un hombre de más en zona trasera para evitar el mano a mano en todo el campo, el Betis queda casi siempre en inferioridad numérica en el centro del campo (juegue con el esquema que juegue), resultando un sistema defensivo débil y poroso. Defendiendo por ejemplo en 4-4-2:

Inferioridad numérica en mediocampo

Ayer, a pesar de jugar justamente un 4-4-2 defensivo, los inteligentes movimientos de Loren y el segundo delantero, Canales, cerrando líneas de pase y basculando, permitieron impedir casi siempre que la pelota llegara limpia al mediocentro, que quedaba bien cerrado habitualmente por Canales. Por ejemplo con balón en pies del central derecho celtista el equipo defendía así:


Esa sutileza, para la que se necesita inteligencia y concentración defensiva del segundo punta, permitió al Betis defender con mucha más consistencia. Ante el 4-3-3 local el Betis lo hacía con parejas claras y persecuciones casi al hombre en el resto del campo, más los dos centrales sobre Smolov. En ataque el Betis quedaba en 4-2-3-1, con Guido más centrado que Guardado, y Aleñá y Canales en constante intercambio de posiciones entre el extremo derecho y la zona del mediapunta.

Quedan por comentar los problemas tácticos que (aunque parezca algo disparatado decir esto) provoca Fekir en ataque, resumidos en los movimientos de Emerson en este vídeo (a partir de 1:40) para intentar infructuosamente ofrecerse en la jugada, o en este gesto de Joaquín (segunda imagen abajo) cuando Fekir dispara en Mallorca en lugar de pasarle el balón  a él, en muchísima mejor posición:



Los brazos abiertos de Joaquín se convirtieron en celebración de gol, y la jugada del Villarreal en la ocasión más clara del partido. Aun así, pese a su exagerada calidad individual, el equipo tiene mejores resultados cuando Fekir no juega: tres victorias, dos empates y una sola derrota, con partidos tan vistosos en ataque como los de Athletic (3-2) o Real Sociedad (3-0). No pretendemos extrapolar desde tan pocos partidos, pero es evidente que no puede calificarse a Fekir de jugador decisivo, ni su baja es un dolor de cabeza para su entrenador. Naturalmente un técnico que hubiese fijado su rol en el que debía, de extremo derecho metido por dentro con más rigor posicional y comprometido en defensa, habría sacado del francés el potencial extraordinario que tiene; no lo logró Rubi.

Segunda parte
Sin Fekir pero con solidez y a partir de un juego muy mainstream el Betis fue superior en la segunda parte a un Celta que casi no salió de su campo, y que no provocó el menor peligro. Los cambios mejoraron a un Betis sin profundidad por dentro pero con cierto peligro por bandas, y por insistencia llegaron las jugadas que debieron dar la vuelta al partido si González Fuertes y su extraño VAR no hubiesen hurtado la victoria a los béticos.

Línea por línea
En lo individual cabe destacar la inaceptable desconcentración de Joel, que falla tres veces en el 1-0 (con los pies, al colcoar la barrera y al reaccionar), y la hiperactividad de Emerson. Guido y Guardado dieron mucha solidez al mediocentro, y Aleñá apareció muy poco, como Juanmi (da muy poco en ataque fuera del área, aunque trabaja) y Loren, trabajadores sin embargo.

El detalle
El gol del Betis llegó en nuestra jugada preparada favorita para los córneres, mil veces explicada aquí, implantada ya en las dos temporadas anteriores y como siempre realizada por Joaquín (a veces con Guardado, esta vez con Canales):
- Zurdo y diestro se perfilan ambos para sacar el córner.
- Si acuden dos defensas, balón directo al área, y se ha logrado extraer a dos defensas de ella al precio de un delantero.
- Si solo viene un defensor, como fue el caso, el colocado para sacar a pie cambiado toca en corto a su compañero y se cruza por detrás de este para ofrecerse, montando un dos contra uno. En este caso, Canales saca y se cruza por detrás de Joaquín:


Para evitar el dos contra uno el marcador de Emerson se acercó a Canales y obligó a salir a por Emerson a otro defensor. Despoblada así el área de defensas y casi en igualdad numérica los béticos en zona de remate, Feddal quedó desmarcado para el gol (casi fuera de plano, a la izquierda):


El Betis es el equipo que más partido ha sacado este año al balón parado.

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