sábado, 15 de julio de 2017

Breves notas al Balona 1 - Betis 0 (1er amistoso de pretemporada)

Pocas conclusiones generales pueden sacarse de un primer amistoso de pretemporada, y por tanto no hay que exagerar la importancia de una derrota como la de anoche, más aún cuando traía muchos atenuantes: piernas pesadas –muy perjudiciales para atacar en espacios reducidos–, equipo plagado de canteranos y probables descartes, jugadores fuera de posición... Sin embargo siempre estos encuentros sí suelen dejar detalles interesantes, y fue el caso.

Por el Betis jugaron en la primera parte Pedro; Barragán, Mandi, Tosca, Redru (José Carlos, m. 30); Jonas Martin, Brasanac, Narváez; Joaquín, Zozulia y Nahuel. En la segunda Valle; Amat, Pezzella, José Carlos, Durmisi; Fabián, Camarasa, Jonas (Nacho, m. 61); Aitor, Zozulia (Sergio León, m. 61) y Nahuel (Junior, m. 61). Debido a los cambios algunos jugadores ocuparon posiciones diferentes en diferentes minutos: Tosca fue central y luego lateral, José Carlos central y luego mediocentro, y Camarasa mediocentro y luego interior –estos dos últimos cambios de posición, al sustituir el defensa central Nacho a Jonas–.

Para más adelante dejaremos un post en el que explicaremos el modelo de juego de Setién; veamos ahora algunos de esos detalles de interés del partido:

- Pese a las inexplicables referencias de varios periodistas durante estas semanas al "4-2-3-1" como "sistema favorito de Setién", el Betis jugó un clarísimo y previsible 4-3-3 en defensa y en ataque, como hacía Setién en Las Palmas la temporada pasada y como es habitual en este estilo de juego.

- Las alineaciones presentadas se parecen muy poco a las que veremos, y no solo porque hubiera jugadores que no formarán parte de la plantilla y faltaran muchos otros por incorporar, sino porque varios jugaron fuera de posición, como Amat de lateral, o, sucesivamente Brasanac, Camarasa y José Carlos de mediocentros. Nos lleva esto a recordar que, desgraciadamente, a esta plantilla le hacen falta aún fichajes de alto nivel –potenciales titulares– en varios perfiles: son imprescindibles al menos un extremo con gol y un mediocentro de buena presencia física, y recomendables varios más.

- Entre los mecanismos de juego que usará Setién el que más nos preocupó fue la presión postpérdida, a veces de indeciso funcionamiento. Conviene recordar que el Betis ha perdido este verano a dos hombres que habrían hecho un excelente trabajo como interiores en esa fase del juego (Ceballos y Petros). En ocasiones el bloque trasero (defensas y mediocentro) no acudió a la presión junto a los cinco hombres de arriba, permitiendo salir por dentro y jugando al rival, algo peligrosísimo si se quiere jugar el fútbol de posición previsto. También será necesario prever cómo recuperar el balón tras centro cruzado, una jugada no muy ortodoxa en este fútbol (aunque Guardiola la incorporó con éxito a su Bayern) de la que se abusó un poco.

- Precisamente el fútbol de posición tiene entre sus bases que los jugadores respeten sus posiciones en ataque para crear espacios y no atraer defensores hacia los compañeros. Joaquín jugó como teórico extremo pero, como es sabido, ya no está para amenazar la espalda de los rivales ni encararlos, así que en ataque suele meterse en posiciones de interior, supuestamente asignadas a otro jugador bético, para pedirla cortita y al pie. Si ese movimiento va a repetirse conviene que Setién ordene a ese interior compensar posiciones con una permuta, como hace Rakitic con Messi en el Barça. Brasanac suele hacer bien esa permuta, y para Jonas también sería un movimiento natural.

- Adán no jugó debido a unas "molestias". Salvo que la directiva tenga un as en la manga para la portería, el affaire Adán resulta muy preocupante.

Como siempre, los comentarios son bienvenidos. En Twitter, @juanramonlara7.

sábado, 17 de junio de 2017

Planificación de la plantilla 2017-18

El estricto mutismo que hasta ahora está guardando hace muy difícil conocer los planes del área deportiva bética en torno a la primera plantilla. Se conoce solo el alta del delantero Sergio León, acertado fichaje de un delantero formado hace años en la cantera bética.

Por tanto, para considerar las necesidades de la plantilla tendremos primero que especular sobre las salidas que se producirán. Son bajas seguras o parece muy difícil que sigan en la plantilla Herrera, Piccini, Álex Martínez, Zozulia, Nahuel y los ya cedidos Gutiérrez y Fabián. Más que dudosa es la continuidad de Donk, José Carlos y un Rubén Castro que tiene graves e inminentes problemas judiciales más alguna oferta exótica muy lucrativa. Por desgracia también parece estar en la rampa de salida Petros, un jugador que podría ser muy útil (como titular o segunda opción) en el juego de Setién, bien como interior, puesto en el que haría de Keita de Guardiola y en el que daría alta posesión (roba muchas y pierde pocas), bien como mediocentro de emergencia.

Contra nuestra modesta opinión parecen probables las salidas de Cejudo y Bruno. La polivalencia del primero (en un 4-3-3 puede ser extremo, interior o lateral) y su buen perfil como suplente útil, excanterano, poco conflictivo y seguramente poco oneroso deberían valerle un sitio en la plantilla. El segundo quiere jugar más de lo que ha hecho el año pasado; su perfil defensivo –es rápido, algo importante si se adelanta la defensa– sería útil con Setién, aunque su salida de balón tendría que mejorar; en todo caso sería bueno tenerlo en la plantilla. Tampoco parece nada clara la continuidad de Adán, asunto este de lo más peligroso, y la de Alegría y Jonas, por los que se escuchan ofertas.

Si suponemos que estos cinco jugadores sí permanecen en la plantilla y que también lo hace el resto, tema tampoco claro en los casos de jugadores demasiado cotizados como Durmisi y Ceballos o en cedidos como Pardo, los quince jugadores disponibles podrían quedar repartidos por posiciones en un campo de juego aproximadamente así:


Aunque el esquema de juego no debería ser fijo para un entrenador y menos aún para una dirección deportiva –sí puede y debe estar definido el estilo de juego–, hay necesariamente que tener en mente que Setién muy probablemente use un 4-3-3 al estilo clásico del Barça, con pivote, dos interiores, dos extremos y un delantero centro. De todas estas consideraciones, y partiendo de que quien esto escribe es partidario de pocos cambios en las plantillas, de que estas sean cortas y de echar mano de la cantera, cuyo equipo está bien surtido de interiores, las necesidades de fichaje del primer equipo bético en las que habría que realizar una fuerte inversión serían, por orden de importancia:

- Un mediocentro posicional muy completo, que asegure muy buena salida de balón y pase largo, y al tiempo ocupe mucho campo y, si es posible, vaya bien por alto. No será fácil encontrar un jugador así –digamos que del estilo de Busquets o Alonso y tan bueno como alcance–, pero es imprescindible cubrir este puesto con calidad.
- Un central de calidad y completo: para el juego de Quique necesariamente ha de ser rápido y tener buena salida de balón, y deberá ser zurdo o capaz de jugar en el perfil izquierdo.
- Un extremo, en principio zurdo y para jugar a pie cambiado, con potencia física, recorrido y cierto gol.

Además serán necesarios, con el mejor nivel que se pueda encontrar sin invertir tan grandes recursos:

- Un segundo extremo, de características similares pero diestro, aunque sea probable que Sanabria o León acaben teniendo minutos en esa posición.
- Un lateral derecho de perfil ofensivo, similar al de Piccini.
- Un segundo mediocentro posicional.
- Un interior con buen manejo de balón, con la condición inexcusable de que mejore lo que hay (Jonas, Brasanac, Cejudo, Joaquín, un Pardo que podría actuar en esa posición, Narváez, Hinojosa...). Sin garantía de ello será mejor ahorrar y reducir plantilla.

Por demás, con este último fichaje o no, convendría la salida de un par de jugadores de esa posición (Pardo, si se ficha un segundo mediocentro, Jonas, Cejudo...), y naturalmente en caso de bajas con traspaso como las de Adán, Ceballos o Durmisi habría que reinvertir lo ingresado con jugadores contrastados en sus posiciones.

Los comentarios son siempre bienvenidos. En Twitter, @juanramonlara7.

PD: Ponemos al día el gráfico a 10 de julio, introduciendo bajas y altas y a la vista de la concentración en Montecastillo, pero sin contar con los hoy improbablemente miembros de la plantilla futura Ceballos, Rubén Castro, Zozulia, Nahuel, Pardo, Fabián, y dejando de momento a un lado a los canteranos como Narváez o Junior.



jueves, 15 de junio de 2017

Balances de la temporada 2016-17 (II): la plantilla

Haremos ahora el tradicional balance de la actuación de los jugadores durante la temporada que ha terminado, justo antes de que comience el carrusel de entradas y salidas de cada verano. Servirá el balance también para valorar la actuación del director deportivo saliente, Miguel Torrecilla, tan breve en el cargo como es costumbre en el club y como era previsible al oir los (también acostumbrados) halagos prematuros de la prensa del verano pasado.

Porteros
Adán ha hecho una notable temporada, de rendimiento muy regular y gran fiabilidad, aunque su progresión bajo palos parece haber tocado techo y sus partidos brillantes han sido pocos. Sí ha mejorado notablemente en el juego de pies, algo muy conveniente en el fútbol actual. Su futuro sin embargo es confuso: con dos años de contrato por delante y ocho millones de cláusula, las negociaciones para su renovación se han estancado e incluso circulan habladurías negativas sobre su influencia en el vestuario –pese a que sus declaraciones públicas suelen ser intachables–. El club maneja ofertas y parece tener algún as en la manga (¿Adrián, aun recién renovado en Inglaterra?); más le vale, porque el puesto de portero es importantísimo y dejar salir a Adán sin un relevo de garantías sería un grave error.

Giménez, como en la anterior temporada, ha dado siempre la impresión de ser ese buen suplente en el punto justo de inferioridad con el titular que acata su situación pero trabaja con aplicación. En un plano terciario, como era de esperar, quedó Herrera, un fichaje tan inexplicable y sospechoso como el de Tarek por Macià un verano atrás.

Defensas
Los fichajes de Torrecilla se enfocaron hacia jugadores de precio medio y a las puertas del apogeo de sus carreras (en torno a los 24 años). Fue el caso del gran acierto de su trabajo del pasado verano, el danés de origen albanés Riza Durmisi, un jugador de unas condiciones físicas y técnicas extraordinarias (en particular tiene un excelente golpeo de balón, buen control de este y una tremenda velocidad) que puede llegar a la élite si mejora su mentalización defensiva.

Varios escalones por debajo en todos los aspectos está Aïsa Mandi; rapidito pero demasiado lento para ser lateral, no lo suficientemente fuerte y alto para ser central, aseado técnicamente pero sin calidad para ser mediocentro, rindió aceptablemente en un costado de la defensa de tres pero nunca justificó el fuerte desembolso por su fichaje. Su buena salida de balón le da ciertas chances con Setién, pero si no corrige su blandura la defensa del Betis sufrirá mucho con él como titular.

Al igual que Durmisi, Piccini (que ya ha abandonado el club) se vio favorecido por un sistema que ocultó sus carencias defensivas; aun así el canterano Rafa Navarro le robó la titularidad en el lateral derecho gracias a su superioridad en ese aspecto, y a una técnica efectiva aunque poco vistosa: una vez más se demostró que para gastar millones fuera hay que estar muy seguro de no tener algo mejor o cuando menos de nivel similar en casa. Menguante fue el rendimiento de Álex Martínez en la otra banda, y aunque como suplente puede ser un relleno de plantilla aceptable parece que saldrá del Betis.

El también canterano José Carlos dio sensaciones similares a las de Martínez: no aprovechó sus oportunidades –en particular demostró peor manejo del balón de lo que parecía prometer– y su papel, en el mejor de los casos, será de suplente en un futuro cercano. Al no convencer su rendimiento Víctor solicitó para el perfil de central zurdo al rumano Tosca; como Mandi, tiene un encaje dudoso en defensa de cuatro, aunque nos parece que por velocidad, buen uso del cuero (si bien lo conduce mucho mejor de lo que lo pasa) y falta de altura su puesto natural sería el de lateral izquierdo, con un perfil defensivo. Bruno tuvo poca continuidad esta temporada, aunque sus actuaciones fueron siempre al menos aceptables; aunque rápido y uno de los mejores defensas puros de la plantilla, si no mejora su salida de balón (margen tiene) tendrá muy difícil jugar con Setién.

El central de mejor rendimiento fue con diferencia Pezzella, pese a que su temporada no fue tampoco brillante. Defensa a la antigua como Bruno, se manejó bien para sus condiciones cuando la defensa jugó adelantada, y lució siempre su imponente juego aéreo.

Centrocampistas
La espantosa gestión del puesto de mediocentro posicional o pivote por parte de Torrecilla acabó con Ryan Donk como único candidato más o menos natural al puesto, aunque su físico fuese más de defensa central. El holandés había llegado a la treintena sin apenas pisar una gran liga, y aunque demostró ciertas virtudes, como una gran presencia física y un toque de balón mucho mejor de lo que se le ha reconocido, mostró también un bajo ritmo de juego que lo invalida para el nivel de la liga española.

Para mejorar en ese puesto, sobre todo en lo ofensivo, se parcheó en la ventana navideña con Pardo, una especie de copia algo empeorada de Beñat cuyo rendimiento fue decreciente: tras un gran debut, en el que además de lucir gran cambio de juego robó infinidad de balones por inteligencia, su rendimiento defensivo fue bajando. Llegado cedido, su continuidad puede ser interesante pero no hará dar un salto cualitativo a la plantilla; por otra parte su sitio natural no parece del todo claro en un 4-3-3.


De los interiores llegados en verano, todos de nuevo en torno a los 24 años, el más interesante fue Brasanac, extraño fichaje llegado como oportunidad de final de mercado cuando se buscaba otro perfil, de jugador más posicional. El serbio no es más que eficiente con balón, pero sin él aprovecha muy inteligentemente su buen recorrido para crear espacios a los compañeros y negárselos al rival. Jugador de colmillo retorcido, va duro al choque y no se arruga ante nadie. Debe continuar. Mucho más decepcionantes fueron Felipe Gutiérrez, cuyas buenas maneras nunca se desarrolaron al ritmo debido para nuestra liga, y Jonas Martin, jugador que finalmente resultó ser más bien un delantero o segundo delantero que un centrocampista: ni es fiable en el pase ni guarda la posición, pero sí tiene cierta velocidad, dinamismo y llegada para jugar más arriba; no obstante nadie lo echará de menos si sale.

Petros hizo una temporada irregular, algo decepcionante para los que confiábamos en su explosión; bajó mucho su rendimiento tras renovar, y entró y salió demasiadas veces del equipo. Jugador inteligente tácticamente, curiosamente rindió mejor como pivote de emergencia que como interior, puesto en el que no se mostró tan fiable con balón como la temporada pasada, aunque sí muy activo, como siempre. Por su parte Fabián se vio perjudicado por la inflación de interiores y, sin apenas jugar, acabó cedido en Elche.

La estrella del centro del campo bético fue sin duda Dani Ceballos, que por fin se puso en el escaparate de la Primera División con su brillante final de temporada tras su inexplicable ostracismo en tiempos de Poyet. Contrastado ya en este nivel podemos afirmar que estamos ante el jugador con mejores cualidades físico-técnicas salido de la cantera bética cuando menos desde Joaquín, si no desde Gordillo. Superada su inmadurez, sus únicas carencias parecen ya las tácticas, subsanables en un chico que cumplirá pronto 21 años: aún no sabe esperar el balón en la posición correcta y con él pierde demasiado tiempo en regates y conducciones, y por todo ello frena el ritmo de la jugada, para alivio del rival; si aprende de Modric a usar sus recursos técnicos para jugar de forma sencilla acabará en un grande, porque tiene cualidades técnicas similares a las de Isco en un cuerpo (el suyo sí) nacido para el fútbol. Si sigue, con Setién podrá pulir esos detalles y sin duda brillará en un sistema y modo de juego perfectos para él: su manejo de pelota y su modo de presionar tras pérdida (agresividad, largas piernas que tapan mucho campo) lo convierten en el perfecto interior de un 4-3-3 para el juego de posición, en el que futbolistas así suben muchísimo la cuota de posesión de balón de su equipo.

Obviamente la cláusula de Ceballos (15 millones, se repartan como se repartan) está muy por debajo de su potencial valor, que probablemente de triplicará de aquí a un par de años; por suerte para el Betis no parece tener ahora una salida natural: el Atlético tiene cerrado el mercado, está verde todavía para Barcelona y Real Madrid, y o mucho nos equivocamos o su adaptación lingüística a otras ligas como la Premier sería en este momento tan complicada como lo fue la de su paisano Reyes. En suma, y dado que un traspaso con cesión en el Betis sería mal digerido por la grada, le conviene seguir cumpliendo contrato en el club, sea con renovación o sin ella.

Extremos y delanteros
Seguramente hemos asistido al último año de Rubén Castro en el Betis. Penalizado primero por la absurda posición de extremo en que lo usó Poyet y luego por la pérdida de chispa que es natural a su edad, hizo una buena temporada pese a todo, pero no fue tan decisivo como antes. Tampoco Joaquín está ya en su mejor momento físico, pero también el portuense guarda cualidades que lo hacen útil para el equipo: perdida su arrancada ya no hace daño en el uno contra uno, pero su calidad técnica (nadie en el Betis la controla como él en espacios cortos), su entrega y su juego combinativo pueden dar aún rendimiento.

Decepcionante fue el rendimiento de Sanabria, al que por edad y condiciones técnicas y (sobre todo) físicas habrá que dar tiempo; el club arriesgó mucho con su fichaje, realizado en condiciones casi abusivas, pero las lesiones y la falta de continuidad nunca le permitieron mostrar todo su potencial. A cambio Álex Alegría ofreció un puñado de buenas actuaciones, sobre todo en su papel de referencia de los balones largos; no parece dar el nivel de titular, pero si aprende a soltarla en pocos toques y sube su aportación goleadora puede ser un recurso táctico útil, bien encajable además en un 4-3-3.


Cejudo contó poco, aunque siempre dio la cara y cumplió, y nos tememos que saldrá del equipo, aunque sin duda muchos más merecimientos para ello hicieron Nahuel, que jamás se postuló siquiera para titular (pese al buen cartel que traía como promesa) y Zozulia, fichaje difícil de explicar y personaje cuya esperpéntica historia con el Rayo Vallecano volvió a proyectar una mala imagen del club. Igualmente extraño resultó el caso de Musonda, que en tres meses pasó de fichaje bomba a salir por la puerta de atrás sin digerir un papel secundario que tampoco fue fácil de entender: aun sin gol, su fútbol debió haber encajado bien en lo que pedía Poyet de un extremo.

Poco bueno puede decirse de la gestión como director deportivo de Torrecilla que, como nos temíamos, en nada mejoró a la del denostado Macià. En su favor es justo reconocer que trató de fichar jugadores contrastados en ligas medias pero con proyección futura (por tanto, claro está, más caros) y, sobre todo, que la permanente inestabilidad en su puesto complica mucho el trabajo, pues una vez más el director deportivo hubo de jugarse su puesto en un puñado de fichajes realizados a los pocos meses de llegar, sin tiempo para siquiera organizar un equipo de trabajo a medio plazo.

Juzgado pues como mero fichador, entendemos que el salmantino cometió varios errores: optar (otra vez) por la cantidad en lugar de la calidad, cambiando media plantilla; desequilibrar el equipo, poblando exageradamente zonas como la de interior –con lo que además se tapaba la progresión de algunos de los mejores canteranos del B– mientras puestos como el de mediocentro posicional o el de central zurdo quedaban prácticamente vacíos, asunto del que avisamos en septiembre pasado y que obligó a parchear exactamente esos puestos en el mercado invernal; y, por último y principalmente, acertar poco, pues de los muchos jugadores venidos solo Durmisi subió claramente el nivel respecto a lo que había; muchos apenas cumplieron (Tosca, Pardo, Mandi, Brasanac, Donk, el retornado Alegría), y el resto se movió entre la decepción, el fracaso absoluto y el puro esperpento (Sanabria, Jonas, Gutiérrez, Nahuel, Herrera, Zozulia). En el puesto de entrenador tampoco acertó.

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sábado, 3 de junio de 2017

Balances de la temporada 2016-17 (I): un historial táctico

La temporada 2016-17 del Betis merece un suspenso sin paliativos, y solo la fortuna de que hubiese tres equipos muy por debajo del nivel del resto –cosa que, por cierto, no demuestra en sí que la liga española de este año haya sido mejor ni peor que otras, o que la de otras temporadas– ha librado a los béticos del desastre absoluto del descenso. Los números  (15º puesto, 10 victorias, 9 empates, 19 derrotas) son desoladores.

Tan horrible rendimiento abre el debate de si responde al nivel real de la plantilla o si por el contrario factores externos o, sobre todo, la pericia de los entrenadores han lastrado las actuaciones del equipo. El asunto es poco menos que indecidible, y por tanto abierto a opiniones. La nuestra –tal vez arrastrada por el inevitable optimismo de cualquier aficionado al fútbol– es que el equipo daba para más, pese a haber sido muy mejorable el trabajo del director deportivo, y que mucha culpa ha de caer sobre los hombros de Poyet y Víctor, los entrenadores. Veamos sus etapas.

El Betis de Poyet
Solo duró once jornadas el uruguayo Poyet en el banquillo bético, aunque una larga pretemporada y una plantilla confeccionada a su gusto lo hacen responsable de mucho más que de ese cuarto largo de temporada.

La dirección deportiva bética había sido (un año más) renovada y se había fichado (un año más) un número desmesurado de jugadores, con manifiesto exceso de ciertas tipologías, como la del interior corretón; el plan de juego de Poyet, a cuyas necesidades el director deportivo Torrecilla se plegó excesivamente, explicaría en parte semejante inflación.

El entrenador uruguayo vino demasiado britanizado en lo futbolístico y en lo personal; carente de esa hipocresía tan necesaria en Sevilla que se suele manifestar en semanales elogios a la mejor afición del mundo, su escasa diplomacia y su libreto futbolístico anticuado acabaron por defenestrarlo tras muchos partidos malos, pocos buenos y un par de vergüenzas ante los grandes de LaLiga. Poyet traía un plan de juego rígido y de otra época: su equipo pretendía dominar el partido al estilo de la Premier, esto es, imponiendo un ritmo de juego muy alto a costa de una presión agotadora en todo el campo. Esa presión es efectiva cuando se ha encerrado pacientemente al rival gracias a un fútbol de toque –y de hecho esa es una idea básica del fútbol de posición que esperamos ver con Setién–, pero sin esa condición suele ser muy arriesgada y agotadora. El Betis de Poyet solo pudo sostenerla gracias a una buena preparación física y a la presencia de jugadores de mucho fondo, del perfil antes citado (Petros, Brasanac, Jonas...), pero en demasiadas ocasiones acabó en desastre (2-6 ante el Madrid) o con el equipo defendiendo por amontonamiento muy cerca de su área cuando esa presión ya no era sostenible; el Betis nunca trató bien el balón y su pretendido alto ritmo de juego solo se traducía en falta de control de los partidos.

El segundo error de Poyet (desde nuestro punto de vista) fue enrocarse en un esquema preestablecido antes de conocer a su plantilla: un 4-3-3 que se adaptaba mal al juego de su estrella, Rubén Castro. Exiliado las más veces en una banda, lo que en encuentros de posesión baja lo hizo jugar a setenta metros de la puerta rival, el canario enchufó cuatro goles en las tres primeras jornadas y seguidamente se difuminó hasta desaparecer. Sin sus goles, clave del Betis del último lustro, el equipo fue empalmando derrotas y decepciones.

Es inevitable citar el tercer gran error de Poyet: la condena al ostracismo de Ceballos. El canterano había hecho una excelente pretemporada y no solo tenía encaje perfecto como interior en el 4-3-3 sino que su fútbol habría ayudado a alargar las posesiones béticas, algo importantísimo en el juego que se intentaba y que pudo haber tornado hacia el éxito la propuesta del entrenador. Tal vez se debiese a cuestiones de vestuario que no hayan trascendido, o tal vez a una fidelidad mal entendida hacia el director deportivo que recomendase a Poyet dar una oportunidad por delante del canterano a los fichajes de ese verano, competidores por el mismo puesto (Jonas, Brasanac, Gutiérrez); error sobre error, el caso es que Ceballos acabó en el banquillo o incluso en la grada, situación que asumió con sorprendente resignación (al menos de puertas afuera). Si fue una cura de humildad, eso sí, bien le vino.

El Betis de Víctor Sánchez del Amo
Exsegundo entrenador de Míchel y exentrenador del Dépor, Víctor llegó con cierta fama de técnico innovador y puesto al día en cuestiones tácticas. Pronto la justificó con su esquema: implantó una defensa de cinco que no se veía con continuidad por Heliópolis desde hacía décadas –cosas de las modas: hoy vuelve, de la mano de Conte, el Chelsea y la Juventus–. Con esa novedad Víctor corrigió de una tacada muchos problemas tácticos, algunos arriba vistos:

1. Palió la debilidad defensiva, antes que nada por número de efectivos.

2. Halló posiciones más adecuadas para sus hombres de atrás, pues sus laterales, Durmisi y Piccini, cumplían de sobra en ataque pero pasaban problemas serios en defensa con línea de cuatro, y algún zaguero como Mandi –luego el de Tosca sería un caso similar– tenía un tipo intermedio entre central y lateral que no acababa de encajar en la defensa de cuatro, pero sí, y muy bien, en el puesto de central de flanco.

3. Acabó de un plumazo con la necesidad de extremos puros, escasos en la plantilla pero además decepcionantes –Joaquín ya no tiene velocidad para rendir al cien por cien ahí, Musonda, caso misterioso el suyo, empezaba a tener la cabeza en otra parte, y con Cejudo y Nahuel apenas se contó–.

4. Al meter más gente alta –tres centrales e incluso Donk como mediocentro–, y con trabajo de entrenamiento, mejoró a balón parado, aunque esta mejora, como otras, se fue diluyendo con el paso de los partidos.

5. Solucionó limpiamente el problema del encaje de Rubén Castro: el Betis podría jugar con dos delanteros, de modo que Rubén lo haría en punta sin que por ello el equipo perdiese la salida en largo que daba un Sanabria o, sobre todo, Alegría.

La segunda corrección fue la inmediata readmisión de Ceballos, que progresivamente mejoró su rendimiento (siempre muy superior al de los Jonas, Felipe o Brasanac) hasta brillar espectacularmente en las últimas jornadas.

A partir de esa línea de cinco el Betis, probablemente en aplicación de un buen estudio del rival, defendió de modos diversos. En estático el más repetido fue una defensa basculante que adelantaba al carrilero del lado del balón para encimar al lateral de ese lado mientras abandonaba al lateral contrario; pero también se vieron sistemas defensivos en 4-4-2 por retraso del lateral derecho o incrustando al mediocentro.

Durante un buen tramo de temporada el sistema defensivo funcionó bien, y llegó el momento de intentar mejorar el juego ofensivo, espantoso con alguna rara excepción. En las primeras jornadas de Víctor el asunto se había aparcado porque la situación se entendía delicada y los resultados eran buenos. La presencia de Donk como mediocentro –la gestión veraniega de ese puesto por parte de Torrecilla había sido lamentable–, más aún con tres centrales por detrás, permitía pocas exigencias y el aficionado se resignó a no ver fútbol mientras la pelotita entró en la portería correcta.

Pero fue este uno de los grandes fracasos de Víctor, que nunca logró organizar una buena salida de balón. Poco ayudó un (entendemos) error en la colocación ofensiva del equipo: cuando se sale con una línea de tres centrales conviene que en el siguiente escalón haya un número par de jugadores; esto es, además de los dos carrileros, dos interiores (llámeseles mediocentros), como ocurre en el actual Chelsea. Si sin embargo se coloca un solo hombre como mediocentro se puede caer en varios problemas, como fue el caso: que juegue este demasiado cerca del central-central, anulando su salida en conducción y la ventaja numérica en la salida de balón, y que los interiores se abran demasiado, sin apenas pisar los espacios intermedios y sí los terrenos de los carrileros, que acaban escupidos prácticamente a posiciones de extremo. Ambas cosas sucedieron:


La cosa tenía fácil arreglo: añadir (en ataque) a Brasanac a ese segundo escalón del juego, alejando a él y al mediocentro (Donk primero, luego Pardo) del central-central; y dejar la zona de fantasista a la italiana a Ceballos:


Con demasiada gente por detrás del balón, pues era el mediocentro quien solía iniciar la jugada, y sin gente en posiciones interiores –pues Ceballos solía venir muy atrás y muy fuera a pedirla– el Betis corría pocos riesgos pero nunca logró salir desde atrás en ventaja. La única solución fue fichar: llegado el mercado invernal fueron incorporados Tosca, zurdo y con buena conducción, y Pardo como manijero en sustitución de Donk. Obviamente el manejo de balón mejoró, pero el problema no se solucionó. Víctor fue tan inflexible en ataque como era flexible en defensa: casi nunca alteró esa colocación ofensiva, ni menos aún se atrevió a romper su defensa de cinco.

Con el correr de las jornadas se añadió un segundo problema: la falta de continuidad en la motivación del equipo; si con Poyet se bajaban los brazos ante los grandes (con resultados tenísticos como consecuencia), con Víctor, al contrario, se hacía en los partidos feos, como las visitas a campos sin prestigio, también con feísimas goleadas como resultado. Y es que Víctor y su equipo técnico nunca parecieron ganarse la complicidad de los jugadores: lucieron más como tácticos que como motivadores.

Perdida además la inicial fiabilidad en los partidos de casa, goleadas infames ante equipos como el Alavés y el Leganés acabaron por condenar a Víctor. Su sustituto, Alexis Trujillo, tuvo buenos detalles, pero sería injusto –para lo bueno o para lo malo– juzgarlo por dos partidos irrelevantes en las jornadas de la basura. La ruinosa temporada se había llevado por delante a dos entrenadores y, seguidamente, a otro director deportivo; la 2017-18 habrá que comenzarla, una vez más, desde cero, aunque los nombres de Setién y Serra Ferrer suenan mejor que los de sus antecesores.

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domingo, 21 de mayo de 2017

Sporting de Gijón 2 - Betis 2 (38ª y última jornada de LaLiga)

SPORTING: Cuéllar; Douglas, Babin, Meré, Canella; Sergio Álvarez, Vesga, Nacho Cases (Duje Çop, m. 64); Carmona, Carlos Castro y Burgui (Isma López, m. 58).
BETIS: Dani Giménez; Rafa Navarro, Pezzella (Mandi, m. 46), Tosca, Durmisi; Brasanac, Petros; Joaquín (Nahuel, m. 87), Dani Ceballos, Cejudo (Jonas Martin, m. 80); y Rubén Castro.
Goles: 1-0, m. 7: Douglas. 1-1, m. 22: Rubén Castro. 1-2, m. 59: Rubén Castro. 2-2, m. 79: Carmona.
Árbitro: Iglesias Villanueva (Comité Gallego). Amonestó a Cejudo y Durmisi.
Incidencias: 16.000 espectadores en el estadio de El Molinón, con una amplia presencia de béticos.


Cerró el Betis su muy decepcionante temporada con un más que aceptable partido, en el que mereció vencer. La falta de tensión competitiva y un rival muy limitado quitan, eso sí, valor al juego del equipo, que además perdió con el empate la ocasión de adelantar a Las Palmas en la clasificación –asunto relevante en lo económico–.

El partido tuvo un transcurso bastante uniforme en lo táctico, con dominio territorial mayormente bético, aunque en ciertas fases el Sporting presionó bastante arriba, con éxito a veces –primera parte hasta el 1-1– y sin él otras como en los minutos finales del partido, en los que el Betis superó claramente a los locales y contó con muchas ocasiones.

Los instantes iniciales de los partidos ofrecen con frecuencia una foto de los esquemas que van a jugar los equipos durante el partido, y ese fue el caso ayer:



Al ser el Betis quien saca, el Sporting se sitúa en un 4-1-4-1, tendente al 4-3-3 cuando eran los asturianos quienes tenían la posesión, aunque Cases jugó algo más arriba que Sergio Álvarez –más claramente luego Çop–. Pero más interesante para los béticos es el modo de colocarse de los suyos, porque confirmó (si había dudas) que nada de lo aquí escrito hace una semana era casual. Los verdiblancos repitieron el llamado 4-2-3-1, pero bien jugado tanto en defensa como en ataque. En defensa se transformaba en un 4-4-1-1 bien estudiado en el que Ceballos cerraba habitualmente al mediocentro Vesga y Castro ensuciaba y orientaba la salida de los centrales lo suficiente para que pocas veces fuera del todo limpia.

En ataque el 4-2-3-1 no era tal, afortunadamente, porque un doble pivote paralelo suele atorar la salida de balón por diversas razones (distancia mal a los hombres de dentro, impide la salida en conducción de los centrales, mete mucha gente por detrás del balón en el arranque de la jugada...). Sin embargo se puede defender con doble pivote y atacar en 4-3-3, como fue el caso, sencillamente haciendo escalonarse a los dos mediocentros: como ejemplifica ese inicio de partido, en fase ofensiva Petros se situó en posición centrada más atrasada, como pivote único, y Brasanac atacó como verdadero interior derecho, dejando los espacios propios del interior izquierdo a Ceballos. Joaquín y Cejudo eran los extremos y Castro el punta. Coherentemente con esa punta de poco porte físico el Betis, como hace una semana, trató de jugar siempre por abajo, en general con bastante éxito.



Como único problema táctico ofensivo hay que anotar la escasa llegada al remate de los extremos, que en este esquema deben defender en el centro del campo y llegar arriba como delanteros más que como extremos clásicos abiertos. Cejudo, empujado por las caídas a la izquierda de Rubén, tendió a meterse en zonas retrasadas; Joaquín a veces se abrió demasiado, pisándole los espacios de subida a Navarro, y otras se metió en la región del interior derecho, movimiento muy bien compensado por Brasanac –al modo de Rakitic con Messi en el Barça– subiendo arriba como delantero:
 
Con muy buen criterio Brasanac subió a veces a posiciones de delantero para alejarse de sus compañeros en fase ofensiva.

Como peor defecto de los béticos hay que anotar su escasa solidez defensiva: un equipo muy corto de calidad como el Sporting le creó ocasiones con demasiada facilidad desde su ataque estático en ciertos tramos del partido, como el arranque.

Jugador por jugador
Giménez: Bien, aunque sin brillantez. Muy metido en el partido, detalle revelador de su aplicación como suplente.
Navarro: Bien en defensa y aceptable en ataque. Es rápido en corto, algo importante en su puesto.
Pezzella: Buena primera parte. Más paciente con balón.
Tosca: Ocupa poco campo para jugar de central, pero la saca muy bien en conducción. O sea, es lateral izquierdo.
Durmisi: Su fallo final le afea un partido en el que percutió mil veces por su banda, algo mucho más dañino para el rival de lo que parece. Con cuatro atrás sufre más en defensa, como es natural. Diversos indicios señalan que este ha podido ser, desgraciadamente, su último partido en el Betis. En su caso habrá que conformarse con su recuerdo cuando veamos los resúmenes de la Premier.
Petros: Cumplió como pivote, aunque el puesto impide desplegar su hiperactividad defensiva.
Brasanac: Con balón no siempre acierta, pero sin él es un manual de movimientos.
Joaquín: Mal partido, aunque adornado por destellos de su calidad. Su brutal aceleración tras la bicicleta ya no existe, y eso lo penaliza como extremo. En sus condiciones actuales y en esquemas de un solo punta nato, ¿mejor a pierna cambiada?
Ceballos: En otro partido irrelevante otra exhibición sobresaliente. Dio un verdadero recital de pases, regates, disparos y recuperaciones, y esta vez casi todo con sentido.
Cejudo: Poco, pero intencionado.
Castro: Muy buen partido. Metió dos y anduvo cerca de otros dos.

Mandi: Aplicado. Poca presencia para su puesto.
Jonas: Bien, y muy cerca del 2-3.
Nahuel: Nada.

Alexis: De nuevo mostró voluntad de jugar buen fútbol y buenas ubicaciones para lograrlo, aunque de nuevo es difícil juzgar el valor del partido.

Los comentarios son bienvenidos. En Twitter, @juanramonlara7.

lunes, 15 de mayo de 2017

Betis 1 - Atlético de Madrid 1 (37ª jornada de LaLiga)

Adán; Rafa Navarro, Pezzella, Bruno, Durmisi (Álex Martínez, m. 86); Petros, Brasanac; Joaquín (Nahuel, m. 90), Ceballos, Jonas Martin (Cejudo, m. 67); y Rubén Castro.
Oblak; Giménez, Savic, Lucas Hernández, Filipe Luis (Torres, m. 63); Carrasco, Koke, Gabi, Saúl; Griezmann (Thomas, m. 74) y Gameiro (Gaitán, m. 63).
1-0, m. 56: Dani Ceballos. 1-1, m. 66: Savic.
Árbitro: Álvarez Izquierdo (Comité Catalán). Mostró tarjeta amarilla a Brasanac, Adán, Petros, Álex Martínez, Filipe Luis, Giménez, Koke y Savic.
27000 espectadores y césped excelente en el Benito Villamarín.


Hizo el Betis un buen partido ante todo un Atlético de Simeone, si bien el bajo valor competitivo del encuentro –el Atlético se conformó en el tramo final de forma manifiesta con un empate que en cualquier escenario le servía– le reste algún mérito.

Primera hora de juego 
Manifestó el debutante Alexis su deseo de que este Betis demostrase que sabía tratar el balón mejor de lo mostrado hasta ahora. Para ello deshizo la defensa impar de Víctor y volvió a los cuatro atrás, aunque minimizando riesgos al jugar Navarro por la derecha (mejor defensor que Piccini) y meter a sus dos centrales más puros, Bruno y Pezzella. Renunciaba sin embargo a Pardo y formaba un doble pivote con Brasanac y Petros, más Ceballos en la mediapunta, Joaquín y Jonas en las bandas y Castro arriba.

El Betis defendería pues en 4-4-1-1, y el Atlético en 4-4-2, con Griezmann y Gameiro arriba. Ambos equipos, no obstante, arreglaban sus posiciones de formas diferentes y muy interesantes para atacar en un adecuado 4-3-3, que reparte muy bien los espacios ofensivos. En el Betis, durante casi todo el partido –aunque fue más evidente en su buen arranque del segundo tiempo–, Petros y Brasanac escalonaban sus posiciones; el brasileño hacía de mediocentro posicional, con frecuencia metido entre los centrales en la salida de balón (la famosa lavolpiana), mientras Brasanac se adelantaba unos metros para hacer de interior (generalmente derecho), casi paralelo a un Ceballos que se atrasaba a zonas de interior izquierdo.

 
Petros se atrasa y Brasanac ataca paralelo a Ceballos

Afortunadamente para un Betis sin delantero diana arriba, la presión atlética nunca fue muy alta ni intensa, y, sorprendentemente, Bruno y Pezzella tocaron muy aceptablemente el balón e incluso salieron en conducción cuando ganaban el tres contra dos, sobre todo el canario. Con, por fin, gente que la pedía por dentro, el Betis tocaba con cierta fluidez; como único defecto, al jugar con dos extremos de ida y vuelta (Joaquín y Jonas eran delanteros en ataque y mediocampistas en defensa) la llegada al área era escasa.

La forma del Atlético de montar su 4-3-3 era diferente: Carrasco era verdadero extremo derecho y formaba trío arriba con los puntas Griezmann y Gameiro (uno de los cuales caía a la izquierda); Saúl era falso extremo izquierdo y por tanto atacaba como interior, y Koke se adelantaba a interior derecho, dejando a Gabi más atrasado en la salida de balón. Al contrario de lo que ocurre a otros entrenadores Simeone y Burgos parecieron mostrar plena consciencia de estas sutilezas posicionales: cuando a la media hora Carrasco y Saúl permutaron bandas, Koke hizo lo mismo en el doble pivote formado con Gabi en fase defensiva, para repartirse bien con Saúl los espacios de interior al atacar. Durante ese tramo el Atlético se hizo con el balón.

Minutos 63 al 74
Tras el gol bético Simeone toca a rebato, manda la presión arriba y cambia a un 3-4-3 con Torres flanqueado por Gaitán y Griezmann. El Atlético marca pronto.

Últimos veinte minutos
Tras el gol Simeone da un paso atrás, recupera la línea de cuatro y pasa a un 4-1-4-1; el Betis tiene el balón y corre ciertos riesgos al exponer su defensa a contragolpes en igualdad numérica, pero el ritmo es bajo y el conformismo visitante cede el empate.

Jugador por jugador
Adán: Algo lento en el gol, buen juego de pies y pocas intervenciones más.
Navarro: Cumplidor como siempre. Juega mejor el balón de lo que parece.
Pezzella: Contundente y aceptable en la salida, aunque no le apretaron.
Bruno: Buen partido. Seguirá, esperamos.
Durmisi: Sin fortuna en la finalización, pero insistente y siempre incómodo para el rival. Bien en defensa. Esperemos volver a verlo de verdiblanco, aunque lo dudamos mucho.
Joaquín: Suple con su excelente técnica y la sabiduría del veterano su falta de velocidad (para la que tuvo).
Brasanac: Penalizado con tarjeta, aguantó con oficio.
Petros: Partido aseado.
Jonas: Cuando juega casi de delantero y por zonas exteriores disfruta más de su buen físico y sus aceptables prestaciones técnicas.
Castro: Desgraciadamente esta ha sido la temporada de su decadencia, tardía pero inexorable.
Ceballos: Merece un capítulo aparte. Cierto es que el partido era de guante blanco, que tenía ganas de lucirse ante un posible destino futuro y que se vio favorecido por la posición de mediapunta, en la que tiene libertad para pedirla por dentro y defiende hacia delante –como a él le gusta–; pero cierto es también que hizo uno de los partidos más brillantes que uno recuerda a un jugador del Betis en los últimos años. Aunque a veces se enredó en sus sobeos de balón sin destino, que tras varios regates no suelen obtener ventaja alguna, en más ocasiones rompió líneas con pases verticales imposibles (como uno a Durmisi en el minuto 85, ya casi clásico), pasó rápido en corto y largo, se lució en controles magistrales, regateó hacia delante con brillantez y, además, metió un golazo. Hay que subirle la cláusula a toda costa.

Cejudo: Buen trabajo. Incisivo.
Álex Martínez: Bien.
Nahuel: Aparición simbólica y final.

Alexis: Buen debut, aunque las especiales circunstancias lo hacen poco significativo.

En Twitter, @juanramonlara7. Los comentarios son siempre bienvenidos.

martes, 9 de mayo de 2017

Nota

Visto completo el Leganés 4 - Betis 0, este bloguero no escribirá análisis del partido. Disculpen las molestias.

domingo, 30 de abril de 2017

Betis 1 - Alavés 4 (35ª jornada de LaLiga)

Adán; Rafa Navarro, Pezzella, Mandi (Nahuel, m. 62), Tosca, Durmisi; Rubén Pardo (Brasanac, m. 82), Ceballos; Joaquín, Rubén Castro y Álex Alegría
Ortolá; Vigaray (Theo Hernández, m. 59), Alexis, Ely, Feddal, Raúl García; Dani Torres, Krsticic,  Romero (Edgar, m. 62); Sobrino (Katai, m. 81) y Santos.
1-0, m. 12: Rubén Pardo. 1-1, m. 48: Krsticic. 1-2, m. 53: Sobrino. 1-3, m. 58: Santos. 1-4, m. 94: Katai.
Árbitro: Ocón Arráiz (Comité Riojano). Alexis, Óscar Romero, Dani Torres y Edgar.

El estruendoso ridículo hecho hoy por el Betis en el Villamarín ante un Alavés en modo vacaciones tendrá, una vez más, como consecuencia la caída de un entrenador cuyas posibilidades de continuar en el banquillo bético parecían reducirse a un buen tramo final, concepto inalcanzable tras el ridículo de hoy.

Primer tiempo
La primera parte tuvo algún interés táctico pese al aburrimiento generalizado que provocó el bajo ritmo del partido, consecuencia de que ninguno de los dos equipos se jugaba casi nada relevante, y menos aún un Alavés con una final a la vista que se llenó de suplentes. El interés fue sobre todo la colocación de unos y otros: mientras el Betis repetía el usual 3-1-4-2, esta vez con Joaquín y Ceballos (una vez más excesivamente abiertos en ataque) por detrás de Castro y Alegría, el Alavés usaba el mismo esquema para defender en posicional pero –movimiento que hemos reclamado aquí mil veces para el Betis sin el menor éxito– retocaba al atacar las posiciones interiores: el pivote Torres se acostaba un poco a la derecha, Krsticic se atrasaba hasta ponerse casi en paralelo y Romero jugaba en posiciones cercanas al extremo derecho. Santos quedaba como punta y Sobrino claramente como extremo izquierdo, como muestra su heatmap, formando un 3-4-3 mucho más racional que el 3-1-4-2 que lleva meses atorando el juego interior bético.

Pese a ello el Betis fue levemente mejor en esa primera parte y con ello le alcanzó para adelantarse en el marcador.

Minutos 46 al 60
El Betis sale dormido del vestuario y en once minutos se deja meter tres goles, con destacada participación en ello de una tripleta de centrales ayer lamentable, además expuesta por los amplios espacios que hubo de defender detrás y delante.

Última media hora
La horrible salida de balón de los centrales béticos debe producir tremendas dudas en el equipo técnico: si se les deja la responsabilidad de sacar la pelota jugada te pueden hacer un estropicio como el del 1-1, y si se atrasan los interiores para ayudarles como hicieron siempre Pardo y Ceballos durante la última media hora el equipo queda sin segundo escalón: siempre con mucha gente tras el balón, con el Alavés ya muy cerrado en un 5-4-1, los béticos carecieron de juego interior y se limitaron a hacer circulaciones de balonmano de lado a lado del campo, pese a tener ya un 4-4-2 en el campo. El estrambote llegó al final.

La calificación individual queda para mejor ocasión. Comentemos solo el lamentable partido de los de atrás (el empate deja por ejemplo en evidencia a Tosca, Mandi y Adán sucesivamente, y Pezzella estuvo espantoso con balón), la calidad y entrega de Ceballos, que compensan de sobra sus problemas tácticos, el trabajo de Alegría y la virtual desaparición de Castro. Mención aparte merecen las ganas de Pardo; no es la primera vez en este club que el último en llegar está entre los que muestran más entrega a los colores de la camiseta, algo muy significativo del estado moral de una entidad cuyos jugadores vendieron (al menos) un partido hace muy pocos años.

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viernes, 28 de abril de 2017

Athletic 2 - Betis 1 (34ª jornada de LaLiga)

Kepa Arrizabalaga; De Marcos, Yeray, Laporte, Balenziaga; San José, Beñat (Mikel Rico, m. 87); Susaeta (Williams, m. 77), Raúl García (Iturraspe, m. 73), Muniain; y Aduriz
Adán; Cejudo, Pezzella, Mandi, José Carlos (Álex Alegría, m. 67), Álex Martínez; Brasanac (Joaquín, m. 57), Petros (Rubén Pardo, m. 67), Dani Ceballos; Jonas y Rubén.
1-0, m. 52: Aduriz, de penalti. 2-0, m. 60: Muniain. 2-1, m. 62: Rubén Castro.
Árbitro: González González (Comité Castellano-leonés). Amonestó a Susaeta, Brasanac, Mandi y Adán.


Hizo el Betis un digno partido en San Mamés, un campo en el que las estadísticas de esta temporada ponían a priori muy difícil puntuar a los béticos. Los verdiblancos fueron inferiores a los vascos pero no perdieron la cara a un partido de alto ritmo y buena calidad técnica.

Primera parte
Víctor rotó en la alineación, que resultó en seis cambios de jugadores que, además de bajar el nivel, dejaron sin blanco de balones largos la punta del ataque, pues ni Castro ni Jonas, ayer segundo delantero, pueden hacer esa labor. Coherentemente con ello el plan de juego del Betis –no exento de riesgos, por supuesto– consistió en salir limpio a todo coste con el balón a ras de suelo, para tratar de tener el balón tanto tiempo como fuera posible, y lo más lejos posible de su portería. Probablemente con ese fin Víctor hizo incluso un sutil cambio de posiciones respecto a casi todos los partidos desde su llegada: Mandi y no Pezzella ocuparía el centro de la tripleta de defensas, con lo que podría repetir su buen juego con balón mostrado ante el Celta, apoyado por un Adán cada día más fino en ese aspecto. La pelota, en efecto, salió bien, pero los centrocampistas luego fueron incapaces de poner a Castro de gol. La defensa se mantuvo siempre lejos de su portero.

Posicionalmente el Betis jugaba su habitual 5-3-2, con Petros tras Ceballos y Brasanac, y el Athletic, con todos sus titulares, su 4-4-2 bien escalonado por dentro (Beñat por delante de San José) en el que Muniain se mete más por dentro que Susaeta, más extremo auténtico. El empuje vasco resultó en un buen número de llegadas por banda y balones arriba en busca de la pareja de tanques local, que cazó muchas pero pocas claras.

Minutos 46 al 60 
El Athetic sube revoluciones en la presión; el Betis se amedrenta y empieza a rifar pelotazos sin objetivo. Las llegadas locales se suceden: el 1-0 cae tras un error arbitral, y pronto lo hace el 2-0.

Última media hora
El Betis vuelve a echarla al suelo y marca pronto. Víctor esta vez sí puede hacer buenos cambios, por la sencilla razón de que, al contrario de lo que es habitual, esta vez los once mejores no estaban sobre el césped: tras usar un rato a Joaquín como interior izquierdo retira un central (cosa rara esta) y pasa a un 4-4-2 en el que el portuense es extremo derecho y Alegría y Castro los puntas. El Athletic se va metiendo atrás, con un doble pivote ya muy físico, pero aguanta bien las llegadas béticas.

Jugador por jugador
Adán: Gran partido con pies y manos. En lo primero ha progresado mucho, y en lo segundo vuelve a ser quien fue. ¿Renovará o tendrá la directiva algún as en la manga tipo Adrián?
Cejudo: Cumplidor, como siempre.
Pezzella: Partido flojo, sobre todo con balón.
Mandi: Buen partido, pese a las críticas: ser central ante Aduriz y García no es plato de gusto. Su presencia en el centro mejora mucho el manejo de pelota.
José Carlos: Demasiados partidos sin jugar.
Álex Martínez: Obviamente no es Durmisi, pero para suplente sobra. Mejor sin duda un buen canterano como este que cualquier fichaje mediocre.
Brasanac: Pegó sus tres topetazos habituales, pero en ataque estuvo desaparecido.
Petros: Tampoco se mostró mucho con balón.
Ceballos: Una vez más se excedió en las conducciones, lo que quita algo de efectividad a sus excelentes maneras. Últimamente juega demasiado abierto a la izquierda; el daño se hace por dentro.
Jonas: Tampoco la pidió mucho en zonas relevantes. No estorba, pero no da el nivel.
Castro: Casi desaparecido, metió un gol y falló otro.

Joaquín: Una vez más su presencia mejoró mucho el juego ofensivo, porque sabe jugar en espacios cortos.
Pardo: Mejoró, claro está, la posesión.
Alegría: Dio una salida nueva a la pelota, importante para neutralizar la presión rival.

Víctor: Supone uno que las rotaciones respondieron más a cuestiones tácticas (por ejemplo, José Carlos va mejor por alto que Tosca) y premios a los suplentes que a necesidades físicas. El plan de juego era interesante, aunque la calidad del equipo no dio para el difícil examen. Al menos se dio la cara.

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lunes, 24 de abril de 2017

Celta 0 - Betis 1 (33ª jornada de LaLiga)

CELTA (0): Sergio Álvarez; Álvaro Lemos, Roncaglia, Sergi Gómez, Planas (Jonny, m. 63); Marcelo Díaz, Radoja; Pape Cheikh (Wass, m. 71), Jozabed, Bongonda; y Guidetti (Beauvue, m. 59).
BETIS (1): Adán; Rafa Navarro, Mandi, Bruno, Tosca, Durmisi; Ceballos,
Rubén Pardo (Petros, m. 86), Brasanac (Cejudo, m. 88); Joaquín (Rubén Castro, m. 81); y Álex Alegría.
0-1, m. 54: Brasanac.
Árbitro: De Burgos Bengoechea (Comité Vasco). Amonestó a Durmisi, Planas, Bruno, Wass, Ceballos, Marcelo Díaz, Rafa Navarro y Cejudo
Balaídos. 16.000 espectadores. 


Jugó un buen partido el Betis en un campo difícil, aunque un Celta con la cabeza –y medio equipo titular– en otros asuntos quite algún mérito al asunto. El partido tuvo las típicas dos partes muy diferentes.

Primer tiempo
Mostró Berizzo detalles tácticos propios de su bielsismo: en ataque el Celta intentó (sin éxito alguno) amasar la posesión a partir de un claro 4-2-3-1 con Díaz y Radoja como mediocentros y mucho intercambio de posiciones arriba, y en defensa usó una típica y curiosa defensa zonal muy orientada al hombre, o sea, prácticamente una persecución individual en la que cada defensor sigue al atacante que pasa por su zona al inicio de la jugada: un modo de defender, en el fondo, muy anticuado, y que descoloca a tus jugadores si el rival mueve mucho sus posiciones ofensivas, como fue el caso del libérrimo Joaquín de ayer tarde. El portuense, generalmente perseguido por Radoja, apareció por donde quiso mientras sus compañeros restantes formaban en ataque un 3-1-4-1, con Alegría como tanque y Rubén en el banquillo –justo premio a los vencedores del Eibar–. Ceballos era perseguido por Cheikh.

La diferencia en este primer tiempo, muy bueno por parte de un Betis que sorprendentemente abrumó en posesión a los locales (casi 68/32%, una barbaridad), la marcó, por un lado, la muy superior intensidad de los visitantes, y por otro la disposición de la presión. El Betis la hacía en zona e igualdad numérica en todo el campo, una vez más desde un 4-4-2 defensivo que formaba rombo para que Ceballos tomase al mediocentro más atrasado de los vigueses; Joaquín y Alegría salían a por los centrales y Durmisi y Brasanac tomaban a los laterales, aunque al Celta no le daba tiempo siquiera a reorganizar su esquema al recuperar la pelota porque el Betis robaba muy rápido. Por esto mismo tardó mucho el Celta en poder mostrar su presión ante el inicio de jugada del Betis; con buen criterio los vigueses pusieron a sus dos hombres más adelantados sobre Bruno y Tosca, basculando sobre un libre Mandi para que sus conducciones se topasen con Pardo y su marcador, y tratando de cerrarle líneas de pase cuando se giraba hacia un costado.

Cuando Mandi se giraba hacia un lado el Celta trataba de orientar la presión de Guidetti y Bondonga hacia el lado del balón, pero el argelino supo realizar cambios de orientación hacia el compañero libre.

Sin embargo (¡por fin!) el Betis pareció haber trabajado bien la salida de balón; cuando los locales trataban de volcar su presión hacia un lado los buenos cambios de juego (incluso ciegos) de Adán y Mandi, según el caso, encontraban salida en el central opuesto.

Pases de Adán y Mandi en la primera parte.
Obsérvese la orientación lateral y el alto acierto.

Segundo tiempo
El Betis empieza a notar el desgaste y el Celta mejora su activación y su presión: la posesión se equilibra y va cayendo del lado local. La salida de balón bética pierde mucha fluidez.
Pases de Adán y Mandi en la segunda parte.

El Betis trata de sumar gente para defender en el centro del campo: Joaquín se atrasa un poco y Navarro da un paso adelante, lo que a cambio permite a Bongonda recibir a sus espaldas ante Bruno.

Brasanac marca pronto y el Betis se cierra bien sin retrasar demasiado la línea de fuera de juego. Unos y otros hacen cambios de cromos; Joaquín, fundido, deja entrar a Rubén, que juega algo más arriba que el portuense, pero Petros y Cejudo ocupan los puestos de sus sustituidos.
El Betis no pasa excesivos apuros, aunque goteen algunas ocasiones célticas.

Jugador por jugador
Adán: Muy bien en la única realmente clara del Celta (primera parte, mano a mano) y mejoradísimo en el toque con los pies.
Navarro: Definitivamente ha quitado el puesto a Piccini, al parecer lesionado, porque defiende mucho mejor que el italiano.
Bruno: Rápido, e incluso aceptable en el manejo de balón.
Mandi: Si olvidamos el error (¿suyo?) de recepción del minuto 40, su mejor partido con el Betis. Como central-central estuvo seguro, tiró la línea del fuera de juego bien arriba (algo sorprendente en él) y sacó muy bien el balón.
Tosca: Defender prácticamente como lateral lo favorece, aunque sigue fallando alguna por alto en cada partido.
Durmisi: Lo repetiremos: es muy bueno.
Brasanac: Duro como siempre (entró a rematar el gol como un kamikaze) y más acertado con balón que ante el Eibar. Tipo con el que ir a la guerra. Y sigue progresando.
Pardo: Intervino menos que en otros partidos, pero mejor.
Ceballos: Mostró sus condiciones, como siempre –incluidos varios pases espectaculares–, pero volvió a abusar del regate y a hacer el cartero (conducir el balón de compañero a compañero en lugar de pasarlo). El día que un entrenador le explique dónde pedirla y dónde soltarla dará un salto a crack total.
Joaquín: Su calidad y sus movimientos por el centro del campo tuvieron mucho que ver con el dominio de la primera parte, aunque también con la falta de llegada arriba.
Alegría: Volvió a ser el gran bajador de balones del inicio de la temporada.

Castro: Segundo partido fuera del equipo inicial y segunda victoria, algo muy significativo. Hizo un par de travesuras.
Cejudo: Tiempo para poco más que correr.
Petros: Para menos aún: tapar y nada más.

Víctor: Días después de afearle aquí el pésimo manejo de balón del equipo llegó uno de los mejores partidos en este aspecto, tal vez algo relacionado con la ausencia de Pezzella y la falta de ritmo del Celta. Si fuese capaz de estabilizar ese asunto ganaría muchísima cotización.

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jueves, 20 de abril de 2017

Betis 2 - Eibar 0 (32ª jornada de LaLiga)

BETIS (2): Adán; Rafa Navarro, Bruno, Pezzella, Tosca, Durmisi; Brasanac, Rubén Pardo (Petros, m. 83), Jonas (Dani Ceballos, m. 61); Joaquín (Donk, 72) y Álex Alegría.
EIBAR (0): Yoel; Capa, Ramis (Gálvez, m. 26), Lejeune, Luna; Pedro León, Escalante (Rivera, m. 62), Dani García; Bebé (Inui, m. 46); Kike García y Sergi Enrich.
1-0, m. 1: Jonas. 2-0, m. 89: Dani Ceballos.
Árbitro: Mateu Lahoz (Comité Valenciano). Mostró tarjeta amarilla a Jonas, Bruno, Rubén Pardo, Pezzella, Capa, Dani García, Kike García y Lejeune.
30.000 espectadores en el Benito Villamarín.

Muy contentos pueden estar los béticos con el partido del domingo, en el que, pese a notables bajas de última hora, logró unos importantísimos puntos que prácticamente lo libran del descenso a seis jornadas del final de la temporada en uno de los pocos partidos propicios para puntuar que le restaban. No obstante, visto este con la frialdad del diferido solo se constata que el equipo hizo un partido poco más que aceptable en defensa y horrible en ataque, y que nunca se impuso a un Eibar (¡el Eibar!) que, sin ser tampoco gran cosa, disfrutó de mejores ocasiones.


El encuentro se puso muy muy pronto favorable a los béticos, cosa que enmascaró la actuación de unos locales que tuvieron la coartada de tratar de jugar un partido cerrado para buscar un marcador corto que diera valor a ese gol. Lo cierto es que, con la excepción de los minutos que fueron del 50 al 70, en los que los béticos sí superaron en posesión a los eibarreses, durante casi todo el partido los béticos entregaron la posesión del balón a los visitantes (insistimos: el Eibar), cuya presión alta nunca fue superada por los verdiblancos, carentes de calidad y colocación para la salida de balón tanto en su trío de defensas como en el llamado (y aún no había llegado Pardo) mejor centro del campo de la Liga después de los de los grandes, y ello pese a que esta vez Adán sí mostró voluntad de jugar por abajo.

Para que esa presión alta del Eibar fuese eficaz –apenas desfalleció en los citados minutos del tercer cuarto de partido– bastó en principio que sus dos delanteros apretasen un poco a los tres centrales béticos; frecuentemente los puntas vascos permitían la salida hacia Bruno, que jugaba en largo apenas se le aproximaban mínimamente. Más tarde sí hubo emparejamientos uno contra uno y fueron los dos mediocampistas de banda los que apretaron sobre Bruno y Tosca, mientras los puntas (alineados ahora verticalmente) cerraban a Pezzella y Pardo. El ataque del Betis, colocado en esa fase en un 3-3-3-1 en el que Joaquín quedaba como segundo punta, se redujo por tanto a los balonazos que Álex Alegría lograba bajar, generalmente hacia un Joaquín que (contrapartida de esa presión alta) disfrutaba de espacios; de hecho, dos bajadas de balón del tanque bético dieron origen a los dos goles.

La colocación defensiva del Betis tuvo algún interés. El Eibar, siempre sólidamente situado, con empuje físico y un juego eficiente basado en sus tradicionales balones largos y centros desde la banda –pero juego bien realizado y flexible: saben tocarla cuando procede– se puso en un claro 4-4-2 cuyo hombre de más calidad, León, fue tan mal controlado por el Betis como suele. En consecuencia al Betis no le encajaba sus habitual sistema defensivo ante equipos que juegan con un solo delantero centro (el 5 contra 5 basculante de sus zagueros contra el punta, los extremos y los laterales rivales que abandona al lateral de la banda contraria al balón); retocó por tanto Víctor, como en ocasiones similares, su esquema defensivo, que fue realmente un 4-4-2 en el que Tosca era lateral izquierdo y tomaba a Pedro León, Brasanac quedaba como mediocampista de banda para cerrar a Luna y Durmisi defendía en posición similar pero por la izquierda, ante Capa. Cuando los visitantes superaban la presión Joaquín trataba de emparejarse con uno de los mediocentros azulgranas para ganar un hombre en la zona caliente:

Sistema defensivo del Betis ante el Eibar

En lo individual cabe señalar la solidez defensiva de Navarro y Pezzella; el buen (y arriesgado) juego de pies y la milagrosa parada de Adán, que salvó puntos después de mucho tiempo; la falta de calidad técnica de Brasanac y, sobre todo, Jonas, incapaces de retener el balón ante la menor presión; la voluntad de Joaquín, por demás el único jugador del Betis, hasta la salida de Ceballos, capaz de dar tres toques seguidos a la pelota; y la actitud ultradefensiva de Víctor, cuyo interés por el buen trato al balón, si es que alguna vez lo hubo, ha desaparecido por completo.

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