martes, 12 de diciembre de 2017

Betis 0 - Atlético de Madrid 1 (15ª jornada de LaLiga)

BETIS (0): Adán; Barragán (Julio Gracia, m. 75), Mandi, Feddal, Durmisi; Fabián (Aitor, m. 87), Guardado (Camarasa, m. 65); Joaquín, Boudebouz, Tello; y Sergio León.
ATLÉTICO DE MADRID (1): Oblak; Vrsaljko, Savic, Godín, Filipe; Saúl, Thomas (Lucas, m. 92), Gabi, Koke; Gameiro (F. Torres, m. 75) y Correa (Giménez, m. 61).
0-1, m. 29: Saúl.
Árbitro: Hernández Hernández (Comité Las Palmas). Mostró tarjeta amarilla a Boudebouz, Guardado, Mandi, Sergio León, Correa. Godín y Filipe Luis.
45.500 espectadores y recibimiento con pasional división de opiniones en el estadio Benito Villamarín 

La insuficiente reacción del Betis ante un importante equipo como el Atlético de Simeone ha sido recibida con esperanza en parte del beticismo por la evidente mejora en las sensaciones que desprende el equipo, pero en la otra con inconformismo por la impotencia para siquiera poner en duda la victoria del rival. En todo caso incluso los más pesimistas habrán de reconocer tres mejoras en el equipo: la actitud de los jugadores, mucho más comprometida; el funcionamiento del modelo de juego; y la mera presencia de Feddal. El segundo asunto es el que más nos interesa aquí, y el central marroquí fue clave en esa mejora. La explicamos.

Ante un equipo que maneja magistralmente las transiciones –era cosa de verse cómo replegaban los de Simeone cuando perdían la pelota y cómo se desplegaban hasta lograr superioridad numérica en sus contragolpes al recuperarla donde querían– era decisivo que el Betis lograse cerrar por fin el círculo virtuoso del juego de posición: salida limpia de la jugada desde atrás y consecuente repliegue bajo obligado del rival, pérdida –cuando llega– con el rival encerrado, presión postpérdida efectiva y recuperación del balón. El Betis lo logró desde el inicio ante todo mediante una buena salida de balón, muy mejorada gracias a Feddal y a una concentración en general superior a la de anteriores partidos. Una vez el muy buen toque bético atrás superaba la presión media-alta del Atlético la jugada solía morir en pies (o cabeza) del siempre excelente sistema defensivo atlético, pero los béticos, muy trabajadores y despiertos, apretaban en los segundos inmediatos y, a riesgo de conceder contragolpes, recuperaban pronto la pelota, al punto de que la posesión acabó en 74/26 %. Y ese riesgo era alto: ante la contra atlética han sucumbido últimamente los mejores equipos de Europa, y la muy ofensiva alineación de Setién se arriesgaba ahí al desastre. Tal vez, dada la previa, para el cántabro era una digna forma de inmolarse llegado el caso.

Posicionalmente Setién introdujo también (¡por fin!) notables novedades. Mientras el Atlético se plantaba en un 4-4-2 clásico con la (llamativa) aparición de Thomas por dentro y dos extremos que eran más bien interiores a pie cambiado, el Betis plantaba un claro y bien ordenado 4-2-3-1 para dar sitio a Boudebouz. Como es habitual en este sistema el equipo defendió en 4-4-2 –o sea, Boudebouz arriba junto a León– pero al atacar organizaba un 4-3-3 con lavolpiana, o sea, realmente un 3-4-3: el argelino se metía como interior derecho y dejaba el interior izquierdo a Guardado, ambos a la altura de los laterales una vez estos subían; mientras, Fabián hacía línea de tres con los centrales, pero con la singularidad de que no se metía entre ellos sino a su derecha, dejando el carril central a Mandi y el izquierdo a Feddal.

El buen toque de los tres permitía al Betis ganar siempre con limpieza el tres contra dos ante Gameiro y Correa, y Fabián filtró buenos pases interiores a pie cambiado; no obstante precisamente esa singular posición del canterano, en apariencia una forma de proteger al equipo ante pérdidas –evitando unos centrales muy abiertos con un jugador más débil en el centro–, dificultó su salida en conducción como hombre libre, algo que se echó de menos al pasar los minutos. Por demás el esquema 4-2-3-1 mostró sus virtudes y sus defectos: buen posicionamiento en ataque (cuando se hace bien, escalonando a los mediocentros), pero pérdida de llegada al remate porque el mediapunta ataca muy atrasado y eso obliga a los extremos a un recorrido excesivo para pisar el área.

La situación más habitual en el partido: Fabián quedaba como hombre libre aunque rara vez lograba progresar.

En todo caso el Betis dominó con claridad desde el inicio, y –salvo un breve tramo de desconcierto tras el gol– siempre tuvo el balón, aunque el paso de los minutos y el consecuente desgaste físico (pese a la alta posesión) le hizo perder progresivamente la iniciativa. Bien es cierto que el gol atlético, premio prematuro tras media hora sin apenas tener el balón (77/23%), provocó una especie de armisticio táctico: desde entonces unos y otros jugaron el partido que parecían querer, unos dominando el balón y plantando cara a un grande y los otros sabedores de que dominan ese juego y no corrían excesivo peligro. El Betis volcaba su juego a la derecha, donde había exceso de circulación, y raramente encontraba a Tello, su único hombre con desborde; pocas veces se cambió de orientación –sí Feddal–, un recurso que suele hacer sufrir a equipos que basculan mucho lateralmente como el de Simeone. No olvidemos además que el Atlético casi nunca presionaba arriba hombre a hombre, de modo que su defensa siempre tenía ventaja numérica de al menos un jugador ante el ataque verdiblanco.

Aun así Simeone retocó un par de veces su sistema, primero para mandar a Thomas a la banda derecha (donde fue diana de mil pelotazos para aprovechar su ventaja de centímetros ante Durmisi), y luego para cambiar su 4-4-2 –aunque Correa ahí ya reculaba a interior cuando le rebasaba la jugada– por un rocoso 5-4-1, inexpugnable por alto y bajo. Enfrente Setién acabó con un extraño y desordenado esquema en el que Joaquín era una especie de lateral derecho (emparejado con Filipe Luís), Aitor extremo derecho y Julio Gracia y Boudebouz interiores; a esas alturas el cansancio apenas permitía a los béticos colgar infructuosos balones a la olla.

Cabe anotar que prácticamente no se supo del esquema previsto de inicio por Setién para la defensa posicional o estática, pues la valiente presión postpérdida bética y el nulo reparo de los visitantes por jugar en largo al menor riesgo, y en los saques de puerta y banda, provocaron que el Betis defendiera casi siempre en presión alta y hombre contra hombre.

Jugador por jugador
Adán: Los tiempos han cambiado tanto que en días como este solo podemos hablar de su juego de pies, muy bueno por cierto: no hay nada como trabajar e intentarlo.
Barragán: Su grueso error en el 0-1, muy impropio de su estilo (perdió de vista a su par), le afeó un partido aceptable.
Mandi: Muy concentrado, como fue el caso, mejora mucho en defensa. Es el jugador de la liga española con mejor porcentaje en el pase.
Feddal: Completísimo. Imprescindible.
Durmisi: Sigue irreconocible, y si juega es porque no hay otro. Seguramente el año pasado disfrutó de un ecosistema ideal en su banda (Ceballos, Castro), y este le perjudiquen sus terribles problemas de coordinación con Tello, con quien choca una y otra vez porque ambos tienden a jugar por fuera. Lleva pasando meses; ya es hora de que Setién y Sarabia tomen cartas en ello.
Fabián: Buen partido en general. DIo fluidez a la salida, pese a no atreverse a conducir hacias delante. Su cobardía en un par de balones divididos fue muy llamativa.
Guardado: Se pareció al de principio de temporada. Su lesión es muy mala noticia.
Joaquín: Bien con balón, aunque poco participativo. Exceso de circulación por su zona.
Boudebouz: Va entrando en la dinámica de juego (aunque a costa de tener que hacerle un esquema ad hoc) y estuvo muy acertado y agresivo en la presión. Eso sí: a la hora se fundió.
Tello: Lanzó un disparo de gol de la jornada pero Oblak le hizo un milagro. Pese a los citados problemas de coordinación con Durmisi y sus precipitaciones fue el único jugador capaz de desbordar y hacer temblar el sistema del rival. Debe jugar siempre. ¿Por la derecha?
León: Encerrado en la jaula atlética, apenas la olió.

Camarasa: Muy mejorado en actitud e incluso bastante en acierto, cosas ambas fáciles por demás.
Gracia: Voluntarioso y participativo. No se cortó en su debut.
Aitor: Lo intentó, poero no tuvo tiempo.

Setién: Decidió jugársela con una vuelta a los orígenes y la presencia de Feddal le ayudó a tener un relativo éxito. Con esta actitud de los jugadores la tendencia cambiará.

Los comentarios son siempre bienvenidos. En Twitter, @juanramonlara7.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Un 4-4-2 para el fútbol de posición

Decía un comentario reciente en este blog que "el 4.4.2 y el juego de posición son enemigos íntimos", y ciertamente es muy raro ver a un equipo que practique este fútbol y que se coloque así en el campo en fase ofensiva. En el Barcelona, base de operaciones de este estilo, utilizarlo es verdadera causa de anatema. El 4-4-2 tradicional, en efecto, no forma triángulos, crea menos líneas de pase, impide las salidas en conducción de los centrales, suele acabar en solapamiento de posiciones de los mediocentros... de modo que se suele usar más en equipos que jueguen a transiciones rápidas, en largo, o que no tengan un plan de ataque posicional, pero no en equipos posicionalistas y de juego al pie.

Pero en un artículo aparecido recientemente en la revista de análisis deportivo de Martí Perarnau The Tactical Room (y aquí resumido) el autor de este blog y Antonio Inés demostraban que en el fútbol de posición la causa fundamental de que se prefiriese el 4-3-3 (y se rechazase el 4-4-2) es que es el que mejor crea espacios al distanciar a los futbolistas que atacan, y que de ahí se derivan los famosos triángulos y el resto de tradicionales postulados de este fútbol (los extremos y centrales abiertos, la lavolpiana, la ocupación de espacios interiores...). Más aún: en la simulación informática en que se basaba el artículo aparecía como resultado un curioso 4-4-2 asimétrico, prácticamente inédito en la élite, que sí espacia muy bien a los jugadores:


Hace poco lo proponíamos en este blog con jugadores del actual Betis como ejemplo; en la salida de balón tiene este aspecto:


Como se ve resulta un ataque con dos extremos y dos puntas (uno de ellos con leve tendencia a mediapuntear), y tras ellos un mediocentro ante los centrales y un solo interior a su lado, papel que haría en este caso Guardado.

Pues bien, el pasado sábado pudo verse un ejemplo brillante de uso de un 4-4-2 asimétrico como este. Al descanso del Manchester City-West Ham el equipo de Guardiola, líder destacadísimo de la Premier, perdía 0-1 y necesitaba atacar una defensa cerradísima en 5-4-1, habitualmente indigesta para los equipos posicionalistas. Como demuestra @javibetico_94 en este interesantísimo análisis en efecto el City iniciaba sus ataques con un rarísimo 4-4-2 asimétrico muy parecido (casi idéntico) a ese: 

Imagen: @javibetico_94

Más aún: si seguimos el gráfico final de nuestro artículo:


para optimizar el espaciado en ataque lo ideal sería surfear la línea más alta de las tres que representan cada sistema a medida que el ataque avanza y se estrechan las líneas rivales; y saltar pues (sobre los 28 m.) de la línea amarilla de ese sistema asimétrico a la azul del 4-3-3, que a esas alturas es un 2-3-2-3, incluso un 2-3-5:



Pues bien, el virtuosismo en el espaciado de Guardiola llegó al punto de que en efecto (véase el primer gráfico de este tuit, siempre según el análisis citado) en la siguiente fase se construía ese 2-3-2-3 (o 2-3-5). El City logró remontar el partido y con ello su decimotercera victoria consecutiva.

Guardiola al final del partido dijo haber aprendido de este partido la lección de poder atacar con dos extremos y dos puntas, así que es probable que volvamos a ver este novedoso 4-4-2 asimétrico, sobre todo como recurso ante defensas de cinco atrás y muy cerradas, como esta del West Ham o la del Southampton días antes, ante las que es fundamental optimizar espacios.


Los comentarios son bienvenidos. En Twitter, @juanramonlara7.

lunes, 4 de diciembre de 2017

Las Palmas 1 - Betis 0 (14ª jornada de LaLiga)

LAS PALMAS (2): Lizoain; Michel, Lemos, Bigas (Ximo Navarro, m. 75), D. Castellano; J. Castellano, Vicente Gómez; Tana (Hernán, m. 88), J. Viera, Remy; y Calleri (Oussama, m. 83).
BETIS (0): Adán; Barragán, Mandi, Amat, Durmisi (Narváez, m. 82); Javi García (Feddal, m. 57);  Joaquín, Guardado, Camarasa (Boudebouz, m. 64), Tello; y Sergio León.
1-0, m. 18: Calleri.
Árbietro: Estrada Fernández (Comité Catalán). Mostró tarjeta amarilla a Lemos, Joaquín, Camarasa, Barragán, Feddal, Guardado y Amat en dos ocasiones, la segunda en el minuto 91.
16000 espectadores y buen césped en el Estadio Gran Canaria.

Un problema de actitud
Dio el Betis vida una vez más a un rival moribundo y mereció más castigo en un partido indefendible. Los problemas del equipo no son ya tácticos sino, claramente, de actitud, y –según de qué futbolista hablemos– oscilan entre la falta de fe y la clara dejación: es evidente que ciertos elementos del vestuario desean cargarse al entrenador.

En lo táctico el partido trajo una novedad: ante los recientes desastres defensivos el cuerpo técnico ordenó dar un paso atrás, juntar líneas, presionar solo cuando las circunstancias lo permitiesen claramente y tratar de evitar los latifundios que últimamente aparecían entre las dos líneas defensivas del equipo. La salida de balón fue voluntariosa pero deficiente, de modo que el Betis casi nunca se instaló en campo rival y la presión agresiva postpérdida fue imposible; por tanto el partido transcurrió casi siempre –incluso cuando quedaban pocos minutos y el resultado era negativo– con dominio territorial y de balón de los locales, un equipo de escasa calidad y en horas muy bajas.

Setién fue a lo seguro en cuanto a alineación y esquema, con buen criterio dadas las circunstancias. El Betis sacó lo mejor que tenía y se dispuso en su habitual 4-3-3 ofensivo y 4-1-4-1 defensivo. Enfrente Las Palmas jugaba un 4-2-3-1 que en ataque posicional se convertía en algo parecido a un 3-4-3, pues uno de los mediocentros se metía sistemáticamente entre sus centrales para sacar el balón y Viera se atrasaba, perseguido por García; sus extremos también caían a veces por dentro. Enfrente, como suelen, uno de los interiores del Betis acudía a apretar un poco al central que tuviese la pelota y el otro basculaba junto a García para cerrar los espacios interiores. El equipo no saltaba nunca a la presión hombre a hombre: claramente había consigna de no dejar espacios por dentro (causa básica de la reciente sangría de goles) a cambio de tolerar largas posesiones del rival. Pero este Betis, sin agresividad defensiva ninguna, ni siquiera así defiende bien, y errores tan groseros como el de Durmisi al tirar el fuera de juego en el 1-0 o los de Adán con balón en el arranque dieron pronto opciones de gol a Las Palmas.

Con ser esto grave la situación en ataque fue aún peor: el Betis trataba de sacarla jugada solo en intención, pero de hecho casi nadie se ofrecía –ciertos jugadores se escondieron, sin mostrar la mínma concentración debida para colocarse bien y para abrir espacios, y la soltaban a la mínima ocasión– y las pocas veces que se progresaba el balón acababa siendo devuelto atrás. En natural consecuencia el equipo apenas se acercó a la puerta rival, las ocasiones de los locales gotearon durante todo el partido y el Betis, presa de una mezcla de indolencia, desacierto y miedo a la goleada, ni siquiera tuvo el mínimo atrevimiento de intentar ir a por el partido, pese a estar vivo por puro desacierto del rival en el área.

En cuanto a los cambios, apenas cabe anotar la aparición forzada de Feddal que convirtió a Amat en mediocentro, la colocación de Boudebouz como interior derecho y la anecdótica presencia de Narváez, que empujó a Guardado al lateral.

Jugador por jugador
Adán: Su buen partido bajo palos parece indicar que sus errores iniciales con balón fueron más producto de los nervios que de falta de concentración.
Barragán: A las claritas.
Mandi: Falta de fe y de agresividad.
Amat: Bien. Dentro de sus limitaciones fue uno de los pocos que quiso el balón, e incluso mejoró con él a García como mediocentro.
Durmisi: No le sale nada y además ni lo intenta. Actitud muy poco presentable.
Javi García: Una sombra de lo que fue, especialmente con balón.
Joaquín: Desacierto, pero al menos se notó que le escocía la situación.
Guardado: Bloqueado, tampoco le sale nada, pero al igual que a Joaquín al menos se le notó rebeldía.
Camarasa: Observen la dirección de las flechas. Es, claramente, uno de los que quieren cargarse a Setién.


Tello: Al menos puede y lo intentó, más o menos atropelladamente. Ahora mismo es de los pocos jugadores que pueden aportar algo en ataque.
León: Está rápido, pero ni le sale ni se lo cree.

Feddal: Puso alguna calidad.
Boudebouz: No sabe dónde está, aunque clase tiene.
Narváez: Desbordado por la situación, apenas intervino.

Setién: Debe buscar los fantasmas dentro del vestuario, no fuera. Si sigue debe saber con quién puede contar: a unos parece darles igual lo que pase, otros lo intentan pero no se sobreponen a la presión y muy pocos quieren y están capacitados para superarla.

Los comentarios son siempre bienvenidos. En Twitter, @juanramonlara7.

viernes, 1 de diciembre de 2017

Betis 3 - Cádiz 5: breves notas

Dado que no nos extendimos en el análisis del partido de ida de esta eliminatoria de Copa, no tendremos el masoquismo de hacerlo sobre el esperpéntico partido de vuelta de anoche, que ha regalado a la afición del Cádiz una noche histórica, como poco antes hizo el Betis de Setién con las de Eibar o Valencia. 

Sí hay que detenerse en el gravísimo problema defensivo que tiene este Betis y que aquí venimos anunciando desde los buenos tiempos en que la delantera los compensaba. Como hemos explicado ya varias veces un momento clave del juego de posición es la presión postpérdida, y al ser un movimiento colectivo y arriesgado es muy necesario (no fácil, ojo) tener claros los triggers que la hacen saltar, o sea, cuándo ir arriba y cuándo, en cambio, replegar y juntar líneas permitiendo al rival iniciar un ataque posicional.

El peor problema de este Betis es justamente los intentos de presión a destiempo, que ya explicábamos tras aquel partido ante la Real: como sucediera al Betis de Poyet hace un año el equipo se empeña en adelantar la defensa y recuperar el balón en campo contrario en momentos que no lo hacen recomendable, dando lugar a situaciones como esta, que desembocó en el 2-4:


Si imaginamos a los dos jugadores del Cádiz (central y lateral izquierdo) que se salen de plano por la derecha, sumaremos que el poseedor del balón tiene cuando menos seis opciones fáciles de pase. En una situación así solo cabe recular y juntar líneas; sin embargo la defensa bética se adelanta, producto de un intento de presión infructuoso y a destiempo (vean la posición del delantero centro del Betis).

En realidad este tipo de decisiones –cuándo adelantar o hacer recular la línea de fuera de juego, cuándo presionar o replegar– son una elección constante del juego defensivo de cualquier equipo, no solo de los que juegan en el estilo del Betis. En ese sentido tiene razón Setién cuando dice que la fragilidad defensiva del equipo no es un problema de estilo de juego: pocos goles ha recibido el equipo por los riesgos clásicos del fútbol de posición (pérdidas en la salida, o por atacar muy metido en campo rival y con demasiados hombres por delante del balón) y muchos por mala temporización de la presión, mala defensa posicional o a balón parado, asuntos que no se van a solucionar por jugar con otro estilo. Sí es cierto que en función del estilo se priorizaron defensas técnicos antes que físicos y expeditivos (Mandi en lugar de Pezzella, por ejemplo), pero eso tiene ya poco remedio y tampoco se solucionará cambiando ahora de modo de jugar. 

Las únicas buenas noticias del partido fueron los buenos partidos de Tello, claro merecedor de la titularidad, y de Boudebouz, dimisionario en defensa pero de espectacular calidad en ataque. A cambio, jugadores como Navarro se señalaron irreversiblemente.

Los comentarios son bienvenidos. En Twitter, @juanramonlara7.

lunes, 27 de noviembre de 2017

Betis 2 - Girona 2 (13ª jornada de LaLiga)

BETIS (2): Adán; Rafa Navarro (Fabián, m. 82), Amat, Tosca, Durmisi; Guardado, Javi García, Camarasa (Sanabria, m. 60); Boudebouz (Tello, m. 60), Sergio León y Joaquín.
GIRONA (2): Bono; Ramalho, Juanpe, Muniesa; Pablo Maffeo, Granell, Timor (Douglas Luiz, m. 54), Aday Benítez (Mojica, m. 65); Portu, Stuani y Borja García (A. García, m. 91).
0-1, m. 46: Portu- 1-1, m. 85: Guardado. 1-2, m. 94: Portu. 2-2, m. 95: Tello.
Árbitro: Del Cerro Grande (Comité Madrileño). Amonestó a Granell, Durmisi, Javi García.
Buenas condiciones para el fútbol y público un tanto crítico hacia el equipo.

El mal partido del Betis ante un buen Girona ha abierto el debate sobre el modelo de juego de los béticos. Tal debate iba a llegar inexorablemente, antes o después, pero curiosamente lo ha hecho tras un partido en el que el equipo fue poco fiel a sus ideas y cuya extraña mecánica tuvo más que ver con la forma de defender del rival que con el estilo de juego verdiblanco.

Primera parte
Y es que no es ninguna novedad ni algo exclusivo de este Betis de Setién que el equipo abuse de los balones hacia Adán, sino más bien un vicio heredado; lo inhabitual, y muy usual en temporadas anteriores, es que el portero juegue tanto en largo, y lo peor es que esos balones se perdieron casi siempre.

Y es que en la primera parte el Girona llevó al extremo el principio de hacer jugar al rival a contraestilo; como el Betis gusta de tener el balón, le presionó muy arriba, hombre contra hombre y muy encima, para acortar al máximo las posesiones béticas y alejarlas de la portería catalana. Contra la opinión ahora general ni esta es la única forma de incomodar al Betis (por ejemplo el Getafe se replegó muy abajo, y el Eibar defendió con un bloque medio-alto con un dos contra tres arriba) ni garantiza el triunfo, porque evidentemente tal forma de jugar tiene sus riesgos: el desgaste físico y, sobre todo, abandonar a tus defensas al uno contra uno ante los delanteros rivales y con muchos metros a la espalda, algo peligrosísimo si el contrario logra zafarse de la presión por un medio u otro.

Esa presión uno a uno fue posible porque el esquema gerundense (3-4-3) se adaptaba como un guante al 4-3-3 bético, pues suele convertirse en un 2-1-4-3 en ataque); la única corrección fue que Stuani retrasaba levemente su posición para marcar (a veces, curiosamente, por delante) a Javi García.

.

El Betis, por cierto, hacía algo semejante cuando el Girona tenía el balón, aunque las marcas no eran tan claras porque Javi García no siempre (a veces sí) se metía entre sus centrales en defensa para marcar a Stuani; esto, unido a la movilidad de los delanteros del Girona, provocó desajustes en los costados, por ejemplo cuando los laterales béticos tomaban a Portu o Borja García en lugar de a sus pares naturales, los carrileros. El Betis presionaba en general hombre a hombre pero a más distancia, para cerrar bien por dentro y correr así menos riesgos, y el Girona soltaba el balón en largo sin arriesgar demasiado.

Ante propuestas tan radicales como esa presión altísima del Girona hay, naturalmente, soluciones. Una de ellas es arriesgarse pese a todo a jugar por abajo, como hizo a veces el Betis, pero ello desembocó en posesiones consistentes en recepciones de interiores y extremos siempre de espaldas y con un rival pegado, con la consiguiente devolución hacia atrás y mucho riesgo, y sin más premio que cansar al rival. Con poca movilidad (de los diez jugadores apenas intentaban permutas los tres centrocampistas, a veces simplemente para que Adán buscase a Javi García por alto), el Betis acababa abocado al pelotazo de su portero, y aquí si se echó de menos un mejor trabajo para aprovechar esos balones: con el rival muy abierto y emparejado atrás uno a uno, un delantero que sepa peinar y bajar balones y dos extremos rápidos pueden provocar estragos en el sistema defensivo enemigo; por poner un ejemplo ilustre, el Bayern de hace un par de años, equipo posicionalista donde los haya habido, jugaba con frecuencia en largo hacia Lewandowski, con Robben y Ribéry en los costados. Pero Setién había dejado en el banquillo de nuevo a Sanabria y los extremos béticos, Joaquín y Boudebouz, eran una vez más jugadores con tendencia a pedirla a la corta y que casi nunca amenazan la espalda de los rivales. El resultado fue esta desoladora estadística de los balones largos de Adán. Obsérvense los balones hacia campo contrario:


Pese a todo el Betis ganó algunos rechaces y con el paso de los minutos (y el cansancio del Girona) fue logrando sacar algunos balones jugados, y entonces –en esto sí hizo bien– corrió para castigar el adelantamiento rival. Es significativo que fuese Guardado, siempre atento a aprovechar los espacios que dejan los extremos béticos cuando reciben muy atrás (una forma de permuta), quien se plantase un par de veces ante Bono. A cambio el Girona merodeó el área bética y cruzó balones hacia la zona de los centrales béticos, que una vez más se tragaron esa jugada en el 0-1.

Minutos 45 al 60
El Girona da un pasito atrás y retrasa unos quince metros su presión, lo que dificulta aún más la progresión bética y provoca contragolpes que acercan el 0-2.

Minutos 60 al 82
Setién mete velocidad: retira a Camarasa y retrasa a Joaquín a interior para tirar a León a la banda izquierda, a Tello a la derecha e introducir a Sanabria en punta. El juego mejora poco y el Girona, con un fresco Mojica en ese carril, hace mucho daño por la banda de Navarro.

Minutos 82 al final
Setién se ve obligado a tapar la vía de agua: coloca un teórico 4-3-3 que es ya un 4-2-3-1 en el que Amat es lateral derecho, Javi García central, Fabián y Guardado mediocentros y Joaquín un interior que es realmente mediapunta porque ya nunca baja. El equipo arriesga y sin buen fútbol sí va apurando a un cansado Girona que no se quiere meter atrás. En un final loco llegan tres goles.

Jugador por jugador
Adán: Debe mejorar en el toque de media distancia y largo. Muy bien bajo palos, aunque algo menos en las salidas.
Rafa Navarro: Muy mal en defensa; falto de ritmo, le pasaron como aviones. No aprovechó su oportunidad.
Amat: Se abrió y se ofreció muy poco en la salida de balón. En defensa poca presencia pero pocos fallos.
Tosca: Dejando a un lado su error en el 0-1, no ocupa el campo debido en un central. A falta de Feddal urge retrasar a García y meter a Camarasa de mediocentro.
Durmisi: La mejor noticia del partido es que ha vuelto. Ante la adelantadísima defensa del Girona profundizó por la izquierda como no lo hizo Joaquín. Su error final es ciertamente típica de su gran debilidad, pero si vuelve por sus fueros en ataque lo compensará.
Guardado: Arregló su flojo partido con el golazo de falta, precedido de un gran pase suyo. Impreciso en el toque y ante el gol.
Javi García: Su baja forma, junto a la de Guardado, tiene mucho que ver con la caída de rendimiento del equipo.
Camarasa: Sin estar en absoluto brillante fue el mejor del centro del campo. No se entendió muy bien su cambio.
Boudebouz: Soltó sus tres pases dañinos habituales, pero en partidos como el del sábado no se siente a gusto en el extremo. Si se adaptase al interior podría dar un salto.
Joaquín: Aunque mejoró en la segunda parte y perdió pocos balones, hizo un partido flojo, con escasa presencia. Deberá demostrar su liderazgo admitiendo una suplencia que sin duda ya merece.
Sergio León: Casi nunca ganó los pelotazos, y poco más le llegó.

Sanabria: Su sola presencia mejoró el ataque del equipo.
Tello: Su velocidad es imprescindible. Pese a que no suele ser fino con balón lo estuvo en grado sumo en el gol.
Fabián: Apenas tuvo minutos. Alguna fluidez.

Setién: El bajón del equipo tiene que ver con el de ciertos jugadores y con errores defensivos individuales –insinuados en su rueda de prensa–, pero también con su falta de flexibilidad táctica; sin tocar en absoluto el modelo de juego sí hay  que saber poner en el campo a tus mejores hombres y dar velocidad al equipo.

El detalle
La ausencia de Sanabria como titular es ya asunto misterioso. Tal vez se le quiera proteger de problemas físicos. Es difícil explicarlo de otro modo.

Los comentarios son siempre bienvenidos. En Twitter, @juanramonlara7.

martes, 21 de noviembre de 2017

Eibar 5 - Betis 0 (12ª jornada de LaLiga)

EIBAR (5): Dmitrovic; Capa, Arbilla, Paulo Oliveira, Juncá; Iván Alejo (Rubén Peña, m. 76), Dani García, Escalante (Joan Jordán, m.69), Inui; Sergi Enrich (Kike García, m. 81) y Charles.
BETIS (0): Adán; Barragán, Mandi, Amat, Durmisi; Javi García; Joaquín (Sanabria, m. 62), Fabián, Camarasa (Boudebouz, m. 70), Nahuel (Guardado, m. 57); y Sergio León.
Goles: 1-0, m. 6: Amat, en propia puerta. 2-0, m. 30: Escalante. 3-0, m. 56: Charles, de penalti. 4-0, m. 71: Charles. 5-0, m. 80: Sergi Enrich.
Árbitro: González González (Comité Castellano-Leonés). Expulsó con roja directa a Mandi en el minuto 55. Amonestó a Amat, Escalante, Arbilla y Guardado.
4.600 espectadores en el estadio de Ipurúa, con presencia de seguidores verdiblancos, y buen césped.

El histórico ridículo hecho por el Betis esta noche en Eibar es el resultado de una tormenta perfecta que debe hacer reflexionar a los técnicos del Betis en diferentes niveles.

Atribuir el desastre al infortunio, a una expulsión o a las dificultades propias de jugar en un campo como Ipurua son argumentos débiles cuando te golea, ante pocos miles de personas, un equipo de escasa calidad, plagado de bajas y que había marcado seis goles en once jornadas. Y es que el Betis lo hizo casi todo mal, en defensa y en ataque, en lo técnico, lo psicológico y lo táctico.

Los problemas empezaron en la alineación y el esquema. Como muy recientemente hemos comentado aquí no es razonable que el modelo de juego de un entrenador se traduzca obligadamente en un determinado esquema de juego que condicione la elección de jugadores; tampoco –en un club, no lo olvidemos, de elite profesional– que los equilibrios de vestuario obliguen a dar oportunidades a jugadores que no han demostrado merecerlas. En suma, no es aceptable que Guardado (bien descansado, tanto como Fabián) y Sanabria vean el partido desde el banquillo mientras los Nahuel, Camarasa y Amat son titulares.

A mayor abundamiento, tales oportunidades no redundaron en una especial motivación del equipo que, un partido más, mostró fuera de casa una mentalización muy inferior a la de los encuentros en el Villamarín. La jugada del 1-0 es buena muestra de ello:


La indolencia de Barragán en la marca del hombre con balón, la facilidad con que Amat se deja ganar la espalda por Enrich, su inoperancia en el despeje y la lentitud de Adán en su intento de atajar un balón muy blando son señales inequívocas de que el Betis no estaba metido en el partido como los locales.

Si en lo técnico Setién renunciaba a su ventaja con la alineación y en lo psicológico el Eibar era superior, en lo táctico las cosas no pintaban mejor. Esa jugada revela algunos problemas ya vistos en partidos anteriores; uno de ellos, ya muy repetido, es el excesivo espacio que el 4-3-3 bético concede entre sus dos líneas de cuatro: obsérvese ahí la distancia entre el interior bético, Fabián, y el lateral Barragán (el extremo, Joaquín, ni aparece en el plano), y compárese con las ayudas constantes de los extremos eibarreses a sus laterales cuando eran encarados por los extremos béticos. Un segundo problema, ya mal resuelto ante el Espanyol, era la igualdad numérica de los centrales béticos ante los dos delanteros, muy conveniente además al estilo local de balones cruzados, y aprovechada en ese primer gol; ni Javi García auxilió a los defensores (más bien se tragó la marca en el 2-0) ni se aprovechó la superioridad numérica en el centro del campo para presionar.

Al atacar se repitieron también defectos conocidos. No es censurable, a nuestro entender, la voluntad de sacar la pelota jugada, ni excusa para cambiar de modo de juego que el campo sea tres metros más estrecho por cada banda. Pero sí es necesario aprovechar las ventajas obtenidas en cada línea para ganar tiempo y espacio.


Ante el 4-4-2 local –más o menos previsible, por antiguo y por propio de su estilo de juego, aunque no fuese la norma en el Eibar esta temporada– era necesario salir en conducción con limpieza del tres contra dos abajo –contra la sensación de muchos, el Eibar no fue a la presión alta hombre por hombre– y ganar los duelos en la segunda línea. Pues bien, un día más ni los centrales supieron poner en ventaja a los Joaquín, Fabián, Camarasa y Nahuel, ni estos ganaron jamás el uno contra uno a sus pares, de modo que la salida de balón del Betis acababa convertida en un absurdo tiquitaca. Apenas algún balón largo a León alborotaba el sistema defensivo eibarrés. La responsabilidad fundamental, ya señalada aquí muchas veces, es de esa segunda línea bética, y especialmente de unos interiores que ni saben pedirla donde hace daño, ni intercambian posiciones entre ellos (menos aún con León), ni arriesgan nunca en el pase o el regate; ante tal falta de fluidez parece lícito preguntarse por Boudebouz, Tello, Guardado y Sanabria, hombres casi todos de nivel objetivamente (miren currículos) superior. Por otra parte, ni siquiera la habitual salida de balón por Barragán funcionó esta vez, así que el Betis, pese a su alta posesión y los riesgos (bien) tomados atrás, prácticamente no se asomó por el área de Dmitrovic.

Tras el penalti y expulsión la inferioridad numérica no fue obstáculo para que el banquillo bético se atreviese a hacer lo que antes no quiso, jugar con dos delanteros, pero el resultado del 4-3-2 solo fue recibir dos goles más. La bajada de brazos del equipo fuera de casa cuando vienen mal dadas resultó de nuevo preocupante.

Jugador por jugador
Adán: Le llegaron seis difíciles y entraron cinco.
Barragán: Mal en defensa y en ataque.
Mandi: La jugada del 3-0 le afea un partido decente.
Amat: Mal, un día más, aunque trató bien el balón. Su inicio de partido fue desastroso, y no es la primera vez.
Durmisi: Lo buscaron muy poco en ataque. En defensa ni lució ni fue el problema.
García: Uno de sus peores partidos. Ayudó poco a los centrales y no dio fluidez.
Joaquín: Desacertado con balón, que es lo suyo. No tiene por qué jugar siempre.
Fabián: Empezó a jugar bien en el minuto 60.
Camarasa: Un buen balón en profundidad, pero una irrelevancia ofensiva que en un interior y en este estilo de juego es muy dañina para el equipo.
Nahuel: Curiosamente esta vez no falló un solo pase, pero siempre en zonas frías.
León: Tuvo dos muy claras y no acertó, pero el ataque de un equipo no puede basarse solo en un acierto desmesurado de sus delanteros, como hasta ahora.

Guardado, Boudebouz y Sanabria: Minutos de la basura.

Setién: La rigidez de sus planteamientos tiene tres problemas: no es adaptable a sus jugadores en mejor forma, no se corrigen los defectos (detectables incluso en la victoria), y el equipo se convierte en previsible para el rival, lo que facilita muchísimo el trabajo táctico de este. Por comparar, el dios de este estilo de juego, Pep Guardiola, dedica la mayor parte de su semana a buscar las fisuras tácticas del rival y refinar –o incluso alterar sustancialmente– su modo de juego y sus esquemas defensivo y ofensivo para contrarrestar las virtudes del rival y aprovechar sus defectos; aquí ese trabajo se ve muy poco.

Los comentarios son siempre bienvenidos. En Twitter, @juanramonlara7.

martes, 14 de noviembre de 2017

Setién, el Betis y el 4-3-3

La llegada inminente de Rubén Castro, el excelente estado de forma de Sanabria y León y el relativamente bajo rendimiento del segundo interior del Betis –descontado como primero el indiscutible Guardado– ha abierto el debate del esquema de juego en el primer equipo bético; muchos ven poco razonable dejar en el banquillo en cada partido a dos de los tres goleadores, y la solución de encajar en una banda del 4-3-3 a uno de ellos, probada con León en un par de encuentros (Valencia y Levante, en este solo en defensa), tampoco parece convincente; no la defenderemos en este blog tras haber atacado virulentamente a Poyet por aplicarle tal receta hace un año a Rubén Castro.

Es más: estamos convencidos de que el 4-3-3, defensivamente un 4-1-4-1, es en parte culpable del mal rendimiento de los béticos en defensa posicional, como ya se explicó tras el partido ante la Real en este tuit, en este enlace y en este mismo blog, fundamentalmente debido al excesivo espacio que suele quedar a espaldas de extremos e interiores, que provoca inferioridades numéricas por dentro en el centro del campo. De hecho el 4-4-2, más compacto, suele asociarse con los equipos que defienden mejor, como pueda ser el actual Valencia.

Pero ¿se traicionaría a sí mismo Setién si renunciase al 4-3-3? ¿Es igualmente importante ser fiel a un modelo de juego y a un esquema? ¿Por qué se asocia el 4-3-3 con un buen juego de posición? ¿Es imprescindible? Precisamente el autor de este blog acaba de publicar junto a Antonio Inés un largo estudio sobre este tema, resumido en estos tuits, y la conclusión es que en efecto el 4-3-3 –y ciertas variantes suyas– parece el mejor esquema para crear espacios en ataque, pero hay alternativas muy válidas (que veremos luego). Más aún: no hay razón alguna para no tomar lo mejor de uno y otro sistema y atacar con un 4-3-3 y luego defender posicionalmente en 4-4-2. Es de hecho lo que llevan haciendo años Barcelona y Real Madrid, antes liberando a sus figuras respectivas (Messi y Cristiano) de defender pese a partir del extremo, y hoy jugando un mediocampo en rombo (cuya punta es el falso delantero centro, Isco o Messi) que repliega en 4-4-2, en el caso del Barça con gran sacrificio de un punta.

Así pues Setién y Sarabia podrían plantearse o bien replegar su 4-3-3 en 4-4-2 al defender en posicional, o bien pasar directamente a un 4-4-2, como ya han hecho en algún tramo final de partido impelidos por la necesidad del marcador. En ambos casos dos de los tres goleadores natos béticos podrían aparecer por las alineaciones simultáneamente sin obligar a uno de ellos a los grandes trabajos defensivos del extremo de un 4-3-3, difícilmente cumplibles (lo confesaba León hace poco con el Betis-Valencia como ejemplo) si el rival logra cuotas decentes de posesión.

4-4-2 en ataque y defensa
Atacar en 4-4-2 tendría ciertas ventajas: una de ellas, el mal encaje de las defensas de cuatro, hoy mayoritarias en España, ante una pareja de delanteros, que puede lograr entretener a los cuatro defensas buscando los espacios intermedios entre centrales y laterales y dejar así a sus compañeros de mediocampo y defensa en amplia superioridad numérica.

Dos inconvenientes, salvables, tiene a cambio: la estructura cuadrada, con doble pivote, que espacia mal, da malas líneas de pase y tapona salidas en conducción, y jugar con un hombre menos por dentro (dos en lugar de tres), algo malo para un juego combinativo. El rombo en ataque salva ambas dificultades:



Los tres mediocampistas podrían intercambiar sus posiciones ofensivas por delante de García, al modo de Kroos, Modric e Isco en el Madrid. Inconvenientes: no hay sitio para extremos puros al estilo de Tello, y hay que ser cuidadosos al cerrar (por ejemplo, convendría que Guardado quedase en el doble pivote junto a García, aunque en ataque la punta del rombo parece mejor para Boudebouz).

Si se quiere seguir usando extremos (a costa de perder un hombre por dentro) una solución sería usar el 4-4-2 asimétrico que hemos descubierto (más bien lo ha hecho nuestro programa informático) en el artículo citado:

 

En ciertas situaciones Boudebouz podría quedar como segundo punta de esquemas de este tipo, aunque el 4-2-3-1 resultante no es particularmente de nuestro gusto, pues obliga a los extremos (¡a los dos!) a meter goles y a un trabajo desmesurado.

4-4-2 en defensa, 4-3-3 en ataque
Como decíamos más arriba, otra variante respetaría el 4-3-3 en ataque sin obligar a nuestra pareja de delanteros a grandes recorridos de retorno defensivo: sería un 4-3-3 en el que uno de los goleadores se acostara ligeramente a una banda y quedara arriba en defensa. Hace un año, cuando se polemizaba sobre cómo encajar a Castro en el sistema de Poyet, vimos alguna posibilidad (en blanco, posiciones ofensivas; en verde, las defensivas de los mismos jugadores):


Cambien algunos nombres y... voilà:


Joaquín sería ahí el falso extremo. Esta variante es similar a la que practicaba en temporadas anteriores el Madrid –con CR7 por la izquierda y Bale por la derecha– y el Barcelona de Messi y Neymar, como estudiamos aquí.

Otras variantes
Naturalmente son posibles otras muchas variantes para jugar con dos delanteros, y muchas de ellas podrían incluso retornar al 4-1-4-1 defensivo, tal vez útiles en partidos de gran posesión como el pasado ante el Levante, en el que el Betis atacó así:


En estos casos el delantero perjudicado (ahí fue León) tendrá que hacer pocas veces el sacrificio de perseguir al lateral rival.

En resumen, Setién tiene una buena razón para dar vueltas a la cabeza, pero, como han demostrado muchos entrenadores (y entre ellos el mismo Guardiola) nada obliga a jugar un 4-3-3 a los equipos que practican el fútbol de posición.

Los comentarios son siempre bienvenidos. En Twitter, @juanramonlara7.