Recién acabado el mercado de fichajes de verano, más crispado que nunca en redes sociales por los yonkies de los fichajes y los nuevos yonkies de los descartes (esa gente que celebra la baja de un jugador que no les gusta como gol en Champions), es buen momento de hacer balances de este y de la plantilla resultante.
Y ese balance es necesariamente contradictorio: el Betis ha conseguido juntar la que es probablemente mejor lista de jugones de su historia, con un puñado de peloteros de un nivel inhabitual en el club y en plenitud de facultades (Antony, Lo Celso, Ceballos...), ha retenido a sus dos jugadores más cotizados (Abde y Natan), y tiene una nómina amplia y con fondo de armario de calidad. Pero al tiempo su director deportivo, Manu Fajardo, ha montado una plantilla desequilibrada hiperpoblada de interiores y mediapuntas, no ha satisfecho la petición de su entrenador de un pivote posicional, no ha logrado dar la baja a los jugadores que sobraban (Losada, Fidalgo y Deossa, in that order), sigue viendo cómo sus apuestas arriesgadas de los últimos tiempos (Petit, el propio Deossa) fracasan dejando agujeros en las cuentas, vende prematuramente a canteranos como Pablo García y Gnangoro y, sobre todo, está conduciendo junto a Pellegrini a un ciclo de éxitos deportivos totalmente insostenible en lo económico, en una huida hacia adelante que probablemente termine pronto con un volantazo en el modelo y ambos fuera de la entidad.
La configuración resultante en lo posicional es aproximadamente esta...
... donde, atención, faltan –además de canteranos como Emmanuel N'Goran, Óscar Masqué o Marina– los Ruibal, Deossa, Fidalgo y Losada (sharemytactics no da para más): los dos primeros son usados por Pellegrini como comodines, incluso como delanteros centro, aunque curiosamente Deossa nunca en la posición que nos parece más natural para sus condiciones, la de extremo derecho. Fidalgo y Losada, fichajes recientes difíciles de explicar, supercargan posiciones entre el mediocentro ofensivo y la mediapunta.
Porque exactamente ese es el gran problema de esta plantilla: la sobrepoblación de un determinado tipo de futbolista, cuya etiqueta puede oscilar entre la de mediocentro ofensivo de un doble pivote (en un 442 o 4231), la de interior de un 433 o la de mediapunta de un 4231: los Ceballos, Fornals, Lo Celso, Isco, Deossa, Fidalgo y Losada, todos ellos con problemas de ocupación de campo para defender adecuadamente como segundo pivote junto a Roca o Facundo, y casi todos tendentes a pedir siempre la pelota al pie y monopolizar la jugada. A cambio, falta al menos un mediocentro de carácter más posicional y defensivo.
Inamovible la defensa de cuatro atrás de Pellegrini, como plan principal y duradero parece arriesgadísimo hasta lo imposible jugar un 4231 con dos pivotes defensivos como Roca y Facundo Bernal juntos: lesiones, bajas formas, rotaciones, cambios tácticos y cansancio de los jugadores durante los partidos no permitirán ponerlos a la vez en cancha más que esporádicamente. Pellegrini tiene tres alternativas:
- Reciclar a pivote defensivo a algún jugador, como ya ha hecho alguna vez con Valentín o N'Goran. Tal vez tenga que acudir a esto como recurso puntual o por lesiones inoportunas, pero no parece una idea en la que confiar.
- Adaptar a Fornals y Ceballos –incidentalmente a Isco o Lo Celso– al puesto de segundo mediocentro del habitual 4231 (442 en defensa). Es un plan ya usado muchas veces y sin duda válido, pero no muy del gusto de Pellegrini como único y obligado. Ni Fornals ni, menos, Ceballos, han demostrado hacer la raya demasiado bien en el centro. Con trabajo se podrá mejorar, pero ante rivales poderosos y que te priven de balón del nivel de Barcelona, Madrid, Bayern o Arsenal pueden provocar un terrible sufrimiento.
- Pasar a un 433, esto es, defender en 4141. Pellegrini ya lo hizo algunas veces tras la llegada de Fidalgo. No es más que una recolocación de las mismas piezas del plan anterior, pero deja un solo delantero descolgado en defensa posicional, de modo que el equipo se tapa mejor por dentro, con un pivote y dos interiores. Parece un buen plan dadas las características de la plantilla: sobran interiores, hay extremos rápidos y con recorrido, y el Cucho y Parrott saben buscarse el pan aun aislados arriba.
En todo caso el equipo resultante, con cuatro laterales con tendencia a subir mucho y un solo mediocentro-ancla, será en general muy ofensivo, destinado a sufrir sin posesión por más que Pellegrini trabaje bien la fase de defensa posicional, y de poco poderío aéreo. Lo más recomendable –y posible– parece tomar riesgos en la salida de balón y tratar de tener altas cuotas de posesión, bien atrayendo la presión alta –de los rivales que la intenten– para lanzar a los Abde y Antony al espacio; o bien encerrando a los rivales que planten un bloque bajo para hacer una presión postpérdida poderosa. Habrá que gestionar otros problemas, como la convivencia en el campo de los Isco, Ceballos y Lo Celso, acostumbrados a retener mucho el balón. En todo caso son detalles que un entrenador como Pellegrini debe saber gestionar para que una temporada tan ilusionante sea brillante.
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