domingo, 8 de noviembre de 2015

Málaga 0 - Betis 1 (11ª jornada de Liga de Primera División)

MÁLAGA C.F. (0): Kameni; Rosales, Angeleri, Weligton, Boka; Fernando Tissone, Recio (Cop, m. 70); Tighadouini (Mastour, m. 85), Duda,  Juankar (Horta, m. 76); y Charles.
BETIS (1): Adán; Piccini, Bruno, Westermann, Varela; Petros, Digard (Xavi Torres, m. 46); Cejudo (Molinero, m. 85), Van der Vaart (Dani Ceballos, m. 66), Joaquín; y Rubén Castro. 
Gol: 0-1, minuto 64: Rubén Castro.
Árbitro: Prieto Iglesias, navarro. Amarillas para Bruno, Álvaro Cejudo, Angeleri, Piccini, Charles, Varela y Van Wolfswinkel (banquillo).
Buen tiempo y muy buena entrada en La Rosaleda, con cerca de un millar de béticos.

La sufrida (e injusta, ocasiones a la vista) victoria lograda anoche por el Betis agitará durante las próximas semanas el debate sobre el estilo de juego adecuado a este Betis, pero tranquilizará el ambiente en torno al entrenador y su equipo. Guste o no el trabajo de Mel, el observador objetivo ha de reconocer que el balance de puntos es bueno y que si estos se hubiesen ganado en casa es probable que no hubiese debate alguno.

Primera parte
Feo o bonito, acertado  o no, anoche el Betis tuvo un plan y la alineación fue coherente con este. Convencido de que a su equipo no le debe preocupar tener el balón –asunto en el que entraremos largamente en un post que se publicará próximamente–, Mel esta vez sí dispuso un once preparado para el juego de pelotazo, robo y contragolpe. Ciertamente este juego parece más clementista (velazquista, habría que decir aquí) que melista; pero lo cierto es que el Betis, voluntaria o involuntariamente, ya venía jugando así en los partidos anteriores, y lo que se haga, sea lo que sea, conviene tratar de hacerlo bien.

Así pues Mel necesitaba, antes que manejadores de balón, jugadores con potencia para jugar al espacio y ganar metros por banda. En el ostracismo Vadillo, una mirada a su plantilla sólo le ofrecía dos con ese perfil: Joaquín y Cejudo, especialmente útil este cuando se espera un juego de choque y carrera. Sacrificado Portillo, Mel decidió prescindir del tanque arriba para dar minutos a Van der Vaart como mediapunta, lo que abandonaría a Castro a la soledad en la punta. El Málaga optó por un sistema idéntico: un 4-2-3-1 con un mediapunta, Duda, del mismo perfil que el holandés: zurdo con clase, veterano, de escaso físico, buen lanzador a balón parado y con un juego ofensivo más de centrocampista que de segundo delantero. El Málaga lleva cinco goles a favor en once partidos, y este esquema no es ajeno a ello. Veamos por qué y qué puede aprender el Betis de ello.

El llamado mediapunta, cuando es del perfil arriba visto, es un jugador que defiende como delantero de un 4-4-2 (ayer Van der Vaart se quedaba arriba junto a Castro) y ataca como mediocampista, pues se retrasa para pedir la pelota en posiciones de interior cuando su equipo la tiene. Esto es, corre en dirección opuesta a la del equipo y si –caso de Duda y Van der Vaart– no tiene mucha potencia física, rara vez llega arriba a posiciones de remate. Tales privilegios, justificados por sus posibles asistencias y un buen movimiento de balón, requieren a cambio que los dos extremos del equipo se ofrezcan por delante, que ataquen y goleen como verdaderos delanteros y que defiendan como centrocampistas de banda del 4-4-2. La especie privilegiada capaz de tal hazaña es muy rara de hallar, y suele valer cara (Neymar o Pedrito, para entendernos); es más fácil encontrar a extremos que apenas pisan el área desde esa posición, como Joaquín, o que cuando la pisan rara vez aciertan con la portería, como Cejudo o Juankar (bien lo demostró anoche). La consecuencia suele ser que, por mucho que se alarguen los ataques para dar tiempo a esas idas y vueltas, el equipo pierde gol. El Betis de Verdú y este Málaga de Gracia son buenos ejemplos.

¿Qué ventajas supone esto respecto a un segundo delantero? Como vemos, nada en ataque, muy poco en defensa (sigue siendo un 4-4-2, y si se quiere retrasar en esta fase a un segundo punta, fácil es), y si sumamos el agravante de que se pierde salida en largo cuando te presionan arriba (ahí Molina suele aliviar mucho), resulta que con semejante perfil en esa zona (el de Portillo, Van der Vaart e incluso Ceballos) nada ganará el equipo. Otra cosa, huelga decirlo, es tener a un verdadero segundo delantero, como Müller en el Bayern o Bale en el Madrid, que toque entre líneas pero sí aporte goles, velocidad, salto y llegada.

No debe sorprendernos pues que la primera parte, tras un arranque muy intenso de los béticos (bien ahí por fin la mentalización previa del equipo), fuese dominada territorialmente por el Málaga, pero que sus remates con peligro no fuesen muchos. La mayoría de ocasiones locales llegaron cuando el Betis, con intención de no encerrarse muy atrás y de buscar esporádicamente el robo alto, cometía descoordinaciones en el mediocentro (Petros jamás guarda la posición y Digard casi siempre lo hace), que provocaron peligrosos espacios en esa zona. En dirección contraria la presión malagueña tampoco era muy intensa e incluso hacia el último cuarto de hora pudo el Betis tratar de salir tocando desde atrás, sin acierto, por cierto.

Minutos 46 al 64
Tras el cambio de mediocentro posicional por lesión, el Betis adelanta veinte metros la presión, por fin va todo a una y por primera vez en el encuentro da sensación de mando. Justo cuando el cansancio empieza a hacer mella, una jugada defensiva arriesgada pero bien coordinada (varios intentos de robo consecutivos) da el resultado buscado: la pelota le cae a Castro y naturalmente termina dentro.

Minuto 64 hasta el final
Mel mete, según lo previsto, a Ceballos por Van der Vaart; pero no como mediapunta, sino como falso extremo izquierdo para que un cansado Joaquín quede arriba liberado de obligaciones defensivas. A la fuerza el Málaga se va arriba y descubre una de las grandes debilidades del planteamiento bético: Castro arriba, pese a sus buenos movimientos, apenas puede pescar balones largos, y Joaquín apenas tiene fuerzas para ayudarle, de modo que los béticos son fácil presa de una presión alta y entregan el balón sin apenas ofrecer resistencia. El Málaga mete delanteros y el Betis pasa apuros, resueltos por un enorme Adán y, no lo despreciemos, por la gran ventaja de quien se encierra solidariamente: en espacios cortos casi siempre llega la ayuda oportuna o el compañero que estorba el remate final. Cerca del final Mel dobla lateral por la derecha con Molinero.

Jugador por jugador
Adán: Partido realmente extraordinario, con una parada milagrosa al final, un par de muy buenas salidas a tapar y muchísima atención para anticiparse a los problemas.
Piccini: Mal colocado, pasó muchos problemas defensivos con Juankar y no se atrevió a encarar en ataque, pese a disfrutar de espacios.
Bruno: Bien –y trabajo tuvosalvo en una peligrosa jugada de Tighadouini en la que se dejó regatear muy fácilmente.
Westermann: Como buen central alto luce más en espacios cortos. Muy bien.
Varela: Desgraciadamente no puede ofrecer el despliegue físico adecuado para repetir lo que hizo en la jugada del 0-1: apretar y robar. Cumplió en defensa.
Petros: Para bien o para mal su presencia mediatiza el juego del equipo. Corre y aprieta muchísimo, pero debería aprender a guardar la posición en las jugadas que lo demanden, no ir siempre a robar el balón. Con posesión de este, muy bien: aunque la prensa sevillana le cuelgue el sambenito de perder muchos balones las estadísticas dicen que ayer fue el mejor pasador del equipo (84%, nada menos).
Digard: Por debajo del partido anterior, pero hizo bien la raya y repartió juego con diligencia.
Cejudo: Tras Rubén y Adán, el mejor. Este juego de choques y arrancadas le va muy bien. Le dieron decenas de patadas.
Van der Vaart: Puso mucha voluntad, pero su estado físico da hoy para poquito.
Joaquín: Fue extremo a pie cambiado, a pie natural y mediapunta. Se vació, pero estuvo desacertado en lo suyo, el control de balón y el regate.
Castro: Gol partita y muy buen partido. Con mucha movilidad (caídas a la izquierda aun sin delantero tanque a su lado), se supo buscar la vida como delantero solitario con más acierto del habitual, y aunque falló una ocasión muy clara en la primera parte acabó por meter su golito.

Torres: Parece que ayer no se había vendido. Debería haber sido expedientado por el club hace mucho tiempo.
Ceballos: Corrió, pero no ayudó nada a tener el balón. No se entiende muy bien qué le pasa.
Molinero: Cumplió.

Mel: Por razones que desarrollaremos en otro post no nos parece que este estilo de juego sea el mejor para esta plantilla ni que las estadísticas lo justifiquen, pero ahora sí casa la forma de jugar con los jugadores que la llevan a cabo.

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lunes, 2 de noviembre de 2015

Betis 1 - Athletic de Bilbao 3 (10ª jornada de Liga de Primera División)

BETIS (1): Adán, Piccini, Bruno, Pezzella, Molinero (Varela, minuto 56); Joaquín, N'Diaye, Dani Ceballos (Jorge Molina, minuto 81), Portillo (Digard, minuto 46); Rubén Castro y Van Wolfswinkel.
ATHLETIC DE BILBAO (3): Iraizoz; De Marcos (Bóveda, minuto 50), Etxeita, Laporte, Balenziaga; Sabin Merino, San José, Beñat (Elustondo, minuto 87), Williams (Lekue, minuto 78); Raúl García, y Aduriz.
Goles: 0-1, m. 9: Williams. 0-2, m. 45: Williams. 1-2, m. 67: Rubén Castro, de penalti. 1-3, m. 86: Raúl García.
Árbitro: González González, castellano-leonés. Bien. Amarillas para Raúl García, San José, Dani Ceballos, Laporte y Bruno.
Unos 26.000 espectadores en el Villamarín en noche muy lluviosa. Césped algo pesado pero en excelente estado dada la cantidad de agua caída en la previa y durante el partido.

¿Una derrota pírrica? 
A la inversa de las inútiles victorias del rey Pirro contra Roma allá por el siglo III a.C., el desastre del Betis anoche ante el Athletic puede traer consecuencias muy beneficiosas para el equipo a medio y largo plazo, como ocurriese hace un año contra el Alavés. Si Mel pone cordura en sus alineaciones y planteamientos no hará falta, como entonces, que ruede la cabeza del entrenador.

Primera parte
La alineación del Athletic contenía los ingredientes esperados: un equipo muy equilibrado, fuerte físicamente (muy bien en este aspecto Beñat, por cierto), con velocidad por fuera en Williams y mucho poder arriba en la pareja García-Aduriz: los bilbaínos tendrían capacidad para mezclar a su conveniencia el juego corto y el largo, el estático y la contra veloz.

Enfrente Mel, tal vez influido por (o tal vez según anunciaba en) el final de este artículo, ponía en escena un temerario equipo de jugones en el que llamaban poderosamente la atención dos cosas: la aparición de Molinero a pie cambiado, probablemente por temor a la velocidad de Williams ante el lento Varela; y sobre todo la insistencia en alinear a Portillo y no a Digard, lo que obligaba a meter a Ceballos (titular previsible) como mediocentro ofensivo.

La magnífica respuesta del nuevo césped disipó un primer temor: que un equipo así naufragara entre el barro. Sin embargo ocurrió algo peor: un equipo así naufragó ante la incoherencia del juego bético, inexplicablemente empeñado durante cuarenta y cinco minutos –como ya ocurriera y ya denunciáramos en la segunda parte ante el Granada– en convertir el partido en un correcalles de pelotazos a campo abierto, ante un rival físicamente muy superior. Esto es, no sólo el equipo tenía un perfil desequilibrado hacia lo técnico y lo ofensivo, sino que entraba exactamente en el juego que menos le convenía. Y es que, al igual que un equipo de baloncesto debe tener un buen equilibrio entre juego interior y exterior –y, en todo caso, si no tienes hombres altos has de apostar por el tiro exterior–, un equipo de fútbol debe equilibrar juego largo y corto y, si es mucho más técnico que físico, debe retener el balón, agruparse en torno a él y descolocar al rival a base de toque, para llegar arriba y para ganar efectividad en la presión postpérdida.

Pero, al contrario que Deportivo o Espanyol, a cuyo repliegue atribuyó Mel las dificultades del equipo para desplegar buen juego, el Athletic tiró la presión bastante arriba; el Betis jamás intentó superarla tocando el balón desde atrás: uno apenas recuerda en este periodo un par de jugadas de salida de balón desde los centrales, ni por tanto fue esta vez el problema el reparto de espacios entre Ceballos y Portillo como interiores. Los ataques del Betis –más bien los saques en largo hacia N'Diaye– eran brevísimos, pues los Joaquín, Portillo y Ceballos no son hombres de choque y segunda jugada. Al no haber posesión ni el Betis se ordenaba ni el rival se encerraba, de modo que, muy separadas las líneas béticas y débil defensivamente su mediocampo, la presión bética sólo lograba ofrecer al rival un verdadero latifundio para que Beñat lanzara a placer balones largos hacia los potentísimos saltos de Aduriz o las carreras de Williams. El habitual (¡¡??) gol visitante en el arranque, merecidísimo tras varias ocasiones claras (inexplicable de nuevo que el rival salga mucho más metido en el partido), empeoró naturalmente la situación: la ansiedad provocó más separación de líneas y una presión más desorganizada. Sin corrección desde el banquillo, sólo la suerte libró al Betis de recibir más de dos goles tras siete ocasiones muy claras de los visitantes, por ninguna local.
 

Segunda parte
Mel tiene la admirable humildad de rectificar de pleno sus dos apuestas. De salida refuerza el mediocampo con dos medidas: sumarle un hombre al retrasar a Rubén al extremo izquierdo de un 4-1-4-1 y, sobre todo, prescindir de Portillo y meter como mediocentro a Digard, contrafuerte tras N'Diaye y Ceballos, interiores derecho e izquierdo desde entonces.

El Athletic da un pasito atrás y el Betis por fin la tiene e intenta jugarla. Digard demuestra su calidad ofensiva y defensiva: ocupa campo, gana balones divididos y mueve bien al equipo. A los pocos minutos, obligado por un marcador que forzaba a abrir el campo en ataque, Mel rectifica (aunque la presencia de Molinero era razonable) y arriesga con Varela (¡único zurdo junto a... Adán!) como lateral. Aunque el Athletic sigue siendo mejor y llegando más, el partido se equilibra, el Betis tiene incluso una ocasión para empatar y finalmente llega la merecida sentencia del Athletic, tras un 2-5 en ocasiones claras en esta segunda parte.

Jugador por jugador
Adán: Tal vez pudo hacer algo más en el primer y el tercer gol, pero si así fuera estaría más que compensado por las varias paradas de mérito, alguna milagrosa, con las que evitó males mayores.
Piccini: Pareció desmotivado. Poco activo.
Bruno: A campo abierto se le notan naturales carencias, y Aduriz, tremendo en ese juego, lo superó por alto. Aun así, salvó también peores desastres.
Pezzella: Le llegaron en oleadas, pero lo cierto es que por su sector llegó mucho peligro. Su buen cartel justifica la espera de mejor rendimiento, pero preocupan sus aparentes carencias físicas: ni va muy bien por arriba, ni es rápido, ni ágil. Ya hace lo que sabe y esas cosas tienen mal arreglo, así que...
Molinero: Cumplió en defensa como pudo y fue previsiblemente nulo en ataque.
Joaquín: Calidad, pero mucho rival y muy poco apoyo. El correcalles los reventó ya en la primera parte.
Ceballos: Totalmente desubicado en la primera mitad, demostró que ponerlo como mediocentro puede ser hoy un recurso ante rivales ultradefensivos o situaciones desesperadas, pero jamás el plan A. Mejoró luego.
N'Diaye: Excelente partido. Como en Granada, fue el único que se sintió en su medio, un caos a campo abierto, aunque lógicamente no pudo apagar todos los incendios.
Portillo: Sólo vale para partidos jugados en espacios pequeños, sea para defender (cumple) o para tener el balón (ahí brilla, aunque en zonas frías). En cuanto el partido se abre y el equipo pierde posesión es una nulidad, que ni gana balones divididos ni metros a la contra –porque no tiene velocidad en carrera–. Ayer además tuvo un mal día. No debe volver a ser titular, ni lo será. Dio su primer pase decisivo de la temporada, aunque en el lado equivocado.
Castro: Trató de tocarla en la mediapunta pero no le llegó nada decente. Le faltó agilidad de piernas para cazar el 2-2.
Van Wolfswinkel: Hace cositas interesantes, pero de momento tiene mucho que demostrar para quitarle el sitio a Molina.

Digard: Demostró las virtudes que le dieron un nombre en la liga francesa. Es un mediocentro posicional muy completo, con carácter, que se sitúa bien, gana los balones en el choque y la toca bien en corto y en largo (aunque ayer abusó algo de los cambios de juego). Además rompe líneas con pases verticales, algo fuertes por cierto, y tiene un disparo potentísimo a puerta. En este Betis, titularísimo.
Varela: Intervino poco. No desentonó, ni para bien ni para mal.

Molina: Apenas tiempo para calentarse.

Mel: Su alineación fue absolutamente temeraria, y además el modo de juego fue completamente incoherente con ella. Como desde hace varias jornadas, no hay plan de juego, y la presunta tendencia del equipo a jugar a la contra ni es tal ni es adecuada a sus mimbres. Urge empezar el edificio por los cimientos, con Digard y N'Diaye como mediocentros (en casa o fuera), Ceballos en banda y por tanto un adecuado equilibrio entre toque y fuerza física: con una alineación como esa el equipo puede jugar al fútbol, y muy bien.

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sábado, 24 de octubre de 2015

Granada C.F. 1 - Betis 1 (9ª jornada de Liga de Primera División)

GRANADA C.F. (1): Andrés Fernández; Foulquier, Mainz, Lombán, Biraghi; Rubén Pérez (Nico López, m. 76), Krhin, Javi Márquez; Piti (Rochina, m. 53), El Arabi y Success (Thievy, m. 81).
Real Betis (1): Adán; Piccini, Bruno, Westermann (Pezzella, m. 58), Varela; Joaquín (Digard, m. 81), N’Diaye, Petros, Portillo; Rennella (Dani Ceballos, m. 53) y Rubén Castro.
Goles: 1-0, minuto 2: Foulquier. 1-1, minuto 39: Rubén Castro, de penalti.
Árbitro: Mateu Lahoz, valenciano. Amarillas para Javi Márquez, Rubén Pérez, Varela, Portillo, Biraghi y Digard.
Césped aparentemente irregular y 2500 béticos en Los Cármenes.

El punto obtenido es la única buena noticia del mal partido jugado por el Betis esta tarde en Granada. El encuentro fue de baja calidad y jugado a un ritmo superior al que convenía a los béticos: un verdadero correcalles que favoreció la superioridad física local.

Minutos 1 al 25
El planteamiento táctico inicial de Mel nos pareció muy acertado; si antes del partido se dudaba entre si el madrileño jugaría con dos puntas o bien introduciría a Ceballos como titular a costa del acompañante de Castro, finalmente el técnico daba la titularidad a Rennella, lo que garantizaría cierta salida en largo. Además Mel –fuese porque hubiese reflexionado sobre el reparto de espacios en ataque o por llevar a N'Diaye al lado de Varela para hacerle ayudas defensivas– corregía por fin el problema de solapamiento ofensivo de Petros y Portillo: el brasileño se situaba a la derecha de N'Diaye, mediocentro posicional en la salida de balón, de manera que aquellos quedaban como interiores en ataque, cada uno en un lado, y además Rubén Castro aprovechaba bien el espacio libre en el extremo izquierdo.

Los granadinos situaban por dentro un trivote muy físico, con Márquez algo más adelantado que Krhin y Pérez; por delante de ellos Piti y el potentísimo Success (que pronto se cambió a la derecha) ocupaban las bandas y en punta quedaba el sobrevaloradísimo El Arabi, toda una garantía de inmunidad para el portero rival. Muy deficientes técnicamente, sobre un césped irregular y con mucha fuerza arriba, los locales pusieron en práctica el plan que les convenía, muy similar al probado ante el mismo rival en el Carranza: presionar frenéticamente y muy arriba hasta que las fuerzas durasen, jugar el balón a toda velocidad –claramente por encima de sus posibilidades técnicas– y acudir en tropel al ataque cuando lo robaban. El plan funcionó muy pronto: una vez más los verdiblancos salieron del vestuario con un par de marchas menos que el rival y de nuevo lo pagaron con un gol encajado en los primeros minutos, esta vez tras un grave error de Westermann. Que el balón le fuese robado por el lateral derecho del Granada prueba la fe y el arrojo exagerados de los locales.

No mejoró para el Betis la situación en los minutos siguientes. Nunca la sacaba en corto y trataba también de presionar arriba pero lo hacía desordenadamente, con un Petros que iba al robo alto sin prevenir nunca qué dejaba a sus espaldas. La suerte, la falta de calidad rematadora de los locales y Adán libraban al Betis de recibir más goles.

Minutos 25 al 53
La presión local, manifiestamente insostenible, cede, y el Betis por fin comienza a tocar el balón con algún criterio, pese a mostrar vicios en la salida de balón como la falta de paciencia de los centrales y N'Diaye, tendentes al pelotazo, o la pertinaz costumbre de Petros de venir a tocar (queremos decir a devolver el balón a los centrales) muy atrás. Sin hacer un fútbol brillante el Betis roza el gol, lo alcanza tras un error infantil de Rubén Pérez y sigue mandando tras el descanso a través de la posesión.

Minuto 53 al final
Mel pasa finalmente al plan B, consistente en retirar al tanque y meter a Ceballos en la mediapunta, puesto que intercambiaría con el de falso extremo de Portillo. El posible problema de perder el llamado juego directo es desde entonces puesto en evidencia de forma inexplicable por la absurda tendencia a sacarla en largo de los centrales e incluso Adán (muchas veces ¡sin presión ni motivo alguno!). El Betis juega en adelante sin plan de ataque ninguno. Carente de poderío físico arriba, ni en forma de jugadores altos que la pidan de espaldas (por elección de Mel: van Wolfswinkel estaba en el banquillo) ni de hombres rápidos que la pidan al espacio (reivindicados con razón por Mel, que de esos ya sólo tenía en el campo a Joaquín), pero lleno de jugones que la piden al pie, sólo cabía jugar a tocarla, aunque fuese un fútbol previsible para el rival. Sin embargo el equipo insiste en los pelotazos, de modo que Portillo, Petros y Ceballos se limitan a ver volar el balón sobre sus cabezas.

Un juego de ataque de bajísima calidad: los jugadores no se separan al iniciar, ni se hace el menor intento de sacar el balón jugado –en la imagen hay para ello ocho béticos contra cuatro granadinistas–. El pelotazo es enviado a una zona sin un solo bético.
  El Granada, refrescado por los cambios, superior físicamente e inferior técnicamente, y por tanto muy a gusto con el correcalles, va metiendo atrás al Betis, que apenas toma oxígeno con los inteligentes movimientos de Castro y con las apariciones de N'Diaye, único hombre capaz de sostenerse en semejante tipo de partido. La salida de Joaquín empeora si cabe las cosas; N'Diaye es ya mediapunta cazador de pelotazos, Castro se queda sin socio al que darle un balón y las bandas quedan ocupadas por gente sin uno contra uno. Al menos la defensa cumple, el equipo se faja y se salva un punto.

Jugador por jugador
Adán: Salvó el partido en el primer tiempo. No se entiende su empeño en dar pelotazos.
Piccini: Partido flojo, espeso en ataque y apurado en la segunda parte ante Success.
Bruno: Uno de los pocos que aprueban, aunque tampoco la sacó limpia.
Westermann: Su error inicial lo sacó del partido y desde entonces fue un flan. Esperemos que no sea tan irregular como hasta ahora, porque ese defecto sólo se lo pueden permitir los delanteros. Es de suponer que fuese cambiado por lesión.
Varela: Hizo todo lo que pudo, pero pasó un verdadero suplicio en el primer tiempo ante Success, más rápido y más fuerte que él. Su lentitud, mezclada con ser un peso pluma, es un defecto de difícil solución en un lateral.
Joaquín: Impreciso y poco más que voluntarioso, aunque le ayudaron muy poquito.
Petros: Si no aprende a medir cuándo salir al robo y cuándo no, convertirá todos los partidos en un subeybaja sin control, algo que en días como este no convenía en absoluto.
N'Diaye: Muy buen partido, y es que era el único bético al que convenía un encuentro tan físico. Fue medio Betis en la segunda mitad.
Portillo: Si el equipo no tiene balón se queda en casi nada.
Rennella: El gol (porque fue gol) que salvó y su buen trabajo lo salvan del suspenso, pero no da el nivel.
Castro: Fue lo único decente del Betis en ataque.

Ceballos: Al igual que Portillo, no es jugador para ver el balón volar.
Pezzella: Cumplió en defensa. Es diestro cerrado, y eso se paga al tratar de sacar la pelota jugada por el lado malo.
Digard: Sólo le dio tiempo a hacer faltas.

Mel: Su planteamiento inicial fue muy acertado y funcionó mal por errores y falta de tensión del equipo, no por su culpa. Luego lo estropeó con los cambios y acabó dejando al equipo a la deriva, sin plan alguno. Hay bastante que mejorar en cuanto a organización de la presión y de la salida de balón.

Un ejemplo entre cien del caos posicional del Betis en la salida de balón. Petros (abajo a la izquierda) está en el sitio de N'Diaye; Ceballos y N'Diaye, que ni se ofrece, en el sitio de Portillo, que con buen criterio huye de ahí; Joaquín, en la zona donde debería pedirla Petros... Para el Granada es facilísimo presionar y recuperar el balón. (Pinchen para ampliar).

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domingo, 18 de octubre de 2015

Betis 1 - Espanyol 3 (8ª jornada de Liga de Primera División)

BETIS (1): Adán; Piccini, Bruno, Westermann, Varela; Cejudo (Dani Ceballos, m. 46), N'Diaye, Petros (Van Wolfswinkel, m. 54), Portillo (Rennella, m. 69); Joaquín y Rubén Castro.
ESPANYOL (3): Pau López; Arbilla, Álvaro, Enzo Roco, Fuentes; Hernán Pérez (Montañés, m. 71), Víctor Sánchez (Salva Sevilla, m. 86), Cañas, Víctor Álvarez;  Marco Asensio (Javi López, m. 81) y Caicedo.
Goles: 0-1, m. 3: Roco. 0-2, m. 50: Caicedo. 0-3, m. 54: Víctor Sánchez. 1-3, m. 88: Rennella.
Árbitro: De Burgos Bengoetxea (Comité Vasco). Remiso a sacar tarjetas, permitió demasiadas faltas y juego brusco. Amonestó a Hernán Pérez, Arbilla, Dani Ceballos, Portillo, Caicedo y Víctor Sánchez.
32.000 espectadores en el estadio Benito Villamarín,; el nuevo césped respondió bien, pese a la lluvia.

Un mal día de Mel, errado en el planteamiento del partido, errático en la dirección de este e incluso desafortunado en las declaraciones posteriores, supuso una nueva derrota casera del Betis, ante un Espanyol que sólo necesitó hacer de rutinario rival incómodo –y un poco de suerte– para llevarse el partido. La buena noticia del partido es que la mayoría de los defectos béticos tienen fácil arreglo; la mala, que el equipo reincidió en los mismos que ante el Deportivo, y no se arreglan.

Primera media hora
Una salida poco concentrada del Betis dio ocasión al Espanyol de hacer gol muy pronto. Ese tanto marcaría psicológicamente el partido (provocó ansiedad en los béticos y reafirmó las intenciones especulativas de los visitantes), pero no debió de alterar en absoluto el planteamiento táctico, pues el reparto de roles y obligaciones entre los equipos sería en adelante el mismo que sin ese gol.

En efecto, el Espanyol hizo todo lo previsible en un equipo español tipo cuando juega fuera de casa con el marcador a favor: cerrar espacios desde un 4-4-2 a una altura media y con un doble pivote bastante defensivo (algo escalonado Sánchez, a la derecha y más arriba que Cañas, cuando tenían el balón), mostrar escaso interés por la posesión y suministrar la correspondiente ración de faltas tácticas, golpes y pérdidas de tiempo. El esquema inicial del Betis, en fase defensiva, era también un 4-4-2, pero con Cejudo como verdadero extremo (o al menos eso se suponía) y Portillo como falso extremo izquierdo. El Betis renunciaba a tener un punta de referencia –papel que, si correspondía a alguien, sería para el pequeño Rubén Castro– para situar a Joaquín como segundo delantero.

Decía Mel al acabar el partido que a este Betis le resulta más fácil jugar fuera que en casa, esto es, mejor al contragolpe, y lo atribuía a las características de su plantilla. Trataremos ahora de demostrar que tales afirmaciones –más allá de la obviedad de que manejar un resultado a favor da más margen para elegir los tiempos y los terrenos en que se juega– no se corresponden con la realidad, además de ser un tanto incoherentes con las hechas antes del comienzo de la temporada en las que se reclamaba velocidad por banda para un 4-4-2 puro –sistema más contragolpeador que los que maneja ahora con jugadores como Petros, Portillo o Ceballos–. Si este Betis gana, de momento, mucho fuera y poco en casa ha sido más por la suerte (buena o mala) y por aciertos y errores en los planteamientos (mejores sin balón que con balón) que por estructura de la plantilla.

Y es que ante un rival que se te cierra y te obliga a tomar el mando del encuentro hay que activar mecanismos que creen espacios. Entre estos están: abrir el campo con laterales y extremos bien abiertos, la amenaza de la espalda de sus centrales y, sobre todo, un buen reparto de ubicaciones por dentro que separe a los jugadores interiores, zona clave para un buen juego de posición y en la que a este Betis no le faltan jugadores de buen manejo, como los tres arriba citados. Sin embargo, ahí naufragó el Betis ante el Deportivo y ahí lo hizo ayer. Y es que el sutil detalle de la colocación de los mediocentros volvió a atorar la circulación por un lado y a anularla por el otro.

Prácticamente podríamos repetir el gráfico de aquel partido, sin más que cambiar algunos nombres, para explicarlo: de nuevo Petros, el mediocentro móvil, se situaba las más de las veces a la izquierda de N'Diaye, y así solapaba su zona de influencia con la de Portillo (entonces Van der Vaart).

Posiciones de partida del Betis ante el Espanyol, sin balón (verde) y con balón

Los heatmaps de la primera parte de Portillo y Petros (recordemos que corresponden a intervenciones con balón, sean intercepciones o, sobre todo, toques en posesión) dejan el asunto en evidencia:

Heatmaps respectivamente de Portillo y Petros en el primer tiempo ante el Espanyol.
Los dos jugadores atacan prácticamente en la misma zona. Sentido del ataque del Betis: de izquierda a derecha. Fuente: Marca.

 Ante el Dépor el problema fue exactamente el mismo:

   
Heatmaps respectivamente de Van der Vaart y Petros en el primer tiempo ante el Deportivo. Los dos jugadores atacan prácticamente en la misma zona. Sentido del ataque del Betis: de izquierda a derecha. Fuente: Marca.

Es natural que interiores diestros como Portillo, Petros o Ceballos tengan tendencia a pedirla ahí, pero labor del equipo técnico es repartir zonas correctamente. La consecuencia ayer, como aquel día, fue que nadie la pedía al espacio en el extremo izquierdo, ni tampoco al pie en zonas de interior derecho, de modo que ni hubo profundidad por la izquierda ni Piccini pudo asociarse para subir una sola vez en la primera media hora. Cerrado e irrelevante Cejudo, y sin tanque arriba, lo que obligaba a Castro a hacer de referencia y privaba del recurso al pelotazo al pivote usado ante el Dépor, el Betis atacaba siempre por la izquierda y no progresaba nunca.

Último cuarto de hora de la primera parte
Aunque no toma la sencilla decisión de permutar las posiciones de N'Diaye y Petros, Mel sí mueve el árbol, y caen algunas nueces: pasa a un 4-2-3-1 en el que Portillo es mediapunta, Cejudo algo parecido a extremo izquierdo y Joaquín el derecho. El juego mejora ostensiblemente, aunque se paga el grave defecto de este sistema, y más con un mediapunta à la Verdú: hay un solo delantero, y, por tanto, poco remate.

Minutos 46 al 54
Mel sobrepuebla la zona de interiores: retira a Cejudo, Portillo vuelve al falso extremo izquierdo y Ceballos entra como mediapunta del 4-2-3-1. Cuando la tiene el Betis el pobre Petros (ocupada su zona ofensiva por Portillo y Ceballos, y cuyo buen sentido táctico le hace evitar estorbar a un compañero) se mete directamente de delantero centro. El Betis expone mucho y Asensio, excelente toda la noche, castiga el adelantamiento de los centrales y asiste para dos goles más.

Minuto 64 al final
Mel pega otro volantazo y pasa de un equipo de mediapuntas a uno de tanques: mete a Van Wolfswinkel y Rennella y el equipo acaba en un 4-4-2 con Ceballos de mediocentro móvil y Castro tirado a la izquierda. De nada sirve. 

Jugador por jugador
Adán: Entró casi todo lo que le llegó, pero tampoco se le puede afear más que, tal vez, el primer gol.
Piccini: Fue uno de los damnificados de la mala colocación inicial del equipo. Mejoró luego.
Bruno: Tras una buena primera parte, el exceso de espacios y de nervios lo acabó dejando en mal lugar.
Westermann: En un partido cometió más errores que en los cinco o seis anteriores. Falló en la marca del 0-1 y se precipitó en el cruce del 0-2.
Varela: Poquito recorrido, y hacía falta. Erró incluso en lo suyo, el balón a la olla.
Cejudo: Merecía el premio de la titularidad, pero no dio el nivel. Ni siquiera estuvo valiente, como suele.
N'Diaye: De lo mejorcito. Se impuso por dentro a los españolistas y distribuyó aceptablemente.
Petros: Muy bien, salvo que sea el culpable de su mala ubicación en ataque. Algo disperso en defensa, como suele, pero el partido pedía riesgos. Corrió muchísimo, se ofreció por todas partes y la tocó bien.
Portillo: Sus filigranas ofensivas en zonas frías pueden darse por buenas si el equipo gana, pero ante rivales cerrados es imperativo que meta más pases profundos o que dispare entre los palos desde el borde del área, y no dos metros desviado. Su solapamiento con Petros, obviamente, le hizo daño.
Joaquín: Usarlo de segundo delantero no debe ser más que un recurso, al menos si el ariete es Rubén.
Castro: Muy buen partido fuera del área, donde estuvo muy acertado en la distribución. Dentro de ella, aislado y con poco suministro.

Ceballos: Dentro del lío posicional que fue el equipo en la segunda parte se movió por donde pudo, se ofreció bien y dio fluidez.
Van Wolfswinkel: Se asoció de forma interesante, pero si su nivel rematador es el del cabezazo clarísimo que falló, mala cosa. No es rápido. Habrá que darle más oportunidades, aunque Mel suele tener buen ojo para los jugadores, y si lo pone tan poco debe de tener sus razones.
Rennella: Un gol de lo que es, un delantero muy peleón, pero le falta calidad.

Mel: Otros días toca elogiarlo, pero ayer se equivocó en casi todo.

Los comentarios son siempre bienvenidos.
En Twitter: @juanramonlara7
 

lunes, 12 de octubre de 2015

Análisis de la plantilla 2015-16

En un reciente post analizamos los esquemas y el equipo titular que podían resultar tras el fichaje de Joaquín por el Betis. Es momento para hacer un balance general de la plantilla elaborada por Eduardo Macià para esta temporada 2015-16.

En el balance de la plantilla realizado al final del ejercicio deportivo anterior, el pasado 22 de junio –y por tanto con Van der Vaart y Petros ya fichados–, considerábamos como carencias más importantes a cubrir las de un lateral derecho, dos defensas centrales (uno de ellos zurdo), un mediocentro posicional, un delantero polivalente y al menos un extremo. Los fichajes de Piccini (antes cedido), Pezzella, el ambidiestro Westermann, Digard y Joaquín han cubierto puntualmente estas necesidades con la excepción del delantero polivalente. De la llegada además de Vargas, Tarek y Van Wolfswinkel, unida a la permanencia de jugadores como Figueras, Vadillo, Matilla, Cejudo, Fabián y Rennella, ha resultado una plantilla en general equilibrada pero excesiva en número. Casi todos los puestos están convenientemente duplicados, pero Mel habrá de lidiar, al menos hasta diciembre, con el delicado manejo de un grupo humano en el que contentar a demasiados jugadores –incluidos algunos por él descartados hace meses–, y ello en una temporada con solo dos competiciones por disputar.

Si tomamos como modelo el sistema de juego más probable para este Betis 2015-16 (un 4-4-2 de falso extremo izquierdo) y asignamos a cada jugador a su posición habitual, nos resulta:

La plantilla 2015-16 del Betis

Analicémosla brevemente línea por línea.

Portería
Cubierta por la clásica pareja de portero titular más suplente con su papel asumido, tan sólo cabe lamentar el nulo rol reservado al canterano Pedro y la incertidumbre de la renovación, esperamos que próxima, de Adán, que da sobradamente el nivel necesario.

Defensa
Hemos de reconocer que la veteranía de Vargas ha abrochado adecuadamente la línea, aunque la elección de Varela por Álex sea dudosa. En el centro de la defensa se espera que Pezzella suba su nivel y oponga competencia a Bruno y Westermann –cuyo buen manejo de la zurda le da un valor extra como titular–.

Parece probable que el sobrante Tarek, jugador de muy buenas condiciones físicas pero dudoso en lo técnico y lo táctico, salga en el parón de diciembre. El posible recurso de N'Diaye como emergencia en caso de bajas hace también prescindible a Figueras.

Centro del campo
En la zona de mediocentros e interiores es tal vez donde la inflación de hombres sea más exagerada. Poco parece contar Fabián, cuya presencia carece entonces de sentido y al que habrá que buscar una cesión. Matilla es completamente prescindible. Quedan pues el aún inédito Digard y Torres (de rendimiento mediocre) como mediocentros puros, N'Diaye como hombre válido para mediocentro posicional o móvil, Petros e incluso Ceballos como alternativas en el mediocentro móvil, y Portillo, Van der Vaart (si pone su estado físico a un nivel aceptable) y el propio Ceballos como posibles falsos extremos, o bien interiores para un posible 4-3-3. Si se resuelven las dudas en torno a Ceballos y Van der Vaart, habrá en esta zona competencia y alternativas para diferentes modelos y esquemas.

Extremos y delanteros
Es aquí donde más carencias expone la plantilla bética. A la constante amenaza de la edad de Castro y Molina se añade una falta de velocidad, denunciada por Mel, que no parece que vaya a suplir Van Wolfswinkel, un hombre alto y que parece más de área y remate que de desborde. La llegada de Joaquín supone que al menos habrá un extremo de velocidad y calidad; pero ni la resurrección de Cejudo ni la readmisión de Kadir y Vadillo le darán alternativas de nivel, y menos aún ofrecerán a Mel la posibilidad de jugar un 4-4-2 puro con dos extremos. Tampoco hay un mediapunta con rapidez y llegada para un buen 4-2-3-1 (no más verdúes), salvo que se coloque ahí a Joaquín... sin un buen repuesto en su propio puesto.

Bien podría haberse prescindido de Rennella, un jugador cuya calidad no parece alcanzar para un Betis en Primera, o del fichaje de Van Wolfswinkel, para traer un jugador rápido y con gol, del estilo del colombiano Pabón o el costarricense Campbell; tal vez la economía no lo permitió: el gol es caro.


En resumen: consideramos que Macià ha hecho un buen trabajo en general, y en especial en cuanto a llegadas, con la salvedad de la delantera. Le queda pendiente, y bien lo sabe, la salida de al menos cinco jugadores. Eso sí: ni su labor ha sido tan buena como algunos pensaban antes de que empezara siquiera a trabajar, ni tan mala como muchos (¿los mismos?) pensaban tras el partido del Bernabéu.

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domingo, 4 de octubre de 2015

Rayo Vallecano 0 - Betis 2 (7ª jornada de Liga de Primera División)

RAYO (0): Toño; Nacho (Manucho, m. 64), Llorente, Zé Castro, Rat; Embarba (Lass, m. 46), Trashorras, Raúl Baena, Bebé; Jozabed (Fariña, m. 64) y Javi Guerra.
BETIS (2): Adán; Piccini, Bruno, Westermann, Varela; Cejudo (Molinero, m. 86), N'Diaye, Petros, Portillo (Jorge Molina, m. 78); Rubén Castro y Rennella (Joaquín, m. 68)
Iglesias Villanueva (Comité Gallego). Mostró tarjeta amarilla a Lass, Javi Guerra, Bebé, Rat, Rennella y Piccini.
0-1, m. 19: Westermann. 0-2, m. 60: Rubén Castro.
Iglesias Villanueva (Comité Gallego). Mostró tarjeta amarilla a Lass, Javi Guerra, Bebé, Rat, Rennella y Piccini
Estadio de Vallecas. Unos 500 aficionados del Betis en las gradas y buen césped.

Un trabajo estajanovista y el acierto en las áreas valieron al Betis la victoria en Vallecas en un partido controlado casi siempre por el Rayo, que pagó cara su escasa calidad arriba.

Primer tiempo
De inicio el Betis pareció querer aplicar su receta habitual, especialmente fuera de casa: intentar que el rival jugara a contraestilo. Es internacionalmente conocido que el del Rayo de Jémez es el fútbol de posición y posesión al estilo del Barcelona, así que los béticos fueron arriba a la presión para intentar privar del balón a los locales. Por ello Mel optó por un 4-4-2 casi en rombo, con Petros –muy adelantado– y N'Diaye en el centro, y metió arriba a Rennella junto a Castro para tener también una salida en largo que permitiera alargar las posesiones propias ante la prevista presión rayista.

Enfrente Jémez ponía un 4-4-1-1 (más atrasado Jozabed que Guerra) de presión muy alta, en el que Trashorras era el medicentro más creativo. Los futbolistas de uno y otro equipo apretaban inmediatamente tras la pérdida y se emparejaban hombre a hombre en todo el campo. El partido era un correcalles de ritmo muy alto y equipos muy largos, pese a lo adelantadas de las defensas. La jugada del gol de Westermann retrata esta fase: tras robar el balón a un delantero rayista en un peligroso uno contra uno a campo abierto, el arriesgado modo de defender de los locales, siempre hacia delante en busca del robo, le permitió cruzar el campo de punta a punta sin que nadie lo siguiera.

Sin embargo con el paso de los minutos la (muy entrenada) buena salida de balón del Rayo y ciertas descoordinaciones en la presión bética permitieron a los rayistas alargar sus posesiones, algo de lo que los béticos eran incapaces, y llegar con cierta facilidad a las inmediaciones del área bética, sobre todo por las bandas. La posesión quedó ya en manos del Rayo que, sin mucha calidad para el fútbol interior, lo intentaba desde lejos o con centros laterales.

Minutos 46 al 75
El Betis consolida su paso atrás y se mete ya sin rubor cerquita de su área, pese a esporádicos intentos de robo de Petros. Muy cerrados por dentro y con buenas ayudas a los laterales cuando el balón iba a la banda (miedo daba la velocidad de Lass ante Varela), los béticos nunca la tenían pero no pasaban excesivos apuros. Con Rennella en riesgo de expulsión y por tanto impedido para su juego de cuerpeo, Mel lo sustituye arriba por Joaquín.

El Betis marca en una de sus escasísimas salidas a campo rival y Jémez se la juega: retira un defensa y mete doble tanque arriba con Manucho junto a Guerra.

Último cuarto de hora

Joaquín pasa a la izquierda para hacer sitio arriba a Molina y, tal vez desfondado el Rayo, el Betis pasa por primera vez a controlar el balón y el tempo del partido: vuelve a hacer cierta presión alta y puede sentenciar definitivamente el encuentro. Pero, inexplicablemente, comete errores atrás por pura relajación y consiente tres ocasiones muy claras del Rayo. La fortuna ahorra un final agónico a los béticos.

Jugador por jugador
Adán: Partido enorme, pese a algún pequeño error final, por otra parte perdonable –por pura estadística: nadie es perfecto– ante el número enorme de intervenciones que hubo de realizar. Muy seguro en los tiros lejanos y bien en los balones cruzados.
Piccini: Parece haber mejorado mucho defensivamente, y eso lo convierte en un lateral de buen futuro. Firme y poderoso en las conducciones siempre. Al final expuso demasiado y Mel decidió ponerle un contrafuerte detrás.
Bruno: Permitió a Guerra algún remate peligroso al inicio pero luego se impuso, sin brillantez pero sin apuros.
Westermann: Su golazo de hoy abrocha un excelente inicio de temporada. Jugó casi de libre y desde ahí hizo muchas ayudas y la sacó del mejor modo que se podía.
Varela: Bien ayudado por Portillo, pasó apuros defensivos, pero menos de los temibles ante las muchas veces que lo encararon.
Cejudo: Lo de siempre: más pelea que calidad, aunque hoy fue buen día para eso. Buena asistencia a Castro.
Petros: En la presión alta, el robo y la contra es muy bueno. A veces, eso sí, va con demasiada alegría a por el rival en situaciones de defensa estática, lo que en la segunda parte provocó huecos indeseables pese a que recupera la posición relativamente rápido. Trabaja muchísimo.
N'Diaye: Bien en defensa (había mucho campo que tapar por dentro), pero esta vez muy flojo en ataque: se dejó robar muchos balones peligrosos por la presión rayista.
Portillo: Parece que se ha convertido en lo contrario de lo que era: un jugador que hace muchos kilómetros y que ayuda bien a su lateral, pero que hoy tuvo problemas para sacarla jugada.
Castro: A sus 34 años, otra vez completamente decisivo, con gol y asistencia. Su pase del 0-1 es exquisito. Como Piqué ayer, pareció renunciar a empujar un balón (de Joaquín) en la raya de gol por creerse en fuera de juego, aunque tenía perspectiva de balón para saber que no era así.
Rennella: Buena pelea por los balones largos, pero eso no es suficiente.

Joaquín: Curiosamente le falló lo suyo, la técnica, en un par de ocasiones de área. Su aparición desahogó al equipo.
Molina: Intervino muy poco.
Molinero: Salió para asegurar el lateral pero le dio tiempo a comerse un peligrosísimo desmarque a su espalda.

Mel: Tuvo buenas intenciones iniciales, pero su equipo nunca supo imponerse tácticamente al rival, ni por salida de balón colectiva ni por una presión coordinada. Buenos cambios. 

El detalle
Ceballos no jugó un solo minuto.

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