sábado, 15 de septiembre de 2018

Valencia 0 - Betis 0 (4ª jornada de LaLiga)

VALENCIA C.F. (0): Doménech; Piccini, Gabriel, Diakhaby, Gayá; Ferrán Torres (Guedes, m. 62), Parejo, Kondogbia (Wass, m. 13), Cheryshev (Batshuayi, m. 77); Gameiro y Rodrigo.
BETIS (0): Pau López; Mandi, Bartra, Sidnei; Francis, Canales, Guardado, Junior; Boudebouz (Lo Celso, m. 77), Sanabria (Sergio León, m. 68) e Inui (Joaquín, m. 62).
Árbitro: Hernández Hernández (Comité Las Palmas). Mostró tarjeta amarilla a Ferrán, Parejo, Piccini, Gabriel, Diakhaby, Batshuayi, Sanabria, Guardado y Pau López.
40. 000 espectadores en Mestalla.

Hizo un buen partido el Betis en Mestalla, muy igualado en ocasiones con los locales: algo muy meritorio en ese estadio, incluso ante un Valencia aún lejos de su mejor forma y con alguna baja de importancia. El equipo confirma la enorme calidad de su plantilla, adivinada en pretemporada, y resuelve de forma dispar las dudas que suscitaba en las áreas: el portero es bueno pero de momento falta un delantero a la altura de esa calidad.

Primera hora
Como era previsible, el Valencia presentó ante el Betis el mismo esquema que el otro equipo de su ciudad hace un mes: un 4-4-2 muy cerrado y trabajado, con el bloque a media altura, en busca (como el Levante) del robo y la contra. Sin embargo Setién –gracias, digámoslo así, a la baja de Carvalho– no situó a sus jugadores en el 3-1-4-2 de aquel día sino en un 3-4-3; era un esquema más arriesgado, pues significaba renunciar al mediocentro defensivo para meter un delantero más, pero a nuestro entender con dos grandes ventajas en posesión de balón:

- Triangulariza muy bien las posiciones de los jugadores, por tanto mejor espaciados entre sí –sin los problemas de solapamiento del 3-1-4-2–.

- Cuando el Betis resolvía favorablemente el tres contra dos de salida y lograba pues el avance del deseado hombre libre, no existía el mediocentro rebasado por la jugada de aquel partido, de modo que la jugada se convertía en un ataque en igualdad numérica (solamente quedaban tras la pelota los dos delanteros del Valencia y los otros dos centrales del Betis), mucho más prometedor que los ataques en inferioridad ante el Levante.

Efectivamente la buena salida de balón bética lograba siempre que uno de los centrales de flanco del Betis (Mandi o Sidnei) saliera libre hasta verse con un extremo valencianista, o incluso atrajera la presión de ese extremo directamente. Como resultado, la jugada progresaba bien por recepción entre líneas del extremo de ese lado o bien del carrilero, en una posición intermedia muy incómoda de defender para los locales (muy a la espalda de su teórico marcador pero lejos del lateral valencianista de su lado):

Una vez lograda la salida en ventaja de un central (aquí Sidnei) el Betis lograba continuidad por medio del extremo y el carrilero de ese costado.

Cuando el Valencia presionaba arriba Pau encontraba también un hombre libre, muchas veces por dentro. El Betis tenía casi siempre cuotas muy altas de posesión (salvo en el tramo final de la primera parte) y solo le faltaba verticalidad, escasa especialmente por el lado derecho, y acierto en el desmarque y el último pase. Las numerosas faltas de los valencianistas solían interrumpir además el juego bético.

Cuando el Valencia lograba robar su impulso por llegar rápidamente arriba y la buena presión postpérdida del Betis solían provocar que los ataques locales apenas duraran un suspiro, aunque en las contadas ocasiones en que tenían éxito se encontraban situaciones de igualdad ante una defensa bética muy adelantada, por lo que llevaron cierto peligro.

Última media hora
A partir del minuto 60 el Valencia da un paso adelante y el Betis comienza a tener problemas para superar la presión y a pegar más pelotazos sin dirección de los deseados. Setién ve un escenario con espacios a la espalda de la defensa valencianista y mete a León para apreovecharlos, además de cambiar de extremos sin tocar el esquema. El arreón local dura apenas veinte minutos, y el Betis, firme atrás y por arriba en el balón parado, no pasa apuros. Marcelino mete un delantero más pero pierde el control del juego; el Betis recupera la posesión y apenas pasa apuros al final, aunque le falta ambición (notablemente, como en Vitoria, a Júnior) para buscar la puerta contraria.

Línea por línea
Pau mejora cada día en el juego de pies, aunque debe cuidar los pases a los interiores cuando estos están de espaldas y muy marcados. Apenas tuvo trabajo bajo palos, y salió por alto algo menos de lo debido.

El trío de centrales fue de nuevo lo mejor del Betis. Mandi cumplió en defensa y dio mucha fluidez al juego –domina excelentemente los principios del juego de posición–; Bartra cuerpeó muy bien con los delanteros locales; y Sidnei demostró lo sabido: que es un gran central. Ocupa muchísimo campo, es rápido y decidido, y saca bien la pelota con las dos piernas.

Francis estuvo de nuevo entre lo más flojo del Betis, aunque cumplió decentemente. Hay caso Barragán. Canales dio otra lección de buen fútbol, aunque le faltó otra vez acierto en el último pase –algo que empieza a preocupar–, y el juego corto de Guardado fue una pesadilla para los intentos de presión del Valencia, aunque progresó poco hacia delante. Júnior anduvo algo fallón con balón, pero de nuevo metió mucho empuje por su banda y pisó área.

El partido de Inui y de Boudebouz fue paradigmático para explicar por qué Setién prefiere al japonés. El asiático la pidió alternadamente a la espalda de la defensa y entre líneas; se plantó una vez ante Doménech (rozó el gol) y cada vez que recibió entre las dos líneas de cuatro, pese al escasísimo espacio que concede ahí el Valencia de Marcelino, se giró y encaró a la línea defensiva local. Bou, sin embargo, la pidió siempre al pie entre líneas y, aunque manejó muy bien el balón, regateó as usual hacia atrás, perdiendo línea de ventaja; entre eso y el mediocre partido de Francis, el Betis casi nunca amenazó al Valencia por su costado. Sanabria tiene el feo papel de esperar entre dos centrales que le llegue el balón sin estorbar la circulación en otras zonas, pero es exigible que intervenga alguna vez tras desmarques y con recepciones de balones largos; no hizo ni una cosa ni la otra, y León tardó medio minuto en llevar más peligro que él. Joaquín prolongó las posesiones béticas y Lo Celso, como extremo derecho algo atrasado, dejó una carta de presentación breve aunque inmejorable.

Los comentarios son siempre bienvenidos. En Twitter, @juanramonlara7.

lunes, 3 de septiembre de 2018

Betis 1 - Sevilla F.C. 0 (3ª jornada de LaLiga)

BETIS (1): Pau López; Mandi, Bartra (Sidnei, m. 87), Feddal; Tello, William Carvalho (Joaquín, m. 74), Guardado, Júnior; Inui, Loren (Sanabria, m. 59) y Canales.
SEVILLA (0): Vaclik; Mercado, Kjaer (Promes, m. 86), Sergi Gómez; Navas, Roque Mesa, Banega, Arana (Aleix Vidal, m. 85); Sarabia, André Silva y Franco Vázquez (Gonalons, m. 60).
1-0, m. 79: Joaquín.
Árbitro: Gil Manzano. Mostró tarjeta amarilla a William Carvalho, Canales, Joaquín, Mercado, André Silva, Kjaer, Sarabia y Roque Mesa en dos ocasiones, la segunda en el minuto 64.
53.500 espectadores, calor y gran ambiente en el Villamarín.

Hizo hoy el Betis un partido tan solo aceptable –sin duda peor que el de Vitoria–, pero sin embargo le valió una victoria en el derbi casero, algo que se le negaba desde hace ya demasiados años.

Minutos 1 al 10
El Sevilla planteó el partido con alineación y esquema previsibles: el habitual 3-4-3 (5-4-1 en defensa) de Machín, con Vázquez y Sarabia como extremos metidos por dentro y a pie cambiado y el tanque Silva arriba; a priori pues, con buen manejo de balón gracias a estos y a dos mediocentros de más calidad técnica que física, Banega y Mesa.

Setién sorprendía un tanto con un par de detalles: Guardado llegaba a tiempo para ser titular (no así Joaquín), y para la banda derecha elegía a Tello, tal vez con intención de castigar al novato Arana. Canales se situaba además como extremo derecho, y Guardado y Carvalho paralelos como en Vitoria, de modo que el Betis quedaba en una ubicación calcada a la del rival que emparejaba naturalmente hombre contra hombre:


El plan de juego bético quedó claro y tuvo éxito en el inicio: intentar sostener sus habituales posesiones largas; si el rival las permitía sin presionar muy arriba, cargar el juego hacia la banda de Tello; si no, atraer la presión sevillista hasta la misma área bética y jugar en largo hacia Canales y, sobre todo, Loren, que, con espacios para recibir, cuerpearían con sus pares para bajar los balones largos. El Betis logró en estos minutos que esto último funcionase, directamente o ganando las segundas jugadas, y con porcentajes de posesión abusivos y la velocidad de Tello, Canales e Inui creó algún peligro en varias llegadas.

Minutos 10 al 64
Kjaer (muy buen central) comienza a ganar el duelo a Loren y la posesión se equilibra. El partido entra en una dinámica moderna típica de un enfrentamiento entre equipos posicionalistas (cada uno a su estilo): posesiones largas, cierto estatismo, y ritmo bajo en cada jugada hasta que se rompen las líneas rivales, momento de acelerar.

El Betis tomaba más riesgos en su presión: casi siempre en hombre contra hombre y bastante agresiva, incluso cuando la jugada sevillista se alargaba, a veces sus tres delanteros se quedaban descolgados al verse superados, lo que resultaba en una peligrosa igualdad numérica atrás. Por suerte el Sevilla careció de velocidad arriba y los centrales béticos ganaron casi todos sus duelos; además Inui y Canales corrigieron poco a poco su posición para ayudar unos metros más atrás. El Sevilla se resguardaba siempre más, Sarabia y Vázquez pocas veces presionan arriba de verdad y el partido entraba en una fase de ocasiones escasas en ambas porterías.

Minutos 64 al 74
Machín mete a Gonalons por Vázquez; el francés se coloca de mediocentro junto a Banega y manda a Mesa al extremo (o llámese interior) izquierdo. Muy pasado de revoluciones el canario todo el partido (como Sarabia), se autoexpulsa, lo que obliga a su entrenador a pasar a un 5-3-1 y entregar el balón al Betis.

Setién da instrucciones de pasar a una especie de 4-4-2 con Carvalho (derecha) y Guardado (izquierda) como mediocentros, Canales mediapunteando hacia el interior derecho, ya Sanabria arriba, e Inui y Tello en las bandas. El resultado es curioso: Tello no se entera muy bien de su nuevo papel y se atornilla a la banda derecha, Canales se queda muy arriba y Mandi, en teoría en ese momento lateral de una defensa de cuatro, sube por dentro, como los laterales-interiores de Guardiola. El Betis la tiene mucho pero llega poco.

Minutos 74 al 79 
Setién decide arriesgar: mete a Joaquín por Carvalho y vuelve a defensa de tres, resultando una especie de 3-1-4-2 con Guardado como mediocentro, Canales a su derecha, Joaquín a su izquierda algo más arriba, e Inui junto a Sanabria como delanteros claros. El Sevilla se acula muy atrás. Joaquín toca muy pocas pero mete una.

Minutos 80 al final
Cuando procedía, más que nunca, alargar las posesiones indefinidamente, el Betis (cansado y con miedo a ganar) comete el grave error de rifar balones por no tomar riesgos atrás, contra su costumbre e idea de juego. Concede varias faltas en el mediocampo (bien defendidas, eso sí), y deja pasar el tiempo. El Sevilla se va arriba a la desesperada pero logra poco peligro real.

Línea por línea
Pau jugó bien con el pie en largo y corto, paró lo que le llegó y se vio involucrado en la jugada de la expulsión.

La línea de tres centrales brilló de nuevo a gran altura, con y sin balón. Mandi culminó su trabajo con el excelente centro del 1-0, al que Joaquín solo tuvo que poner la frente.

Tello estuvo impreciso e inoperante, pero la victoria de sus tres compañeros de línea en sus duelos individuales fue decisiva para la del equipo. Júnior atacó poco pero anuló a Navas, sobrevalorado un verano más por la prensa. Guardado y Carvalho tocaron el balón con claridad, superaron a Mesa y mantuvieron a raya al siempre excelente Banega.

Arriba Canales exhibió de nuevo su enorme calidad, Inui su velocidad en corto para jugar entre líneas sin perder ventajas (algo en lo que mejora a Bou, y por eso juega), y Loren dio preocupantes señales: su puesto tal vez merezca una inversión futura del club.

Setién tiene hasta ahora una hoja de servicios impecable en los derbis, cosa que le dará varias vidas extra en su puesto. Parece decantarse hacia un 3-4-3 como sistema prncipal, aunque la llegada de Lo Celso puede hacerlo volver al 3-1-4-2, Decepcionó un tanto la actitud timorata del equipo al final.

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domingo, 26 de agosto de 2018

Alavés 0 - Betis 0 (2ª jornada de LaLiga)

DEPORTIVO ALAVÉS (0): Pacheco; Martín, Laguardia, Maripán, Duarte; Ibai, Wakaso, Manu García, Jony (Twumasi, m. 83); Rubén Sobrino (Burgui, m. 72) y Borja Bastón (Guidetti, m. 63).
BETIS (0): Pau López; Mandi, Bartra, Feddal; Francis (Tello, m. 75), Guardado, William Carvalho (Boudebouz, m. 81), Júnior; Canales, Loren e Inui (Sanabria, m. 60).
Árbitro: González Fuertes (Comité Asturiano). Mostró tarjeta amarilla a Wakaso, Manu García, Martín y Bartra. 18.000 espectadores.

Hizo un buen partido el Betis en Mendizorroza y solo detalles en el área del Alavés lo privaron de la victoria. Sin pasar ni mucho menos por encima de ellos, el equipo bético sí fue superior a los locales, algo meritorio ante un Alavés de Abelardo en su estadio.

Primer tiempo
Es difícil conocer las razones exactas por las que Setién y Sarabia eligen el esquema exacto para cada partido. Esta vez, pese a una alineación similar (solo Inui entró por Boudebouz) y a mantener la línea de tres centrales atrás, el esquema cambió sutilmente respecto al de la primera jornada: Canales jugaría a la altura de Inui en lugar de a la de Guardado, de modo que el mexicano quedaría paralelo a Carvalho (todos ellos a pie cambiado), y se formaría así un 3-4-3 (como advertimos apenas iniciado el partido) que evita los problemas de colocación ofensiva explicados en la entrada anterior de este blog, y similar al usado por Roberto Martínez en Bélgica en algunos partidos del Mundial, con una pareja de mediocentros creativo + físico jugando prácticamente a la misma altura, y los dos extremos metidos por dentro.

Enfrente el Alavés trató de plantear un 4-4-2 similar al del Levante hace una semana. Sin embargo, fuese por la mejor colocación bética o porque el Alavés intentó ir un poco más arriba y separó más sus líneas defensivas, lo cierto es que el Betis llegó con enorme facilidad al balcón del área local en el primer cuarto de hora. Bastante fijos de posición Carvalho y Guardado, se demostraba así que si el equipo que ataca está bien colocado y separado no es necesaria mucha movilidad (o sea, hay que correr poco) para encontrar espacios en el sistema defensivo rival. Una de las claves para ello fueron los cambios de juego de Mandi y Feddal: tras ganar de forma solvente (como ante el Levante) el 3 contra 2 de salida de balón, los centrales béticos castigaban así las basculaciones con las que el bloque alavesista trataba de anular al hombre libre bético: con balones cruzados hacia unos Francis y Júnior siempre muy abiertos.

A diferencia de lo sucedido ante el Levante, los avances de Feddal no chocan con un interior bético y las ayudas por basculación del Alavés son castigadas por el marroquí con cambios de juego hacia Francis; Mandi hizo lo mismo hacia Júnior.

La presión bética fue efectiva: mucho más temerosos de tocar el balón atrás, los cuatro defensas alavesistas jugaban en largo a la primera dificultad, de modo que un simple acercamiento de Inui o Canales hacia un central provocó el pelotazo durante todo el partido.

El Alavés sin embargo no se atreve a sacarla jugada: cuando la pelota va por ejemplo hacia su central o lateral derecho una mera basculación del extremo bético del lado contrario provoca el pelotazo.

El plan del Alavés era muy típicamente norteño: presión alta a ráfagas (es insostenible todo el partido), juego largo y veloz, 4-4-2 con extremos a pie natural, y confianza en el balón parado. En todo caso durante toda la primera parte el Betis monopolizó la posesión y creó infinidad de acercamientos peligrosos, mal resueltos sin embargo por la tripleta de ataque.

Minutos 46 al 75
El Alavés ajusta y adelanta la presión, Pau López, que hasta entonces había encontrado siempre a un centrocampista libre en los saques de puerta, toca con menos fluidez y el Alavés aprieta seriamente, aunque solo llega en robos altos o a balón parado. A cambio el esporádico juego largo bético encuentra a sus delanteros emparejados hombre a hombre contra una adelantada defensa y el Betis crea pocas ocasiones, pero muy claras.

Cuarto de hora final
Setién se la va jugando: tras desplazar a Loren a la izquierda para meter a Sanabria por Inui, mete a Tello por el carril derecho y retrasa a Canales para meter a Boudebouz como extremo de esa banda. Abelardo toma también riesgos y, muy cansados los dos equipos, el partido acaba en un ida y vuelta que el Betis (detiene algunos contragolpes) no se atreve a jugarse al todo o nada. Llegan ocasiones en ambas porterías, pero muchas más para los béticos.

Línea a línea
A falta de más ver Pau parece muy buen portero en los tiros de media y larga distancia. Con el pie comienza a responder a lo que se le pide, asunto muy importante en este Betis.

La línea de centrales fue la mejor del equipo y pareció recuperar la seguridad de la temporada pasada. Mandi, el más destacado, anduvo rápido y midió bien, Feddal cubrió mucho campo y Bartra, sin parecer en su mejor forma, cumplió.

Francis volvió a ser la sorpresa en la alineación; no estuvo muy contundente atrás ni profundizó demasiado, pero estuvo tan cumplidor como siempre y extraña la inquina que cierto sector de la afición empieza a tomar hacia él. Setién tendrá sus razones para preferirlo estas semanas a Barragán, pero tal vez haría bien en proteger al canterano. Tello lo mejoró ostensiblemente en ataque. Por el lado contrario Júnior lució otra vez su juego de fuerza física y aparente sencillez con el balón. Carvalho y Guardado formaron una curiosa pareja: el mexicano mostró carencias en la destrucción pero tocó con sentido siempre, y el portugués mostró carencias en la creación a partir del descanso, cuando se le agotaron (otra vez) las pilas, pero tapó mucho campo; mundialistas ambos, es de suponer que mejorarán su estado físico con el paso de las semanas.

Arriba Loren y Sanabria (más activo el primero) no acertaron de cara a puerta, como tampoco Inui, cuyo juego de zancada rápida y corta es muy conveniente ante rivales encerrados. Boudebouz frenó jugadas de manera un tanto extraña, y Canales (muy elogiado por la prensa) trabajó con denuedo pero alternó vistosas jugadas en mediocampo (y arrancadas muy interesantes en su posición) con errores impropios de su calidad cerca de la portería rival.

Las críticas a Setién a estas alturas de temporada son muy difíciles de comprender. Para aficionados impacientes se recomienda estudiar la distribución de Poisson.

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martes, 21 de agosto de 2018

3-1-4-2, 3-4-1-2

La posición de los jugadores atacantes en un campo de fútbol es hoy un asunto muy de moda, que ha producido una gran cantidad de literatura y conceptos, muchos de ellos geométricos (los triángulos, el uso de los espacios intermedios, las alturas de ataque, el uso de extremos, el mediocentro único, los laterales interiores, etc.). Desgraciadamente, la mayoría de esos conceptos no tiene una base intelectual muy sólida, y se les da validez por mero argumento de autoridad: si lo dice X, será verdad.

Desde este blog y en alguna publicación hemos intentado demostrar con algún rigor que un concepto básico sí tiene fundamento para el fútbol de posición: distanciar a los jugadores atacantes entre sí tanto como sea posible para crear espacios en los que jugar con más tiempo y comodidad. De ese concepto, que por cierto genera él solito todos los escritos arriba, se sigue que hay muchos esquemas válidos (como era de esperar, el 4-3-3 y el 3-4-3 son los primeros), y que todos se pueden clasificar por eficacia en esa separación. Por contra, otros se crean problemas concretos que los hacen peores.

¿Cómo funciona en este sentido el 3-1-4-2 que usa ahora el Betis? No muy bien. Aparentemente las líneas quedan armónicas (las imágenes del artículo proceden del Carranza ante Las Palmas y de la jornada 1 ante el Levante):



Pero basta con que el rival estreche un poco el campo, como sucedió el viernes, para que se evidencien dos problemas:


Para dar más fundamento al asunto veamos su pura realidad estadística: las posiciones medias ofensivas reales del partido ante el Levante.


Los dos problemas importantes son:

- Los dos interiores están respectivamente muy cerca de los dos delanteros; de hecho las posiciones de Guardado y Loren prácticamente se pisan.
- El central central (5) tiene un problema similar con el mediocentro (14), Carvalho, quien además (pese a que el portugués intenta disciplinadamente no venir nunca atrás a recibir) le cierra la salida natural en conducción. Bartra lo trata de arreglar retrasando su posición, lo que lo deja muy lejos de la jugada de ataque.


Veamos un ejemplo ante Las Palmas:


Bartra conduce hacia Carvalho, de suerte que un solo defensor bloquea la salida de ambos. Abajo a la derecha Canales y Boudebouz están, simplemente, juntos, en una situación repetidamente vista en ese partido; en lugar de tener cerca solamente a su marcador tendrán a dos defensas: muy difícilmente podrán recibir el balón.

¿Tiene solución esto sin alterar demasiado esta estructura de juego, que funcionó bien defensivamente la temporada pasada? Bastaría un sutil movimiento, que de hecho los béticos hacen de forma natural pero por desgracia muy esporádicamente: convertir el 1 + 2 central (Carvalho, más Canales y Guardado en paralelo por delante) en un 2 + 1 (Carvalho y Guardado en paralelo, más Canales por delante, o bien con Canales junto a Carvalho y Guardado por delante). La movilidad natural de los jugadores para buscar espacios más cómodos lo ha producido algunas veces (ataque hacia la derecha contra Las Palmas, y hacia la izquierda contra el Levante):


Fue de hecho lo que intentó Setién con Inui por detrás de los dos delanteros muy a final del partido inaugural de la Liga. Para el 4-4-2 que suelen oponer al Betis resulta además muy incómoda de defender la posición del fantasista entre líneas, al estilo del Zidane de la Juve de los 90: aquí Guardado, a la espalda de dos mediocentros ya atareados con los dos mediocentros rivales, pero lejos de los centrales, a su vez pendientes de los dos delanteros (véase al fantasista a punto de recibir arriba ante el Levante):


Más aún: si al nicio de cada jugada, partiendo del 1 + 2 (Carvalho por detrás, dos por delante), se retrasara alternativamente en cada jugada uno de los dos interiores (Canales o Guardado en este caso) a la altura de Carvalho para formar esta nueva disposición, se pondría en mayores aprietos aún a un sistema defensivo rival sin referencias claras, que no detectaría pares claros nunca.

En el fondo lo que sucede es que esta configuración vuelve a situar a los atacantes en triángulos más o menos equiláteros, una red mucho más efectiva para distanciar a los jugadores atacantes entre sí, creando espacios. Y se demuestra que el famoso mediocentro único obligatorio es otro dogma del fútbol de posición que se mantiene por costumbre pero cuya validez tiene sentido solo en su contexto (el 4-3-3); no en este caso, cuando se sale con línea de tres atrás.

Otra posible aternativa, naturalmente, es pasar diectamente a un 3-4-3 en el que un slo delantero centro esté flanqueado por dos extremos metidos por dentro (por ejemplo Loren con Boudebouz e Inui a sus lados), disposición ensayada también en pretemporada.

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sábado, 18 de agosto de 2018

Betis 0 - Levante 3 (1ª jornada de LaLiga, temporada 2018/19)

BETIS (0): Pau; Mandi, Bartra, Feddal; William Carvalho (Inui, m. 65), Francis (Barragán, m. 74), Guardado, Canales, Junior; Boudebouz (Sanabria, m. 62) y Loren.
LEVANTE UD (3): Oier; Coke, Postigo, Chema, Toño; Jason (Dwamena, m. 89), Campaña, Doukouré (Prcic, m. 68), Bardhi; Morales y Roger (Luna, m. 73).
Goles: 0-1, m. 37: Roger. 0-2, m. 54: Morales. 0-3, m. 94: Morales.
Árbitro: Iglesias Villanueva (Comité Gallego). Muy permisivo con las pérdidas de tiempo. Amonestó a Luna y Morales.
Incidencias: 46.000 espectadores en el estadio Benito Villamarín.

El Betis recibió anoche una cura de humildad en forma de abultada derrota ante el Levante, pese a ser superior a los valencianos durante la primera hora de juego.

Minutos 1 al 55
Setién planteó el partido con el esquema y la alineación aquí previstos, con la única sorpresa de la entrada de Francis por Barragán en el lateral derecho:

Elaborado con sharemytactics.com

Como evidencian la siguiente captura del inicio del partido (Bartra está a la izquierda, muy atrasado y fuera de plano) y las posiciones medias ofensivas de los jugadores, se trata de un 3-1-4-2 en el que Boudebouz y Loren hacen de puntas a alturas similares:


Fuente: As

En el cerrado y sacrificado 4-4-2 del Levante los cuatro centrocampìstas quedaban emparejados con los interiores y carrileros béticos, de modo que el Betis tenía una cómoda superioridad en la salida de balón de tres contra dos más Carvalho bastante libre, a cambio de una doble inferioridad numérica en zona de ataque.

Muy metidos atrás los levantinos, durante casi una hora el Betus manejaría altísimas cuotas de posesión, y el partido se convirtió en un clásico duelo de estilos: el Betis apostaba por largas posesiones y una fuerte presión postpérdida, que le permitía recuperar el balón muy rápidamente, y el Levante por contragolpes rápidos al espacio de sus dos puntas en las escasísimas ocasiones en que sus jugadores lograban zafarse de esa presión. Bien estudiado su rival, el Levante permitía la salida solo por el costado de Feddal, el menos hábil de los tres centrales béticos, quien solía enredarse al llegar a las proximidades del área; muy sujetos los puntas béticos –cuatro defensas para Loren y Boudebouz– y muy juntas las líneas del Levante, el peligro bético llegó en balones cruzados desde las bandas y en mil disparos desde el borde del área.

El Betis corrió ciertamente algunos riesgos defensivos, por ejemplo en los saques de puerta del Levante, en los que Carvalho y los tres centrales quedaban en igualdad numérica ante los dos puntas y los dos extremos visitantes (a veces incluso inferioridad, por adelantamiento del mediocentro portugués); pero lo cierto es que durante esa hora el Levante apenas logró montar ataques en posicional y sus contragolpes fueron escasísimos. Tal vez el Betis arriesgó en la presión más que la temporada pasada; si fue así, los resultados tácticos fueron magníficos: los béticos dominaron esa fase del encuentro de forma casi absoluta, llegando a apabullar con llegadas constantes al Levante durante el inicio de la segunda mitad. La fortuna se encargó de que fuese el Levante quien marcase, y por dos veces.

Últimos 35 minutos de partido
Tras el 0-2 el Betis perde los nervios, surgen lógicas prisas y se le escapa el control del partido al sufrir pérdidas en jugadas demasiado precipitadas. Sorprendentemente Setién no toca su trío de centrales y pasa a un 3-4-1-2 en el que Inui juega por detrás de Sanabria y Loren. El Levante acumula defensores sin tocar apenas su esquema, el Betis y su grada pierden la fe y el partido acaba en un ida y vuelta cerrado por el 0-3.

Línea a línea
Pau mostró buen juego de pies, aunque pudo hacer algo más en el primero de los goles.

La posición central de Carvalho estorbó las salidas en conducción de Bartra, bien sujeto como Mandi en la salida de balón, aunque rápidos ambos en defensa. Feddal, casi siempre hombre libre en el inicio de jugada, no supo encontrar caminos para hacer progresar el juego.

William Carvalho, pese a estar lejos aún de su mejor forma, hizo una buena primera parte y mostró las cualidades necesarias para un mediocentro en este modelo de juego: buena salida a uno y dos toques y ocupación del campo. Tras el 0-2 perdió la compostura con el balón.

Francis percutió correctamente por su banda, aunque el juego de Barragán fue, como suele, más concreto a la hora de finalizar las jugadas. Guardado, aún lejos de su estado físico ideal, mejoró con los minutos. Canales tuvo detalles de calidad pero los estrechísimos espacios en los que se desenviovió el juego de ataque bético impidieron que luciera algunas de sus virtudes, como la zancada. Junior fue el mejor de su línea: empujó muchísimo por su banda e impuso su potencia en todas las jugadas.

Loren y Boudebouz, como luego Sanabria, asumieron con resignación su papel posicional, tratando de recibir entre las líneas levantinistas sn venir demasiado atrás a estorbar el flujo del juego; se les pide, eso sí, acierto en las escasas ocasiones en las que intervengan, y no fue el caso. Inui debe aún comprender su papel en el juego; abusó de la conducción en un partido ya roto para entonces.

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lunes, 6 de agosto de 2018

Una cuestión de espacio

Todo el mundo sabe jugar al fútbol si le dejas cinco metros de espacio.
Johan Cruyff

El aficionado bético observador de cuestiones tácticas ha podido detectar durante la pretemporada un curioso movimiento repetido en la salida de balón por el defensa más central de la línea trasera de tres del Betis (habitualmente Javi García). Al sacar el balón ante un equipo rival replegado, ese jugador se coloca como el más atrasado de los tres centrales. Es lo normal en estos casos:


Sin embargo, cuando el rival adelanta la presión y obliga a los tres centrales béticos –siempre en posesión de balón– a recular hasta cerca de su propia área, ese defensa se adelanta unos metros respecto a sus compañeros de línea, hasta una posición más propia de un mediocentro:


El movimiento, raro de ver, es inverso al de la llamada salida lavolpiana: en lugar de meter al mediocentro entre dos centrales para montar una línea de tres, se saca a un central de la línea de tres para convertirlo en mediocentro por delante de los otros dos. ¿Por qué?

La razón de ese movimiento es muy sencilla: si observamos el esquema tal y como estaba...


y simplemente retrasamos todo el bloque tal cual, el central acaba solapando su posición con la del portero:



y entonces se pierde un receptor de balón y con ello la ventaja numérica de poder jugar con el guardameta en la salida de pelota. Para evitarlo ese defensa se adelanta en el sentido de la flecha, y queda así:


El caso sirve como ejemplo de un concepto fundamental en el fútbol de posición, y que explica por qué se llama así y no de posesión, como creen muchos: los jugadores deben respetar las posiciones y espacios de los compañeros, y especialmente en la salida de balón, para crear líneas de pase diferentes a disposición del compañero que tiene el balón.

Para que esas posiciones entre las que pasarse el balón sean más difíciles de contrarrestar para el rival es fundamental que los receptores estén tan distanciados entre sí como sea posible: en la salida de balón el equipo poseedor está siempre en superioridad numérica (incluso en caso de que el rival presione hombre contra hombre apoyarse en el portero propio supone tener un hombre de más). Por tanto en cada momento de la jugada tiene que haber al menos un hombre libre, sin marca (con frecuencia, dos o más). Por ejemplo:

En el mismo partido, una típica salida de balón en la que dos jugadores del Lille tratan de cerrar la progresión de tres del Betis. Mandi y Garcia han logrado atraerlos (dividirlos, en la jerga) y la pelota irá a Tosca, libre de marca.

Al pasarle el balón a este hombre libre obligamos a un defensor (en este caso, a un delantero del equipo defensor) a acudir desde otra marca para cerrarle. Al distanciar a los receptores potenciales hacemos correr más distancia a ese defensor, y por tanto nuestro jugador tendrá más tiempo para jugar (controlar, avanzar y finalmente, cuando sea encimado, pasar el balón al siguiente hombre libre).

 El defensor francés tendrá que recorrer casi quince metros para cerrar a Tosca cuando este reciba.

Por esta razón, al sacar el balón los equipos suelen situarse, más o menos premeditadamente, en unas posiciones que maximizan las distancias entre sus jugadores, hasta el punto de que acaban con frecuencia en lugares sorprendentemente parecidos a los que resultan de una simulación informática de optimización de distancias. Las siguientes imágenes están sacadas todas de este blog.

Distribución óptima de distancias (ataque de abajo arriba): 2-1-4-3 (tomada de un artículo aquí publicado)
El Betis de Mel ante el Granada (2012, ataque hacia la derecha; el movimiento de Salva va a averiar el invento)

El Betis de Mel en 2015 ante el Dépor (ataque hacia la izquierda)

El Betis de Poyet ante el Coruña (ataque hacia la izquierda). Abajo a la izquierda, Poyet.


El Betis de Setién ante el Athletic (ataque hacia la derecha)

Hay jugadores –e incluso equipos enteros– que no comprenden bien este importante principio del respeto de las posiciones del compañero. Isco pisó durante todo el Mundial los terrenos de Iniesta, y acabó chocando grotescamente con Aspas ante Rusia:

Los rusos encantados: marcar a rivales que se juntan tanto es muy fácil

Pues bien, una vez así situados los atacantes, la jugada ideal del juego de posición consiste básicamente en ir pasando el balón de hombre libre en hombre libre, aprovechando el intervalo de tiempo en que el propio poseedor del balón lo es (porque aún no ha llegado un rival a cerrarlo) para conducir el balón hacia delante –punto este en el que Bartra es un consumado experto–. 

La mayoría de los tópicos de este estilo de juego se derivan de esa mecánica base: los extremos (o carrileros en este Betis) pegados a la cal que esperan pacientemente en su posición, la ocupación de espacios intermedios, los cambios de juego cuando el rival bascula y deja libre justamente al hombre de la banda alejada, el uso del tercer hombre para triangular cuando el defensor cierra la línea de pase hacia el hombre libre, la larga elaboración de juego entre los centrales hasta que consiguen crear ese primer hombre libre... Y justamente para mejorar la técnica colectiva de situarse correctamente y encontrar al hombre libre en superioridad numérica se juegan los famosos rondos y juegos de posición.

En el Betis de Setién se usan aún otros recursos para crear mayores espacios y dificultar aún más el robo de balón al rival:

- Por un lado se suele llevar a una versión bastante extrema la atracción de rivales y provocación de la presión alta del rival, hasta el punto de que en ocasiones se renuncia a avanzar, especialmente con el marcador a favor, para incitar a la primera línea del rival a acercarse a los defensas béticos y provocar así huecos a sus espaldas –Mandi es especialista en este recurso–. Los delanteros béticos tienen además la misión de amenazar la espalda de los defensas rivales para aumentar más la distancia entre líneas del equipo que defiende.


Movimientos de atracción y amenaza para obligar al rival a separar líneas

- Por otro lado, al entrenar rondos en espacios muy reducidos el jugador se habitúa a ellos y los espacios naturales del juego real se le hacen mucho más cómodos.
- Para evitar jugar demasiado estáticos pero al tiempo no pisarse los espacios entre sí se realizan movimientos de permuta entre varios, tres típicamente, como movimientos hacia atrás de un extremo que arrastran a su lateral y abren al interior:

Permuta de posiciones en ataque entre Joaquín, Fabián y Barragán, típica de la temporada 17/18

Como puede verse, en suma, el juego de posición en fase ofensiva consiste fundamentalmente en un trabajo colectivo para que cada jugador reciba el balón en las mejores condiciones de espacio posibles, porque eso le dará tiempo para jugar y hacer daño al rival. En principio no hay nada extremista ni arriesgado en ello, sino que más bien se trata de aplicar pura racionalidad a partir, eso sí, de la voluntad de jugar colectivamente (sin estrellas que vengan a quitar el balón de los pies a sus centrales para ayudarles a sacar el balón jugado) y de querer avanzar tocando el balón por abajo, evitando en lo posible otros medios, igualmente lícitos, como el pelotazo largo.

PS: De modo inverso, un equipo con los jugadores muy juntos (por ejemplo, en los instantes inmediatos a recuperar el balón) tendrá dificultades para pasarse la pelota y conservar la posesión; por eso el rival aprovecha esos breves segundos –si los ha preparado bien– para hacer la famosa contrapresión o presión postpérdida. De esto, y de cómo distancian a sus jugadores los esquemas que está jugando el Betis esta pretemporada (3-1-4-2 y 3-4-3) intentaremos hablar próximamente.

Los comentarios son bienvenidos. En Twitter, @juanramonlara7.

domingo, 15 de julio de 2018

Balance y apertura de un nuevo proyecto

La final del Mundial esta tarde y el primer amistoso de pretemporada ganado ayer por el Betis al Nottingham Forest marcan el cierre de la temporada 2017-18 y el inicio de la 2018-19. Es buen momento para hacer el postergado balance de la temporada pasada del primer equipo del Betis, y los primeros comentarios sobre la temporada que se avecina.

El notable alto que merece la temporada pasada debe atribuirse fundamentalmente, sin duda, al trabajo del equipo técnico de Setién –con su implantación del juego de posición como modelo– y a la aportación de la cantera del club al primer equipo. No menospreciamos, en absoluto, el trabajo de la directiva y de la dirección deportiva, en primer lugar por ser responsables del fichaje de Setién y la organización de la cantera, y en segundo por la recuperada estabilidad del club y el saneamiento de sus estructuras deportivas; pero en cuanto a diseño de la plantilla su trabajo ha alternado grandes aciertos (Barragán, Guardado o Bartra) con decepciones en las grandes inversiones (Camarasa, Boudebouz, y en menor medida Tello y García).

Primera vuelta
La temporada bética siguió una trayectoria que parece típica en los equipos que se estrenan en este modelo de juego (como pasó con el City en la 2016-17): un inicio eufórico, una caída abrupta de rendimiento y una exitosa estabilización final, que en el Betis abarcó casi toda la segunda vuelta, desde el partido ante el Villarreal de la 22ª jornada de Liga.

En lo táctico la primera vuelta bética –en sus partidos buenos y en los malos– se caracterizó por un juego ultraofensivo que dio como resultado marcadores abultadísimos en una y otra portería. Setién trataba de implantar un juego de posición muy valiente, desde un 4-3-3 que pretendía recuperar rápidamente el balón en campo contrario a través de la presión alta, y se encontraba un caudal (y un acierto) ofensivo impresionante pero muy poco control defensivo. El 4-4 de Anoeta, muy analizado (aquí y aquí, por ejemplo), fue ejemplar y nos permitió ver (cuando aún todo eran piropos) el gran defecto táctico de ese Betis: curiosamente el equipo no recibía los goles por los problemas habitualmente atribuidos a este modelo de juego (el riesgo en la salida de balón, la exposición a las contras por jugar con poca gente por detrás del balón y defender hacia delante, el balón parado...) sino por su mal posicionamiento en defensa estática: un exceso de ambición por recuperar el balón provocaba espacios entre las dos líneas de cuatro del 4-1-4-1 defensivo bético e inferioridad numérica en el centro del campo, castigados por los equipos que sabían salir de esa presión; el Betis, como en tiempos de Poyet, quería presionar siempre, sin momento ni tasa, y provocaba la aparición de hombres libres para el rival en zonas inconvenientes.


Un segundo problema, este ofensivo, se evidenció cuando era el Betis el equipo presionado muy arriba: fuese por falta de calidad (García, Camarasa, Narváez) o de físico (Guardado) los tres centrocampistas béticos nunca se giraban y corrían hacia la puerta rival para castigar esa presión, que se convirtió en habitual en los rivales para desposeerlo del balón y tratar de hacer jugar al Betis a contraestilo.

Segunda vuelta
La 22ª jornada –curiosamente un partido mediocre salvado por la fortuna– trajo la solución al primer problema: sin alterar su modelo de juego (como pretendió, absurdamente, cierta prensa sevillana) el equipo pasó a un 3-1-4-2 hasta entonces apenas usado rara vez (y solo en fase ofensiva). Este esquema resultó mucho más compacto en fase de defensa posicional: desde entonces los dos delanteros béticos obstaculizarían la típica salida de balón de los dos centrales y mediocentro rivales (azules en la imagen: defensa ante un típico 4-3-3), permitiendo al resto del equipo defender en superioridad numérica.


El equipo ajustaba mejor la presión postpérdida, y además su centro del campo sabía ya cuándo no hacerla, ser más prudente y esperar al rival. Este detalle y el fichaje de Bartra, un verdadero jefe en su sector, permitieron juntar más las líneas en defensa posicional (la de delante más atrás, la de atrás más adelante) y el rendimiento defensivo mejoró espectacularmente: de ser uno de los equipos más goleados de LaLiga pasó a una racha histórica sin recibir goles. El ataque se resintió un tanto, pero el equipo que antes empataba a cuatro pasó a ganar uno a cero, y se disparó en la clasificación.

En esa mejora defensiva y en la solución a los problemas ofensivos en el centro del campo antes citados influyó decisivamente la mejora de rendimiento individual en varios sectores del campo: al fichaje de Bartra se unieron: la irrupción de Junior (sobre todo), Loren y Francis, subidos por valentía de Setién desde el filial; el ascenso de Fabián, que pasó de estar a punto de ser cedido a ser el interior revelación de LaLiga; y la recolocación ocasional de Joaquín por dentro. El Betis ya sí tenía interiores con arrancada (véanse las jugadas de Fabián ante el Levante o de Joaquín en Gerona) y manejo de balón, capaces de castigar la presión alta rival, que de hecho el Betis provocaba claramente con largas posesiones de atracción por parte de Mandi y Bartra. La ventaja táctica de oponer al rival un esquema raro, alterándole los hábitos posicionales defensivos –provocando por ejemplo indecisiones defensivas a la hora de seguir a los carrileros béticos–, jugó también a favor del Betis, que –pese a sus relajados partidos finales acabó sexto.

En cuanto al rendimiento individual de los jugadores, además de los ya citados canteranos o las valiosísimas aportaciones de Bartra y el rejuvenecido Joaquín, hay que mencionar la mejora enorme de Mandi (adaptadísimo a los conceptos de Setién) y el buen rendimiento de fichajes como Barragán, Feddal (hasta su tremenda lesión), Guardado y Sergio León (poco valorados sus trece goles). Entre las decepciones se cuentan un Camarasa poco hábil y desorientado con balón, incapaz de adaptarse al juego que se le demanda en este modelo, un Boudebouz que parece ir entendiendo, muy lentamente, su rol en este tipo de fútbol, y, en menor medida, Javi García y Tello, que aportaron fases interesantes pero a los que se busca relevo en sus puestos.

Inicio de la planificación y perspectivas
Las carencias mostradas por el equipo en los extremos y en los tres puestos del centro del campo (mediocentro, sobre todo, e interiores) hacían recomendable ir al mercado a suplirlas, y más aún una vez conocida la salida de Fabián. Con enorme acierto y a coste de fichaje cero se adelantó trabajo con las llegadas de Canales e Inui, muy buenos futbolistas para equipos que quieran tener el balón, e ideales para jugar como extremos a pie cambiado en un 4-3-3 (aunque Canales se postula también como posible interior derecho). Más arriesgada es la sustitución de los dos porteros, no tanto porque el rendimiento de Adán haya sido muy alto la temporada pasada (particularmente en el antiguo trabajo de parar bajo palos) sino porque la juventud de Pau López y la escasísima continuidad de Joel en las últimas temporadas dan incertidumbre a un puesto decisivo; habrá que confiar en la proyección de Pau y en el ojo de los técnicos béticos.

Abiertamente discutible es la enorme inversión (del orden de dos tercios de lo obtenido por Fabián) realizada en William Carvalho, jugador sin duda de jerarquía, pero más caro de ficha, cuatro años más mayor y (naturalmente) mucho menos bético que el canterano. Ciertamente su puesto, el de mediocentro posicional (con un claro perfil defensivo en su caso) era muy reforzable, y es de suponer que mejorará ostensiblemente el rendimiento defensivo de Javi García. Pero no es esperable de él mucha más capacidad de pase que este, ni velocidad de giro para recibir de espaldas; esto es, tiene limitaciones ofensivas muy parecidas a las del muleño y no parece especialmente adecuado en principio para el modelo de juego de Setién. El primer problema surge cuando aún está de vacaciones: su perfil le dará problemas para jugar por delante de tres centrales (en posiciones más adelantadas que las que suele ocupar un mediocentro en un 4-3-3: tendrá que saber recibir de espaldas y girarse), lo que compromete su uso como mediocentro en el 3-1-4-2 tan exitoso entre febrero y mayo.

Por demás la edad de Guardado y Joaquín más la salida de Fabián hacen imprescindible reforzar, mucho y bien, los puestos de interior, donde más allá del mexicano no hay ahora mismo un solo jugador que ofrezca garantías: Joaquín por esa edad y por no haber sido su puesto natural, Narváez y Camarasa por su fracaso el año pasado, Boudebouz y Canales por su poca predisposición defensiva... Fuera Durmisi y contando a Junior como posible central izquierdo ocasional, el lateral izquierdo necesita también una alternativa. Otros puestos, como el de delantero centro, son naturalmente reforzables, pero no parece fácil encontrar algo mejor que lo que hay a precio asequible.

Los comentarios son bienvenidos. En Twitter, @juanramonlara7.